Max Ernst: olvido y distancia (II)

Juracán_Perfil Casi literal

Debido al éxito obtenido con la primera exposición surrealista. Max Ernst hizo alianza con el corredor de arte Jacqes Viot, gracias a quien consigue tener por primera vez en su vida un estudio propio, a los 34 años. Sin embargo, el corredor hace mérito de su profesión como “corredor” y termina corriendo rumbo a Oceanía, situación que deja a Max Ernst de nuevo en la pobreza. Esto lo obliga a trasladarse a Pornic, en donde, meditando frente a un parquet gastado, intuye la técnica del frotage.

Sobre los eventos que lo condujeron a desarrollar técnicas como el collage, gratage y frotage, en su libro La Revolución Surrealista, de 1927, Ernst recuerda lo siguiente: “Veo ante mí un tablero de falsa caoba y provoca asociaciones de formas orgánicas: ojo amenazador, larga nariz, gran cabeza de pájaro con cabellera negra, etcétera. Ante el tablero, un hombre negro y reluciente hace gestos obscenos, lleva los bigotes retorcidos de mi padre. Traza con un gran lapicero de materia blanda líneas en el tablero de falsa caoba, acentúa la semejanza con animales feroces o viscoso, saca animales que me producen horror y angustia. Luego el lápiz es un látigo, el extraño pintor es mi padre”. Ese año había vuelto a contraer matrimonio, esta vez con Marie Berthe Aurenche.

Arthur Rimbaud, en su Temporada en el infierno define el collage como la alucinación simple, la colocación bajo el whisky marino, algo parecido a la alquimia de la imagen visual. “El milagro de la trasnfiguración total de los seres y objetos con o sin modificación de su aspecto anatómico”. Robert Desnos reconoce a Ernst como el padre del collage surrealista, pues había ya teorizado sobre el fenómeno mucho antes que Dalí y le daba el calificativo de “método paranoico crítico”. ¿Por qué entonces la historia del arte continúa refiriéndose a Marcel Duchamp y Salvador Dalí como inventores de las técnicas de Max Ernst?

Las causas de este olvido son múltiples, pero empecemos por recordar que a Ernst le faltaron los contactos sociales de Duchamp o la fortuna que nunca dejó de ostentar Dalí; a esto podríamos agregar, además, que era alemán y que eso implicaba tener que ser parte de la exclusión que vivieron los alemanes tras la Segunda Guerra Mundial. Otro factor determinante fue la cacería de brujas que André Bretón emprendió en su contra, llegando al punto de escribir cartas a cada uno de los surrealistas, persuadiéndolos para que lo expulsaran.

En 1923, Ernst participó como decorador en la escenografía del Ballet Diaghilev, hecho que provocó recelos y tensiones en el grupo surrealista, que oficialmente rechazaba cualquier participación en manifestaciones de arte clásico, menos aún con la oficialidad rusa. Por otro lado,  Marcel Duchamp se había marchado a Estados Unidos y habían formado junto a Peggy Guggenheim una Sociedad Anónima para comprar y vender obras de arte. Su célebre Recién casada puesta al desnudo por sus solteros se había quedado a medio terminar. André Breton vio esto como una manifestación de misticismo estético y cobardía por parte Duchamp, y acto seguido se encargó de fiscalizar a todos los miembros del surrealismo para evitar las divergencias. Es de hacer notar que la técnica usada por Duchamp en su célebre cuadro había sido ya desarrollada por Ernst desde 1919, y la cual consistía en ensamblar piezas mecánicas. Su cuadro Gran rueda ortometrica que hace el amor a la medida había sido ya expuesta por primera vez en 1920, mientras que el vidrio de Duchamp fue terminado hasta 1937.

Pese a sus divergencias con los surrealistas, Max Ernst continuó trabajando con ellos y en 1928 publican la novela La mujer de las 100 cabezas, que incluía textos de Paul Éluard, André Bretón, Dorothea Tanning e ilustraciones del propio Ernst. Mientras tanto, son épocas sombrías en Alemania: el nacionalsocialismo continúa expandiéndose, su obra es proscrita y el autor termina en la “lista negra” del nazismo.

En 1938 muere la periodista Louise Strauss, su primera esposa, en un campo de concentración nazi; mientras que André Breton dirige otra campaña difamadora, esta vez contra Paul Éluard, enviando cartas pidiendo que lo expulsaran por no adherirse al trotskismo. Ese mismo año, Ernst rompe relación los surrealistas.

Sobre la actitud y personalidad de Breton se puede mencionar un episodio contado por Éluard en una entrevista, cuando recién lo conocía:

Éluard (a Breton): —¿Pero tiene usted amigos?

Breton:  —No, amigo mío.

Transcurrían los años de la ocupación nazi en Francia y a Ernst también lo perseguían. Fue capturado y enviado al campo de concentración de Les Milles, del cual fue trasladado hacia otros campos en repetidas ocasiones hasta que consiguió escapar en 1941. Mientras tanto, en 1936, Oscar Domínguez, Tanguy, André y Jaqueline Breton publicaban en la prestigiosa revista Minotaure pinturas basadas en el frotage de Max Ernst, y Salvador Dalí se autoproclamaba como inventor del método “paranoico crítico”.

¿Quién es Juracán?

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