Tres “razones” para leer la trilogía de E. L. James, 50 sombras de Grey

Rubí_ Perfil Casi literal

Cuando pienso en literatura erótica me sacude una descarga eléctrica que eriza los poros de mi espalda. Me descubro con la mirada perdida y un tamborileo nervioso de dedos al recordar alguna de esas novelas que han sembrado en mí la necesidad de explorar a fondo ese peculiar y deleitable subgénero. A lo largo de los años me he llevado sorpresas de sorpresas, algunas buenas y otras no tan buenas. Recuerdo la época en la que leí por primera vez una novela erótica tenía catorce años, edad poco adecuada para comprender tanto a Nabokov como al subgénero como tal. Fue con Lolita que comenzó mi relación con la literatura erótica. Desde entonces descubrí una forma válida de comprender situaciones de mi alrededor desde un punto de vista del cual nadie quería —o se permitía— hablar: la sexualidad. Por supuesto, esto se dio de tal forma porque según los adultos de mi entorno, yo padecía de inquietudes demasiado profundas para la inocencia respecto al mundo que “toda” chica debe tener en determinada temporada de su vida.  De tal forma que dejé de cuestionar y comencé a leer.

Desde entonces han transcurrido varios años desde que me decidí a tener novelas y poesía erótica en mi haber. No tengo ninguna queja a no ser por algunos títulos —en su mayoría del siglo XXI—  que me han dejado sinsabores debido a lo forzado de las situaciones sexuales. Mis aciertos han radicado en la colección rosa de la editorial española Tusquets, La Sonrisa Vertical; colección que desde 1979 debe su nombre al premio que la editorial otorga a las mejores novelas eróticas. El elogio de la Madrastra, de Vargas Llosa, es un ejemplo de la calidad de novelas que La Sonrisa Vertical recoge. Las novelas del Marqués de Sade son otro exponente con poderoso potencial hedonista su repertorio.

Entre los fenómenos literarios recientes hubo uno que llamó mi atención hace cuatro o cinco años, un boom en la literatura erótica: una ejecutiva de televisión y ama de casa inglesa de nombre Erika Leonard James (E. L. James) escribió una trilogía erótica titulada 50 sombras de Grey. Desde su aparición en las librerías de Guatemala, Anastasia Steele y Christian Grey fueron arquetipos que tuvieron fascinadas a las amas de casa y a las adolescentes, e intrigados a los caballeros que anhelaban descubrir el mandamiento secreto para seducir a las damas. El primer libro se vendió como se vendieran los chocolates cada catorce de febrero. Según estadísticas de la propia autora, se han vendido en el mundo casi cuarenta millones de copias de la trilogía (tan solo en inglés). Con el mismo éxito de venta del primero, se escribió el segundo y el tercero. Ah, y lo mejor para muchos estaba por venir: también se auguraba una película y el augurio se cumplió: ya hay película de tan aclamada obra.

Intentar ser imparcial al gozar de una postura es una tarea difícil, pero me propuse encontrar tres motivos legítimos para leer 50 sombras de Grey:

El primero es conocer. Como lectores nunca reconoceremos lo bueno de lo malo si en algún momento no nos damos la oportunidad de introducirnos en cualquier clase de libros. Yo insto a los lectores que leyeron —o que piensan hacerlo— las 50 sombras de Grey, a que lean cualquier título premiado por La Sonrisa Vertical. ¿Por qué? Porque las novelas de esta colección son premiadas tras evaluarse su contenido, su valor literario, su aporte a la historia del género narrativo, y además, algunas han sido novelas proscritas que no han desaparecido de la memoria de los aficionados al alto voltaje del erotismo literario. Para gozar de autoridad al escribir sobre el trabajo de James, confieso haber intentado recientemente una aproximación, pero no avancé gran cosa luego de llegar a un fragmento como el siguiente:

“Cuando he terminado, voy al cuarto de baño. Quiero cepillarme los dientes. Veo el cepillo de Christian. Sería como metérmelo a él en la boca. Mmmm… Miro rápidamente hacia la puerta, sintiéndome culpable, y toco las cerdas del cepillo. Están húmedas. Debe haberlo utilizado ya […]”.

No quisiera señalar lo anterior de plagio, pero esta voluptuosa situación con el cepillo de dientes está mejor trabajada en Travesuras de la niña mala, e incluso de una forma menos simplona.

Mi segunda razón para leer el libro de la escritora británica es el acercamiento a la realidad de las necesidades lectoras a nivel mundial. Las novelas son productos indiscutiblemente de raíz sociológica, son proyecciones de la sociedad. A través de la dualidad entre la mansa Anastasia y este personaje de porcelaneada e irracional perfección (Christian) nos introducimos en las carencias psicosexuales a una escala macro. Las ventas masivas de la novela de E. L. James nos dan la clave de lo plastificado que se encuentra el imaginario sexual en la actualidad.

Hay personas para las cuales 50 sombras de Grey tiene todo que ver con una conocida y magnífica novela de el majestuoso escritor, también Inglés, Oscar Wilde. El desconocimiento no es culpa de nadie, pero por la coincidencia en el nombre de los personajes principales, la novela de James podría lograr la transportación del lector desde una novela seudo-erótica y desabrida hacia una verdadera obra de arte hedonista: El retrato de Dorian Grey. Y esa es mi tercera y última razón para intentar leer alguno de los tres libros de E. L. James. Fuera de esas tres, no encuentro ninguna otra.

Personalmente, en lo que a literatura erótica se refiere, me quedo con la colección de los 145 títulos de La Sonrisa Vertical, por millones de razones expuestas entre líneas. Como dijo el cineasta y precursor de la colección rosa: “Queremos dar aire que respirar, porque el deseo es salud, y sobre todo queremos recuperar el culto a la erección, al hedonismo, a las fértiles cosechas que una buena y gozosa literatura puede ofrecernos. Y, a través de nuestros libros, a través de nuestra y vuestra sonrisa vertical, constatar que el escribir sobre lo biológicamente apetecible es algo inmanente a todos los tiempos, a todas las geografías, a todos los hombres”.

Para matar la curiosidad, comparto el enlace del catálogo de Tusquets Editores con las mejores novelas eróticas de su colección: http://www.tusquetseditores.com/coleccion/la-sonrisa-vertical

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Inteligente, como siempre… Pero yo preferiría enumerar las razones por las cuales no leer una obra que tiene raíces en lo comercial y no en lo literario (y esta es sólo una de ellas).

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