De construcciones político-sociales

Diana Vásquez Reyna_ Perfil Casi literal

“Could you really love somebody who was absolutely nobody without you? You really want somebody like that? Somebody who falls apart when you walk out the door? You don’t, do you? And neither does he. You’re turning over your whole life to him. Your whole life, girl. And if it means so little to you that you can just give it away, hand it to him, then why should it mean any more to him? He can’t value you more than you value yourself”.

   Toni Morrison

Siempre he considerado que la cultura que heredamos tiene mucho que ver con política y con una doble moral que nunca cuestionamos en la escuela, en casa, en debates o en foros. La relación con nuestro yo y con los otros se va tejiendo de una manera abrupta y hasta violenta. La escolarización, que en nuestro país se queda siempre muy corta, y lo que la sociedad nos enseña en la calle podrían ser unos pilares más fuertes para que nuestra vida emocional sea más sana y estable. Nos expresamos con emociones todos días, sin embargo pareciera que estas vienen empacadas de una sola manera para que todos actuemos de la forma esperada. Nos olvidamos de lo complejos que somos.

Por ejemplo, nunca hablamos de cosas como que el amor es circunstancial y nunca hay alertas que impidan caer de bruces en el asfalto por él. Resultas enamorado cuando ya amabas. Resultas enamorada cuando observas detenidamente lo que dijeron que no debías observar.

Los observadores se enamoran; los otros ligan, tienen sexo y a veces lo disfrutan. Pero solo cuando observas los detalles descubres lo que no sabías que estaba ahí y que no tiene que ver precisamente con otras personas sino contigo. También confundimos el amor y el sexo. Lo fusionamos, lo hacemos exclusivo y territorial.

Existen diferentes maneras de amar, como gente en el mundo, pero nos enseñan que solo podemos amar en forma lineal y después de puntos finales. Nadie quiere explicar que el amor tiene formas triangulares, cuadradas, redondas y tridimensionales; que muy pocas cosas, formales por cierto, impiden que nos atraigan aristas desconocidas.

Hay parejas, hay tríos, hay parejas libres, abiertas, cerradas, monógamas, polígamas;  algunas de ellas han tenido una construcción político-social no necesariamente fácil. Existen los odiados amantes, las amigas que besan en los labios, que abrazan demasiado. En voz alta se dice que existen cláusulas intermedias entre el querer, el desear y el amar. Porque todo siempre es muy formal. En lo que no se dice surfean términos como “con más que cariño”, “te deseo más que te quiero”, “te amo aunque no te desee”, “te quiero y es posible que no te ame”, “te amo y también amo a otro”, “te acompaño con amor”, “me enamoro y ya está”.

Hay quienes no se complican con ello. Hay quienes le temen a amar, o a la idea que se difunde de amar. La vulnerabilidad, dicen. Hay quienes saben hacerlo. Muchos no lo saben y no lo aprenden. Hay quienes te derrumban con un beso las veinte mil maneras de negar lo que eres. Hay quienes admiten que no saben amar de otra forma. Hay quienes exploran sobre cómo amar de otra forma. Hay quienes se divierten y hay quienes sufren demasiado por ello. Hay quienes envejecen amando a la misma persona. Hay quienes envejecen amando a muchas personas. Hay quienes logran tener hogares en muchas partes. Hay quienes construyen un único hogar. Hay quienes aman por obligación. Hay quienes la obligación nunca les deja tregua para amar. Hay quienes aman a llantos y pataletas. Hay quienes aman sin que nadie se entere.

Hay quienes aman a las personas tristes, con problemas que las ahogan en vasos de agua. Hay quienes aman la risa sincera. Hay quienes se hacen adictos a las formas oscuras, incluso la violencia. Hay quienes aman la transparencia, la ternura.

El amor, en la palabra amplia (ojo, el amor romántico también es una construcción sociocultural, y el diccionario tiene acepciones bastante codependientes), es tan complejo como el ser humano. “Todos somos complejos y un poco raritos”, dice una amiga. Podemos ser más dulces con los perros que con la pareja. Podemos ser más humanos con un extraño. Podemos entrar en crisis esperando que los seres que amamos no salgan huyendo. Podemos ser el soporte hasta la muerte. Podemos ser los niños que siempre fuimos. Podemos madurar muy rápido. Podemos haber sufrido tragedias y horrores. Podemos tener segundos, terceros, cuartos aprendizajes. Podemos amar aunque no lo esperábamos. Y amamos, porque amar es una de las certezas de sentirnos vivos y es una de las maneras como nos relacionamos con nuestro entorno.

La cuestión es si hemos pensado en cómo están fijadas en nuestra estructura social (en lo personal y lo político) esas maneras y esas certezas. Si las pensamos, las cuestionamos o si vamos solo en automático. Cora Herrera Gómez, doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual, con énfasis en Teoría de Género, expone:

“A través de los cuentos que nos cuentan, asumimos los mitos, los estereotipos, los ritos y los roles de género tradicionales, y mientras consumimos ideología hegemónica, nos entretenemos y nos evadimos de una realidad que no nos gusta. Consumiendo estos productos románticos aprendemos a soñar con una utopía emocional posmoderna que nos promete la salvación eterna y la felicidad conyugal. Pero solo para mí y para ti, los demás que se busquen la vida.

Frente a las utopías religiosas o las utopías sociales y políticas, el amor romántico nos ofrece una solución individualizada, y nos mantiene distraídas soñando con finales felices.  El romanticismo sirve para que adoptemos un estilo de vida muy concreto, para que nos centremos en la búsqueda de pareja, para que nos reproduzcamos, para que sigamos con la tradición y para que todo siga como está”.

¿Quién es Diana Vásquez Reyna?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. santiago6692 dice:

    Que buen texto Diana. Estoy completamente de acuerdo con lo que escribes.
    Nuestra programación respecto al amor (en cualquiera de sus contextos), es relativa dependiendo del contexto socio-cultural de cada individuo. Pero si hay algo que hace humano a un individuo, es el amor en su plenitud, el amar y el sentirse amado.

    Un saludo y gracias por hacerme pensar.

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