El mundillo del arte burgués

Sergio Castañeda_ Perfil Casi literalVaya mundillo pomposo, refinado e ilustrado para él que la entrada no es para cualquiera, pues existe una latente desconfianza egoísta entre los individuos, los grupos y las clases. Cuanta incongruencia (con las obvias excepciones) podemos encontrar hoy en día en la llamada arte contemporánea guatemalteca. Mientras los chicos se postran sonrientes y nerviosos esperando a que los diversos críticos, curadores y editores los escuchen y los acepten aunque, en ocasiones, se dejen coaccionar creativamente por aquellos, por los artistas ya reconocidos. Y entonces el artista en proceso, conforme ha logrado avanzar en la evolución de la creación artística, muchas veces cede, por la tergiversación de muchos círculos de la cultura burguesa, a confundir y priorizar en la búsqueda del reconocimiento y del lucro, dejando a un lado el enriquecedor aprendizaje y cultivación que se vive durante la investigación y el proceso creativo; ignorando al mismo tiempo que ese reconocimiento que tanto añora probablemente vendría a consecuencia de la pasión y entrega de su debido trabajo, pero sabiendo, con un debido discernimiento y profundización, que no es ese el objetivo que se busca en la creación artística.

Este tipo de circunstancias conllevan a tergiversaciones sobre el fin del arte y, por consiguiente, suelen desembocar infantiles ínfulas que surgen en gran medida por influencias de un contexto pragmático que prioriza en producir de la forma que sea, en la reputación basada en valores conservadores y en los títulos. Entonces, incluso en el medio artístico hay quienes osan ante todo (incluso por encima de su proceso creativo) en ser reconocidos como grandes escritores, críticos literarios, poetas, pintores, cantantes, escultores, fotógrafos, curadores de arte y hasta diseñadores de renombre. Y estos casos, tal y como yo los entiendo, al querer adueñarse de estos títulos denotan simplemente la snob búsqueda de reconocimiento y aceptación dentro de esos círculos herméticos.

Si, querido lector; te será más sencillo actuar pueril y lambisconamente si quieres intentar ingresar algún día a ese selecto, fino, distinguido e ilustre club, donde disfrutan de los distintos cocteles, donde asisten a los conciertos sinfónicos de elevados precios patrocinados por instituciones privadas (muchas veces, únicamente para ser vistos), donde gritan con algarabía y frenesí a los cuatro celosos vientos que son hijos de Monet y Van Gogh o de Andy Warhol o de algún diseñador de modas; donde el vino es una pieza infaltable para los artistas y todo ente sofisticado asiste con sus distintas túnicas de identidad post moderna y sofisticada.

Exhibiciones de creaciones menudamente sofisticadas, elitistas y sin ninguna vinculación social, pues son realizadas por privilegiados hedonistas; dignas de esta época de crisis cultural, espiritual y artística. Entonces se comportan tan engreídos, tan geniales alardeando en sus demagógicas homilías. Y juegan a ser grandes artistas embriagándose y dopándose porque así han escuchado que lo hacían Poe, Mozart, Bukowski, Dalí, etc. Así se pavonea ese cerrado círculo de los catadores devotos de las artes expuestas en clubes ostentosos, esos que menosprecian al arte más vernácula de su tierra, mientras narcóticamente no logran discernir entre la expresión artística y el entretenimiento de masas.

Bendito, bello y excéntrico círculo artístico; son nada más y nada menos que los privilegiados artistas de este país olvidado por Dios y por el mundo, olvidado por las musas y sumergido en balas. Donde las elites dominan el arte para controlar el discurso, pues así ha sido y debe ser, por los siglos de los siglos… entonces existen círculos de bufones con muchas ínfulas, con muchos plagios a diversas creaciones extranjeras. Y es que lamentablemente también son víctimas de ese bombardeo que ha adormecido y alienado a buena parte de estas actuales generaciones, gracias a esa suave cultura que alimenta a muchos a través de los diversos medios de comunicación.

Antes de más galerías y moda en Guatemala (del país que exilia, persigue y asesina a geniales escritores, ideólogos e intelectuales), ¿no deberíamos buscar (quizá peque de romántico) que el discurso artístico no fuese manejado tan cínicamente por las elites?, ¿qué se le extendiera una mano inclusiva al interior del país, a la solidaridad generacional y a la exigencia en la creación por sobre las lujosas exhibiciones? Esas en las que nos atoran de vino y queso fino, por eso de que las obras no sean suficientes.

En este país del eterno despotismo, creo que difícilmente dejarán de modelar soberbiamente, de gozar de sus vastos cocteles sociales, de creer que el arte nace en las galerías pomposas cuando realmente puede nacer en  cualquier esquina de cualquier barrio olvidado y en el clamor de su gente. Pero los oídos sordos abundan y es lamentable que acá sea tan común el autoritarismo y la exclusión en los diversos ámbitos de actividades humanas. ¿No debería estar a la mano de cualquiera toda actividad que cultive y desarrolle la creatividad del ser humano? ¿Algún día se entenderá que hay que priorizar en el arte por sobre la búsqueda de ser un “artista reconocido”? No lo sé, pero considero que sería un gran paso para dejar de ser tan risibles para los dioses, esto sería la premisa para dejar de distorsionar y plagiar al arte.

¿Quién es Sergio Castañeda?

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