Los compañeros, de Marco Antonio Flores, y la reacción en Guatemala

Gabriel García Guzmán_ Perfil Casi literal

Los compañeros (1976) es una novela del narcisismo pequeñoburgués de la Guatemala urbana. Trata sobre las traiciones, peripecias e infamias del héroe, quien, al igual que el autor, es apodado “el bolo”. Recuerdo haber leído esta obra fervientemente en una sola noche, con una vehemencia adolescente, para terminar decepcionado con la narración por la falta de compromiso del héroe, quien deserta del movimiento por su ideología neocolonial, racista, misógina y oportunista.

(…) tal vez para entonces ya tengamos una zona liberada y yo pueda descansar en el monte echándote a pierna suelta sin hacer ni droga nunca, instructor de marxismo de los indios pisados de la zona liberada, levantándome a la hora que me dé la gana y hartándome lo que me dé la gana y pisándome alguna caituda buenota de por ahí.

 (Flores, 2006: 41).

Esta es la novela representativa de la juventud alienada y derechista (clasemediera) que se involucró en la militancia clandestina por un sentido de interés personal; esta juventud aspiraba adquirir el poder político-económico sin cambiar las estructuras y superestructuras injustas de la sociedad. Los compañeros devela la ideología parasitaria del pequeñoburgués de ciudad, quien desea reproducir el sistema para su beneficio individual. Es decir, eta novela exalta valores contrarrevolucionarios propios de la pequeña burguesía, alejándose del comunismo y del socialismo. Flores retrata la falta de interés del pequeñoburgués por construir una sociedad proletaria, más bien interesado en utilizar la revolución para sus fines egoístas. Los compañeros expresa la visión populista de las capas medias, quienes utilizan los procesos revolucionarios para su propio beneficio. Dicho fenómeno social lo definen Rosental y Loudin, en su Diccionario filosófico abreviado (1961).

La ideología populista extrae sus orígenes de las condiciones de la vida material de la sociedad, de la preponderancia numérica de la clase de los pequeños productores en la Rusia capitalista posterior a la reforma. (…) Los populistas afirmaban que la historia la hacen los jefes, las grandes personalidades, los héroes a los que sigue ciegamente la masa, la multitud, el pueblo. (…) No comprendían el papel histórico del proletariado, veían en éste una desgracia histórica. Ahora bien, el proletariado es justamente la única clase capaz de abolir el capitalismo y de crear la sociedad socialista. (…) Lenin mostró que la crítica del capitalismo ruso hecha por los populistas era ilusoria y reaccionaria, pues ellos mismos se mantenían en las posiciones del capitalismo, pero de un capitalismo menos evolucionado, limitado por todos lados por las supervivencias feudales.

(Rosental y Loudin, 1961: 413-414).

Queda así ilustrada la ideología de Flores, y de su  héroe, quien muestra la actitud conformista y complaciente de la clase media guatemalteca respecto al capitalismo, el cual nunca ha deseado cambiar, sino mantener en un régimen con rudimentos coloniales, tales como el racismo y la explotación productiva del indígena. Así mismo, en el Bolo puede observarse que la sexualidad es considerada una forma de servidumbre, semejante al derecho de pernada mantenido por el señor feudal con sus vasallos.

Como consecuencia, en la novela está presente una seudocrítica; que no es más que una crítica reaccionaria y anticomunista, con el propósito de intentar desprestigiar el movimiento que impedía consumar los propósitos populistas de la pequeña burguesía. Tal género de crítica es de naturaleza destructiva y no aporta nada a ningún movimiento social, así lo señalan Rosental y Loudin.

Cuando se subraya el papel enorme de la crítica y la autocrítica, es necesario considerar que únicamente la crítica capaz de multiplicar las fuerzas de la sociedad –y no cualquier crítica- constituye la fuerza motriz del progreso. Es preciso establecer una distinción rigurosa entre la seudocrítica proveniente de elementos hostiles y que se proponen imponer concepciones anticomunistas, extrañas, y la crítica auténtica cuya finalidad es la de reforzar la causa del comunismo.

(Rosental y Loudin, 1961: 97).

Es así como Los compañeros es la voz del pequeñobuergués reaccionario, hostil a la construcción de una sociedad proletaria. Esta novela está muy lejos de representar a la causa revolucionaria y es comparable, en su contenido antipopular, a Los demonios salvajes (1978), de Mario Roberto Morales.  Ambas novelas son como un aullido desgarrador, donde la pequeña burguesía se desahoga de sus frustraciones populistas, dejando en evidencia su miseria ética y su desprecio personal respecto a la emancipación del pueblo.

