Reflexiones: Borges y el Nobel

Rubí_ Perfil Casi literal

“Borges fue un genio incomprendido. Por eso no le dieron el Nobel”, dijo un lector asiduo del escritor argentino, y sus palabras me hicieron pensar en dos cosas. La primera: nunca me ha angustiado el hecho de leer tozudamente a los escritores laureados por la Academia Sueca.  La segunda: resulta irrelevante a estas alturas alegar imparcialidad contra algunos nominados que nunca ganaron el Premio Nobel de literatura. No digo que ganarlo signifique poca cosa, ni mucho menos.

Pensemos en Kafka, James Joyce, Carlos Fuentes, Kundera, Virginia Woolf, Julio Cortázar y otros a los que seguimos leyendo a pesar de no haber conseguido nunca el máximo laurel literario. El caso de Borges sigue generando descontento entre sus adeptos, quienes señalan de injustas las causas por las cuales el fundador el Ultraísmo no formó parte de la constelación del Nobel.

La crítica asegura que hermanarse ideológicamente con Pinochet en el 76 —durante la dictadura en Chile— le valió a Borges su alejamiento total del premio Nobel, además de su postura política y una combinación poco conveniente de problemas personales; detalles que no tiene mucho caso traer a colación.  Si esto apartó a Borges de contar con este galardón como una prima más en su lista, nada tiene que ver con su genialidad; la reconocemos. No fue por falta de ello que no alcanzó el Nobel.

El hecho es que si un escritor no fue más que un eterno nominado, como lo fue Jorge Luis Borges, no importa mucho. En realidad no importa en lo absoluto. Borges es un personaje irremplazable para la literatura latinoamericana. No hubiese sido de otra forma si la Academia le hubiese otorgado el Nobel. Lo seguimos leyendo, lo seguimos citando, comprendemos la dimensión de su agudeza a nivel del lenguaje y además es un ejemplo de la vehemencia por el conocimiento: no cualquiera aprende alemán autodidácticamente solo por la necesidad de leer a Arthur Schopenhauer en su lengua materna. Borges sí lo hizo, tenía quince años.

Recuerdo que aprendí todo lo que necesitaba sobre mitología germana con su libro Antiguas mitologías germánicas. Quedé fascinada con el manejo puntual del lenguaje. En otras palabras, me enamoré. Esa lectura me condujo también su Introducción a la literatura norteamericana  y volvió a suceder lo mismo, quedé complacida con todo lo que conocí en esas páginas.

Y así somos muchos los lectores que seguiremos gozando de las letras de aquellos nominados que por alguna u otra razón no conquistaron el Premio Nobel de literatura. Defender la ironía de las causas resulta un total desatino, porque hacerlo no resta en ninguna medida el renombre y legado de Borges. Recordemos también que, si injusticias queremos señalar en contra de Borges, no podemos obviar que nos seguimos derritiendo con la poesía Pablo Neruda, ganador del premio Nobel 1971 a pesar de coincidir ideológicamente con Joseph Stalin. Me quedo con la opinión de Alicia Jurado, miembro de la Academia Argentina de Letras: “Más que ganar el reconocimiento sueco, se trata de merecerlo; ejemplos hay demasiados. No puede defenderse solo a Borges.”

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. A pesar de que nunca he disfrutado del todo a Borges, nunca he dicho que era un mal escritor. Pero entiendo el punto. Tengo compañeros que han ganado premios de letras por ser polémicos o por jugar con géneros y, a pesar de respetarlos, valoro mucho más la escritura de otros compañeros que no han sido publicados.
    Todo es subjetivo.
    Saludos!

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