La transgresión y Los cantos de Maldoror

Sergio Castañeda_ Perfil Casi literal“No es bueno que todo el mundo lea las páginas que siguen; sólo algunos saborearán sin peligro ese fruto amargo”

Conde de Lautréamont

A pesar que a muchos eruditos de la literatura poco o nada les agraden obras como de la que les hablo en esta ocasión, nunca está de más agradecer a esa transgresión tan presente en diferentes épocas y a esos referentes cuya infracción es pieza fundamental para su respectiva creatividad sin importarles regirse y alejarse de preceptos estéticos, y que posiblemente los habrían hecho encasillar fácilmente en los círculos artísticos y editoriales de sus respectivas épocas.

La transgresión creativa ha sido pilar fundamental en la historia del arte; cuántos ejemplos se pueden mencionar entre pintores, escultores, escritores, músicos, etcétera. Y es justamente sobre uno de esos textos creados por sensibilidades desobedientes y potentemente creadoras, del que procedo a comentar brevemente: ¿el escritor? El enigmático Isidore Ducasse, conocido como el Conde de Lautréamont; ¿el libro? Los cantos de Maldoror.

Los cantos de Maldoror es una obra atípica, diferente, sorprendente, cruda, surrealista, pelada y misántropa estructurada en seis cantos poéticos y publicada en 1869. Maldoror es un ser sobrehumano en constante lucha contra el creador y que menosprecia a la especie humana por su egoísmo y banalidad, entre otras cosas.

En el mundo creado por Lautréamont, los objetos y los animales hablan y la ironía constantemente se hace presente. Si bien Lautréamont, considerado uno de los poetas malditos, crea imágenes de bizarra violencia y desdicha, lo hace de un modo elevado alcanzado una gran estética y un especial ritmo formando en el lector, una especie de sube y baja de sensibilidades sensoriales.

Existe una especie de coraje literario para leer ciertas obras; Los cantos de Maldoror necesita de una buena dosis de ese coraje y es el mismo autor quien lo advierte en las primeras páginas, esas oscuras páginas que pondrán a prueba esa temeridad literaria necesaria para leer el resto. Las imágenes que la obra nos va presentando poco a poco confirman la advertencia del autor, imágenes como la de un sudario hecho con las sábanas sin lavar de un hospital o un ómnibus lleno de cadáveres, entre otras.

Los cantos de Maldoror se alejan de cualquier estereotipo poético que se crea establecido. Es el grito desgarrador de un espíritu joven que mira al tú por tú al creador. No sería de locos decir que esta obra maestra escrita por un joven de veintidós años forma una paradoja entre sus crudas páginas, palabras de un ser que era capaz de acumular tanta sensibilidad en el pecho y sentir tanto la vida, que no pudo más que escribir un desahogo en contra de ella y los hombres.

¿Quién es Sergio Castañeda?

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