Joven Próspero contemporáneo

Sergio Castañeda_ Perfil Casi literalAhí va, caminando con aires de grandeza, su nombre es Joven Próspero. Siempre con ropa de marca, tan bien rasurado y a la moda, sin separar la vista de su flamante y moderno localizador; probablemente es un I pone o un Galaxy, quizá los do. Se las da de todo un Don Juan con las mujeres, pero su gran confianza con el sexo femenino la adquirió solo tras obtener aquella obsesión material, es decir, su carro europeo. Que paga poco a poco en muchas cuotas, que es muy gastón, ver la aguja del tanque le es un suplicio, le es una agonía. Pero retornemos a su fase de macho alfa; a él le interesan, le encantan, le gustan, le excitan las mujeres. pero ojo. las mujeres calladitas, a las que pueda exhibir frente a sus compadres, que se pinten mucho y que opinen poco y, por supuesto, que sean sumisas, agrandando ese machismo ancestral tan arraigado en su ser. “Damas en la calle y leonas en la cama”, así le gustan y así tiene que tener una.

Su sueldo de la transnacional donde labora es muy bueno y le alcanza, pero muchas veces es explotado; el jefe lo trata mal pero por lo menos no lo escupe. A su hora de almuerzo come basura de esos restaurantes con nombres gringos, de cuadros gringos en las paredes, de televisores con programas gringos, de precios gringos y de salarios guatemaltecos para los empleados. Joven Próspero es un experto en comprar y aparentar status. Los días viernes y sábados se va de parranda o de “pary” (como dirían también sus amigos), solo a lugares de moda para estar siempre in y nunca sentirse out. Hace algunos meses parrandeaba en los lugares de moda del Centro histórico a pesar de que siempre habló peyorativamente de la zona 1, siempre ignoró la historia inmersa en esa parte de la ciudad capital, pero la tendencia lo obligó a ir allí. La tendencia y ese mundo superficial al que le encanta asistir manda por sobre sus ideas. Pero poco a poco se va sintiendo más aliviado, pues ese mundo plástico está mudándose rápidamente a un tal Paseo Cayalá (qué bien, por cierto) donde todo es tan diferente a la mayoría del suelo guatemalteco, pero así quiere ser; indiferente con la realidad y asistir a casas en el aire.

Joven Próspero y sus ídolos, esos magnates, conservadores bien trajeados, de Rolex y Versacce, pero no los admira por sus capacidades, por su honorabilidad, por su talento, ni por su lealtad o bondad. Él ve todas esas cualidades como cosas románticas y sin importancia, más bien los admira por sus naves europeas, su mansión con piscina y sus cuentas bancarias en Suiza y Francia sin importarle el aspecto humano de los semejantes y sin un pito de idea de cómo consiguieron su opulenta plata. Para no perder la costumbre, le da igual la historia de su país, sus problemáticas estructurales y su gente, entonces le encanta calificar de shumos, mucos,choleros o indios resentidos a los que ve diferentes, a los que no ve aparentar tanta prosperidad como él.

El Joven Próspero quiere ser tan próspero que sueña con vivir en algún barrio privado, de esos donde todas las casitas son iguales, donde ningún vecino se conoce ni se habla, donde sobran las viejas del botox, las jóvenes de la anorexia y los muchachitos prepi-malcriados, donde no hay que conducir a más de 20km por hora, donde los adolescentes con la prepotencia heredada, al salir de su lindo barrio, ven el mundo real como algo extraño, sucio, feo y peligroso, y además ven de menos a los otros adolescentes, ―a los shumos, a los mucos―, pues son educados para ver despectiva y excluyentemente la realidad. Al Joven Próspero le viene dando igual muchas de las cosas que suceden en este mundo chueco y al revés, pero es un total erudito en el tema de motores y autos lujosos, de moda norteamericana y de reality shows.

Jhon Robert “prousperou” escribe y articula palabras en inglés cuando la situación amerita verse idiomáticamente “cool” aunque su castellano deje mucho que desear. Su tarjeta de crédito tan próspera ya no aguanta más tanto restaurante elegante, tantas tiendas de centros comerciales y tantos cafés Saúl. El plástico (valga la redundancia) simplemente ya no da más.

Joven Próspero Pérez, según sus diversas peroratas, es un ladino (no mestizo) con tremenda ascendencia europea, de italianos o españoles describe a sus tátara-antepasados, realmente mestizos. Siempre escuchando música sofisticada aunque, como muchas cosas en él, no le guste, no le agrade, lo le satisfaga; pero él jamás escucharía música que cualquier muco escucharía. Entonces la música como invención artística o de espíritu festivo humano pasa a un segundo plano, desplazada por una menuda y trivial moda. Joven Próspero es un tremendo filisteo, pero no perderá el tiempo cultivándose o sensibilizándose con ningún tipo de arte o lectura, con ningún ensayo de Sartre, con ningún texto de Borges. El tiempo, según él, es únicamente para hacer pisto (“Time is money”). Los Rojos y los Cremas para él son una shumada, pues, en todo caso, Visca Barça o Hala Madrid, solo para sentirse aceptado frente a los demás, porque quizá ni le guste el deporte. A Don Próspero lo enajenó y alienó tanto este tiempo y el neo liberalismo que cambió su libertad de autenticidad por un enajenante estereotipo de nuestro tiempo.

Que quede muy claro, querido lector, que no tengo nada en contra del Joven Próspero y los Jóvenes Prósperos y sus “prosperidades” en las diversas partes de este no próspero país. Solo expongo algunas características de la famosa pero errónea prosperidad que nos venden los diversos medios de comunicación y nuestro tiempo, y que algunos consumen dando como resultado una cultura suave, indiferente, inconsciente de la realidad, doble moralista y sin pensamiento crítico. Si así es feliz alguien, muy bien por él (aunque dudo que pueda ser libre, pues tal y como yo la entiendo, la libertad solo puede darse en un crecimiento a través de una conciencia crítica), pero yo a veces me compadezco de estos que en busca de la aceptación, del status y de la apariencia de lucir más de lo que en realidad tienen, tiran a la basura su identidad, su autenticidad, su libertad e incluso muchos sueños; además de ese preciado pero infravalorado derecho de ser uno mismo. Si eres de esos que describo en este texto, de los que renuncian a sí mismo por aparentar, por ser un VIP, una gente “bonita” y/o un Joven Próspero contemporáneo, solo espero que cuando salgas de tu burbuja hacia la realidad, que cuando caigas de tu nube, logres amortiguar un poco el tremendo golpazo que seguramente te llevarás.

¿Quién es Sergio Castañeda?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Este personaje es un fiel representante de la cultura globalizada o de la mala copia de la cultura globalizada hecha en Guatemala, donde todo se copia y mal copiado. Por cierto, una tipa me trataba hoy en el facebook de amargado y resentido social, precisamente porque ha visto muchas publicaciones mías en las que asumo una actitud crítica. Y cuando le hice ver que prefería ser un resentido social que alguien que vive fuera de la realidad y que se deja volver estúpido por el trabajo, me comenzó a maltratar, diciendo que la había insultado, diciendo que era un machista que me atrevía a decir que una mujer era estúpida. Parece que le di donde más le dolió, aunque no era mi intención, pero claro, ese es el mejor ejemplo del personaje que se enajena de la realidad: el que piensa que en vez de criticar, hay que trabajar y quedar bien con el patrón, y producir para ascender de estatus (claro, esto último no lo reconoció abiertamente), y que le deja todo a manos de Dios. Típico de nuestra gente clasemediera que no puede ver más allá de su dedo meñique.

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