Estamos hartos

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Carlos_ Perfil Casi literalEn este año electoral los circos demagógicos de las campañas políticas ya comenzaron con sus perturbadores números de derroche y cinismo. Y estamos hartos. Estamos hartos de campañas cuyos precios resultan obscenos para un país que muere de hambre y de ira. Estamos hartos de que “le toque” la presidencia a quien más años lleva financiando gastos absurdos para hacerse rico con un puesto público. Estamos hartos de la falta de ideología en los partidos y hartos de los diputados que se eternizan en carreras politiqueras para su propio beneficio. Estamos hartos de la idea de que ostentar a un cargo público sea sinónimo de enriquecimiento inmediato e ilícito. Estamos hartos de pensar en que ocupar un puesto gubernamental sea una “mancha” en el currículo por la fama de mediocridad e ineficacia. Estamos hartos de esos espectáculos lamentables llamados mítines, que echan mano de la pobreza y el hambre para juntar a hordas de partidarios comprados. Estamos hartos de las encuestas arregladas y de la falta de objetividad de la televisión nacional. Estamos hartos de que saber de fraudes, desfalcos y robos millonarios sea una noticia normal en nuestro entorno. Estamos hartos y avergonzados por haber permitido llegar a una crisis política catastrófica sin precedentes históricos. Estamos hartos de que a los funcionarios no les importe la violencia mientras se rodeen de una burbuja intimidante de seguridad personal pagada con el dinero del pueblo.

Pero tampoco deben confundirse con causas las consecuencias de nuestra indiferencia y también estamos hartos de nuestra indiferencia. Estamos hartos del olvido que se pavonea en nuestra arraigada lógica de poder clasista y nuestra idea de bienestar económico. Estamos hartos de que aquí sea tan fácil olvidar la sangre, el sudor, la lucha y la conciencia. Estamos hartos de no tener una opción para elegir gobernantes y estamos hartos del circo de democracia que ostentamos. Estamos hartos de que sea tan fácil caerse, hasta el suelo, hasta el tope, hasta donde ya no es posible caer más. Por eso, al tocar fondo no queda más que encontrar un apoyo, un pilar, un lugar donde apoyarnos. Estamos hartos de políticos incapaces de amar o de morir por algo que no sean ellos mismos, pero estamos también felices de estarlo y de poder decirlo, bajo la lluvia y a todo pulmón. Por eso el aire que se respiraba el sábado era el de una fiesta cuya intención era advertirle a quien quiera que llegue al poder que su responsabilidad no es arreglar su situación económica, sino aceptar un trabajo, uno verdaderamente duro y complicado: recuperar la confianza de un país que está al borde del suicidio.

¿Quién es Carlos González?

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