Es así como Los compañeros está lejos de reforzar el pensamiento revolucionario de Guatemala, más bien lo ataca descarnadamente, mostrando una interesante incongruencia ideológica y de identidad del héroe.  En este sentido, la novela expresa una abundancia de seudocrítica, lo cual se ve ejemplificado a continuación:

Aquí todos quieren propina. Están bien jodidos. El indio camote del aeropuerto me quería cargar el maletín a puro tubo, como si estuviera manco. Le eché una mirujiada que lo dejé frío. /No gracias, todavía aguanto/ Se me quedó viendo como atarantado./ Órale, no hay que ser, ni que le fuera a cobrar/ Se quedó mascullando a saber qué babosadas. / Antes de Bolívar o después / ¿Qué pasó antes de Bolívar? Toda esta indiada jetona bien jodida y después de Bolívar también.

 (Flores, 2006: 91).

En este caso la crítica que hace Flores es a Simón Bolívar, sugiriendo que su lucha independentista fue estéril, y a su vez, olvidándose del resultado emancipador para América Latina; de esta manera niega toda posibilidad a los procesos antiimperialistas, mostrándose reaccionario y favorable a la cruzada anticomunista estadounidense (de índole imperialista).

Flores, como en muchas otras ocasiones, hace aquí una seudocrítica pequeñoburguesa que encierra una crítica contrarrevolucionaria. En este sentido, Flores muestra su adhesión de clase, preocupándose por sus intereses ideológicos egoístas sobre sus responsabilidades sociales. Es decir, se muestra como un traidor (y quizá infiltrado) dentro del movimiento al cual perteneció. Y, sobre ello, muestra su ideología populista y reaccionaria, su desprecio a la diversidad étnica, su desprecio a las clases bajas, su odio al pueblo.

*

El revisionismo de Los compañeros, dado su eminente carácter autobiográfico, nos revela rasgos del autor que, aunque humanos, no son incuestionables ni tienen por qué serlo. Son matices de una personalidad y de una psicología que están entrañablemente unidos a su producción narrativa, y en consecuencia, son susceptibles de analizarse junto con ella. Los compañeros y su autor son consustanciales, por lo tanto han estudiarse juntos.

Particularmente, tuve la oportunidad de asistir a uno de sus talleres en el Paraninfo Universitario, hace ya unos cuatro o cinco años. Aún no había leído Los compañeros, ni me había ocupado en comprender la política. Recuerdo que Flores era de aquellos hombres analíticos y silenciosos, con una riqueza intelectual mal disimulada en la modestia que, lejos de atenuarla parecía incrementarse conforme la iba negando. Recuerdo que detestaba le dijeran maestro,  y prefería que lo trataran de vos, con franqueza. Recuerdo también que él me presentó a grandes poetas como César Vallejo, y poemas casi proféticos como Piedra negra sobre una piedra blanca. Él fue el primero en hacerme reparar en el valor sobrenatural del surrealismo, de anunciar esos momentos futuros, de un día del cuál tengo ya el recuerdo.

Para Flores, la poesía era una especie de profecía, de anticipación en el tiempo, de tener recuerdos sobre lo que pasará. Así mismo, para él la literatura era un proceso exclusivamente psicológico y subconsciente, lo llamaba empalabramiento. El escritor tan solo es un empalabrador de pensamientos, de sentimientos, de ideas, del mundo interior que ya existía en él (para Flores el mundo entero ya estaba adentro de cada hombre). Es decir, mi convivencia con Flores me demostró su ideología idealista, y su inclinación pseudocientífica hacia la metafísica de las ciencias; en suma, su total desapego al materialismo, a la búsqueda de verdades tangibles, de conocimientos plenamente científicos.

De esta manera, se devela el planteamiento ideático de Los compañeros: en un sentido ideológico, celebra una postura reaccionaria, populista e idealista; en la militancia, promueve la traición; desde una perspectiva de clase, exalta los antivalores y la falta de moral propios de la pequeña burguesía; desde una perspectiva económico-política, muestra el conformismo pequeñoburgués respecto al capitalismo con rasgos medioevales. Como puede colegirse, es una novela destinada a atacar el socialismo y el comunismo, al igual que Los demonios salvajes; ambos textos fueron creados desde la perspectiva contrarrevolucionaria. Esta clase de literatura representa el legado infame de la pequeña burguesía, de esa clase caudillista y antisocial que pretende favorecerse traicionando las conquistas históricas del proletariado.

Fuentes consultadas

  • Flores, Marco Antonio. (2006) Los compañeros. Primera Edición. F&G Ediciones, S. A. Ciudad de Guatemala. 301 páginas.
  • Morales, Mario Roberto. (1993). Los demonios salvajes. Editorial Óscar de León Palacios. Ciudad de Guatemala. 202 páginas.
  • Rosental y Loudin. (1961) Diccionario filosófico abreviado. Tercera Edición. Ediciones Pueblos Unidos. Uruguay. 535 páginas.

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