Sobre el genocidio en Guatemala

Gabriel García Guzmán_ Perfil Casi literalTodos (o al menos la mayoría) estamos familiarizados con el holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial; y, al igual que este holocausto, censurable bajo cualquier perspectiva, se encuentran otros de igual relevancia para la historia universal, y para la penosa memoria de los pueblos que los han padecido. Tal es el caso de Guatemala, Estado que, como resultado de treinta y seis años de guerra civil (1960-1996), lleva a cuestas numerosas violaciones de los derechos humanos.

Estos recuerdos de barbarie y deshumanización se encuentran fielmente documentados por el Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, C. E. H.; publicado por la Oficina de Servicios para Proyectos de las Naciones Unidas. En dicho informe, cuya muestra es de 42,275 víctimas, se presenta que el 85% de las violaciones de derechos humanos fueron perpetradas por el ejército de Guatemala, mientras que solamente un 3% se le atribuye a la guerrilla; el porcentaje restante se le adjudica otros actores: Patruyas de Autodefensa Civil, P.A.C.; Comisionados militares; Otras fuerzas de seguridad; Sin identificar; Otros grupos.

Es así como ya hacia el año de 1999 se conoce la desproporción de delitos entre ambos grupos beligerantes: el Ejército de Guatemala y la guerrilla, siendo veintiocho veces mayor las violaciones perpetradas por la institución castrense. Esta cantidad de barbarie asciende, así mismo, a un 83.33% de violaciones de derechos humanos en la población indígena, un 16.51% a la población ladina, y un 0.2% de otros grupos étnicos. Ello revela una persecución marcadamente xenófoba, con la intención a) de evitar la participación de la población indígena dentro del enfrentamiento bélico; b) ejecutar un programa metódico de limpieza étnica.

Es decir, el estudio concluye, en ambos casos, la consumación de genocidio por parte del Estado de Guatemala, como mayor violador de derechos humanos durante el Conflicto Armado Interno, orientado hacia el exterminio de grupos indígenas, a través del Ejército de Guatemala.

*

Lo anteriormente citado, ilustra objetiva y positivamente las proporciones del genocidio acontecido en Guatemala durante la guerra civil, que algunos (como la cúpula económico-empresarial, C.A.C.I.F.) pretenden olvidar a su conveniencia, aprovechando la coyuntura del juicio por genocidio del ex general José Efraín Ríos Montt. ¿Es acaso un mal de los guatemaltecos dejar que la memoria se arroje a todos los acantilados, y, peor aún, al acantilado filoso del olvido?

Atravesamos un momento histórico donde hasta las piedras parecen manar vulgar mentira y vulgar hipocresía, y ninguno alza el pensamiento más allá de su dolor o interés, en un momento de heroísmo y miseria, en este momento exacto lego mi modesta opinión para el entendimiento no sólo del por qué nos encontramos rezagados en materia de derechos humanos, sino en el resto de los aspectos materiales y espirituales de la cultura. Guatemala es de esas colonias que por encontrarse en subordinación directa de los imperios (primero España y luego Estados Unidos), entrega balas, muertes y zozobra a sus habitantes cuando ellos se alzan para tomar por sí mismos el bienestar que merecen por nacimiento.

Ahora, luego de varias décadas de silencio, comienza la persecución penal de los autores materiales e intelectuales de las últimas masacres; y en consonancia, el mismo aparato de control social (la Corte de Constitucionalidad) se ha negado por momentos a ejercer la justicia que tiene por obligación administrar.

Es detestable el ambiente de complicidad e impunidad que prevalece en este país. En Guatemala la pequeña burguesía, a imitación de la clase burguesa, se dispone a santificar los crímenes de sus padres, a calumniar la memoria de las víctimas, y a decretar un olvido obligatorio, intentando darle la apariencia de un proceso legal viciado, susceptible de impugnarse.

