Es el fin del e-book… ¿o de la cultura?

Alfonso Guido_ Perfil Casi literalDurante 2012 la industria de dispositivos para la lectura de libros electrónicos, o e-readers, sufrió una caída mayor al 50% en sus ventas, en comparación al año anterior. ¿Qué significado tiene este comportamiento para la industria editorial y la forma en que leemos? ¿Acaso el libro en papel, tal cual lo hemos conocido siempre, tendrá otra oportunidad en la posmodernidad?

A esto hay que añadir que pese a todos los presagios y todo lo que se ha dicho sobre la inevitable ―y acaso no muy lejana― muerte del papel impreso, las editoriales, sobre todo las de mayor renombre, aún no se han visto forzadas a suspender la impresión de libros debido a que continúan satisfaciendo una demanda constante. Sin embargo, la causa del desplome de popularidad que están sufriendo los e-readers, en realidad no tiene que ver con la preferencia entre un método u otro, entre preferir lo clásico o evolucionar a lo moderno; sino con un hecho realmente preocupante al que habría que prestar mayor atención debido a la amenaza que representa para la cultura.

Confieso, no sin cierta vergüenza, que apenas ayer supe que un lector de libros electrónicos, o e-reader, y una tableta, o tablet, no son la misma cosa. Sin embargo, sé que es muy probable que entre los lectores de estas líneas, habrá algunos que, al igual que yo, desconocerán qué los diferencia. Desde ya advierto que esto es clave para entender el verdadero problema:

Un libro electrónico, o e-reader, es un dispositivo generalmente compuesto por una pantalla de funcionamiento táctil, que permite realizar una modesta serie de tareas como navegar en Internet, entre otras, pero cuya función principal se dirige a la lectura de libros y documentos digitales, modernizando así este hábito, y de algún modo, simplificándolo, ya que un sólo dispositivo de estos podría almacenar cientos, o hasta miles de libros, relegando así en accesibilidad y eficiencia a los libros impresos.

Con una tablet, al igual que con un e-reader, también se pueden leer muchos libros y documentos, ya que las ventajas tecnológicas que ofrece para esta tarea son iguales o mucho mayores que las de este. La gran diferencia es que estas ventajas no se limitan a esta única tarea, ya que una tablet puede contar además con una inmensa cantidad de funciones adicionales que cumplen con las tareas más diversas y curiosas: desde almacenar un árbol genealógico, hasta disponer de un piano con sonido idéntico a uno real; o desde trasmitir en tiempo real un canal o emisora radial proveniente de cualquier parte del planeta; hasta contar con una traviesa mascota que aguza el oído para remedar la voz y el habla de los demás. Son, de hecho, tantas las funciones de ocio y entretenimiento que ofrece este frágil y delgado aparato, que sin duda alguna, la lectura de libros electrónicos no es su función primordial.

Esto nos hace ver (y aunque parezca irónico) que lo que hoy en día amenaza seriamente la preservación de la cultura literaria y la cultura en general, no es tanto la pronta extinción del papel impreso, sino la venida a pique de los e-readers a tan poco tiempo de haber visto la luz, todo a causa del reciente auge y popularidad de las tablets; pues aunque la imposición inevitable de un innovador medio de lectura no fuera del todo ideal para muchos ―sobre todo para quienes siempre nos aferramos a la idea de una forma más tradicional―, nadie podría negar que los e-readers, por lo menos, aún cumplían a cabalidad con el objetivo más importante: conducir el hábito de la lectura y la preservación de la cultura hacia una nueva era, y hacia nuevas gentes.

Al hablar sobre los retos que desde ya enfrenta la cultura ante la inevitable posmodernidad, no soy de los que suele opinar que los avances tecnológicos representan una amenaza para todas aquellas actividades dedicadas a preservar el sentido moral y humanista; claro, siempre y cuando preserven su intención original. Tristemente no es el caso de las tablets, que antes podrán funcionar para ahuyentar mosquitos o para ver con astucia lo que la vecina de enfrente tendrá puesto debajo del vestido, antes que para seguir leyendo a Cervantes, a Dostoievsky o a Kafka. La lectura se convertirá en una actividad extinta, pasando a la historia como también quedaron atrás los juglares; y el libro impreso, comprendiéndolo desde el punto de vista de Heidegger, pasará a ser una obra de arte, pero no por su cosidad o ser útil inicial, sino por su estado cósico, o en otras palabras, por haber sido despojado de la verdadera utilidad para la que fue creado.

Peor destino el de los e-readers, a los que nadie recordará.

¿Quién es Alfonso Guido?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anna (The American Beat) dice:

    La diferencia básica entre un e-reader y una tablet es la pantalla.

    Personalmente, creo que el problema de los e-books es el precio: suelen ser muy parecidos e incluso superiores al del libro físico, y eso no tiene ningún sentido. Si se ahora en proceso, distribución, materiales… los lectores no somos tontos, y las editoriales parece ser que no se dan cuenta.

  2. Esagui dice:

    “Pasar a la historia como lo hicieron los juglares…” realmente creo que no, los juglares no desaparecieron, mutaron, se transformaron en otros tipos de arte o medios de transmisión, el efecto es el mismo, contar una historia, lo podemos encontrar en Cine, Teatro, Literatura y otros medios más, las antiguas artes que realmente nos agradan simplemente se adaptan a la modernidad.
    Llegado a este punto puedo decir que los e-reader son la respuesta a los “libros físicos” en esta generación electrónica y de comunicación. Antes de las “tablet” en la linea de tiempo, a la aparición de estás comienzan a hacer lo mismo que los e-reader y aún más funciones, lo que las hace más atractivas al publico en general.

    Sin embargo aquí podemos entrar en debate, pues unos prefieren e-reades a tabletas al momento de la lectura y viceversa. Pero los que quieren más funciones y sacar más provecho a su dinero terminan decantándose por las tablet’s.

    Ahora bien, ¿ desaparecerán los libros? cuando me pregunto esto siempre viene a mi mente la situación de los LP’s, que siguen en el mercado, tienen sus fans y gente que los busca por doquier (por distintas razones), sin embargo compaginan perfectamente con los CD’s.
    Y es lo que creo que puede pasar con los libros. Dudo mucho que desaparezcan por completo, sin embargo como en la actualidad los medios electrónicos nos permitirán acceso a más lecturas, nuevas, viejas, actuales, de moda, etc, etc, etc. pero un verdadero amante de los libros generalmente corre a comprar un libro en físico cuando este le gusto en su forma digital, ¿porqué? no lo sabría explicar, quizás lo más sencillo amor, y poder tocarlo, sentirlo, gozarlo y olerlo, cosa que nunca podremos hacer con los digitales.

    Este tema tendrá grandes controversias e infinitos puntos de vista, sin embargo solo los “busca-conpiraciones”, “extremistas” o “paranoicos” podrán considerar la desaparición definitiva del libro en su forma física.

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