¡Ánimo, patriotas!

Sergio Castañeda_ Perfil Casi literal“Amo mucho a mi país como para ser nacionalista”. Albert Camus

Se me eriza la piel mientras escucho aquel estruendo guerrero de los redoblantes, lo grandes bombos, los tambores, los tamborines y las peculiares liras… Ya soplan los niños las cornetas emitiendo las fanfarrias mientras llevan el paso como soldaditos; “izquierda, izquierda, izquierda derecha izquierda”. Gran diversidad de trajes de gala en las calles mientras el quepis debe ser portado con gallardía, claro que sí… Han comenzado desde los tempranos días del mes las conmemoraciones, las celebraciones, los desfiles por el aniversario de una patria independiente. 

Es septiembre, damas y caballeros; y las bandas de guerra de las instituciones educativas salen a las calles a demostrarnos mesuradamente que el fascismo está vivo; tan vivo y tan enamorado de Guatemala. Los acordes del himno nacional suenan por acá y por allá, sí; aquella  exquisitez musical y esa utópica retórica que sabe tan criolla y que es de tan buen gusto para los actos cívicos, que es lo importante. La inmensa estructura barroca en el Centro de la ciudad se viste de gala, luce soberbia y pedagógica; instruyéndonos acerca de lo que es capaz de construir el trabajo forzado y las dictaduras, esas que levantan monumentos y mitos que absuelven, junto a la historia, a los tiranos. Logrando, incluso, que les sean creadas diversas apologías post-mortem, por parte de los mayores.

Vaya si no, el patriotismo y la identidad la sabemos manejar de forma prolija, con vasta conciencia, con bella ciudadanía, con desfiles y juras a la bandera. Tan orgullosos, tan nacionalistas, tan arjonianos… Los burgueses se enorgullecen de su finca pasando el 15 de septiembre fuera de ella, los fariseos del poder intentan cantar con la mano en el pecho, los ladinos-mestizos de la ciudad se emborrachan, se van de fiesta o van al cine celebrando a ese país que conocen tan bien, que les importa tanto. Las cortesanas de las esquinas proclaman su civismo laborando y vendiendo su cuerpo, agradeciendo las estructuras del patriarcado; los pueblos originarios en resistencia olvidan las masacres, la pobreza, la violencia legitimada y el esclavismo, pues es fecha de fiesta patria.

El anacronismo, siempre bien recibido por acá, acaricia y hace el amor con esta patria chica; es tan fuerte, tan duradero, tan arraigado, tan feudal… Viva la patria, el escudo de armas, el pabellón, los próceres, la monja blanca, el quetzal, Guatemala y su nombre inmortal…

Conmemoremos pues, guatemaltecos, a nuestros padres que firmaron un día a la finca de los criollos, al actual gobierno castrense, a la perenne intromisión de Tío Sam, a la clase media alienada e indiferente, a los intelectuales apolíticos, a los escritores exiliados o asesinados, al interior del país y su extrema pobreza, a la doble moral del conservadurismo; feliz mes patrio, ¡patriotas!

¿Quién es Sergio Castañeda?

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