Por otra parte, la principal razón que condujo a este genocidio, la repartición injusta de la tierra, y la existencia de ingentes latifundios, sigue ahí. Así mismo, no se han cumplido los acuerdos de paz, y Guatemala pierde cada vez más su soberanía. En la segunda mitad del siglo veinte el tema central del debate cultural de la nación era la presencia de las bananeras estadounidenses (principalmente la United Fruit Company, U.F.C.O.). Y como resultado de este quehacer intelectual surgieron obras cumbres como El papa verde o Los ojos de los enterrados, ambas de Miguel Ángel Asturias. Por nuestra parte, ¿qué obras abordan el problema de las mineras? ¿En qué textos literarios se menciona como eje central la presencia de la Montana Exploradora, por ejemplo? Las generaciones literarias que tenemos como consecuencia del conflicto armado están castradas, son cobardes, pusilánimes y reaccionarias; hablo de: Folio 114 y la Generación x.

Esta es la razón más importante que impide un debate a fondo de los problemas estructurales del país: se han formado cuadros pseudointelectuales de derecha, incrustados en puestos clave para impedir la difusión de un discurso paralelo al oficial.

Mataron a y exiliaron a los sabios, y solamente quedaron los payasos, quienes coparon el medio editorial.

*

Antes de que este ensayo se vuelva una catarsis amarga, o una airada incitación al asesinato (cosa que ya maliciosamente se hizo contra Asturias), quiero hacer que la luz bañe el rostro de nuestros bellos genocidas, de nuestros bellos payasos-intelectuales; de nuestros bellos editores y editoras; de nuestros bellos periódicos capitalistas; de nuestro bello estado de derecha, digo, de derecho, el cual ha impedido buenamente que seamos un país comunista, como Cuba y Corea del Norte.

Bibliografía:

  •  Tomuschat, Christian et al.; Guatemala, memoria del silencio; Tomo II. Primera Edición. Litoprint, S. A. Ciudad de Guatemala, Guatemala. 1999. 528 páginas.

¿Quién es Gabriel García Guzmán?

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Qué bueno esto, y creo que un tema interesante para que los que hoy intentamos escribir, lo tomemos en cuenta. Si los escritores e historiadores de un país pierden la memoria, entonces el país está listo para suicidarse.

  2. Excelente artículo, mano, desenmascarando las cosas…

  3. Lydia castañeda dice:

    k

  4. Alí Jayyam dice:

    Agradezco las muestras de apoyo; ahora, más que nunca, la vida académica e intelectual debe interesarse por estos asuntos de primario interés para la nación. Espero en Dios que mi modesto aporte sea el inicio de un largo revisionismo de nuestra historia moderna; principalmente de parte de la literatura, que parece guardar un vergonzoso silencio.

  5. Algo más, hace unos días, en una red social, me trataron de amargado y resentido social por una opinión que di sobre este tema del genocidio y de la actitud de los clasemedieros a dejar las cosas al olvido. Claro, la tipa que me dijo eso se ofendió porque, después de decirme eso, le contesté que ella era la que debía salir de su sueño de Barbie y poner los pies en la realidad. Ella me recriminó que en vez de estar quejándome debería ponerme a trabajar y a producir por mi país (tan buena guatemalteca ella), por lo que yo le dije que estaba bien producir, siempre y cuando no dejara que el trabajo la volviera estúpida…. Entonces, me trató de machista y, bueno, ya se pueden imaginar. Esta anécdota es solo para ilustrar el grado de alienación que la clase media ha alcanzado.

    Por lo demás, la crítica a los escritores y a las editoriales, me parece certera, porque estos temas han quedado completamente a la deriva. No es porque personalmente piense que la literatura tenga que ser forzosamente comprometida, pero comparto la idea de que algo tan obvio como esta nuestra realidad nacional, no puede tampoco pasar por alto.

  6. Alí Jayyam dice:

    Te diré, los que tienen asuntos pendientes con la ley buscan cualquier argumento a su favor (así sean argumentos tontos). Lo que asombra de Guatemala es la impunidad, que, a la larga, es el peor acto de violencia: no castigar los crímenes del estado. El Estado de Guatemala viola, desde 1954, los derechos humanos de todas y todos los guatemaltecos. Ya sea directamente, o negándonos el derecho a la justicia social.

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