Las palabras

Carlos_ Perfil Casi literal

Las palabras. La lectura de ese libro de Sartre detona en mí la escritura de mi memoria.

El mayor culto que puedo rendir a las palabras es que fueron ellas las que me constituyeron. Mis historias adornaron mis sueños y mis pesadillas, mis miedos y mis anhelos. Es de ellas de donde mi memoria nace, hilvana imágenes confusas de recuerdos anteriores a ellas y me explica quién soy. El pasado anterior a las palabras es la prehistoria personal, ese confuso terreno de conjeturas creadas por el sentido del lenguaje que trata en vano de profundizar en ese terreno escabroso que se rehúsa al relato pero que a la vez forma parte de lo que soy. Y emerge un recuerdo oportuno: mi mamá había llegado de la escuela y yo le había escrito una carta. No sabía escribir, pero había copiado letras de una hoja de periódico. Las conjugaba al azar formando palabras inexistentes con caracteres temblorosos. Al llegar, y luego de entregársela, estaba ansioso por saber qué decía, esperando que con mi buena intención, el arbitrio me hubiera permitido escribir algo amable. Después de eso, mi madre me enseñó a leer.

Recuerdo la historia de una vaca asustada que mugía para encontrar a sus terneros perdidos. La vaca aparecía corriendo desesperada y el sonido que salía de su boca era el recurso con el que el autor del libro introducía la letra “M”, la primera consonante capaz de dialogar con las cinco vocales familiares, capaz de formar sonidos, de emitir un ruido articulado y ordenado para construir palabras, las palabras con que hablaba y pensaba. Las palabras que por fin tenían una representación pura en mi conciencia. Dejaban ser esa sombra que nombraba un fenómeno, una cosa o un pariente y se elevaban al estatuto puro del que emergían.

Qué hermoso el trabajo de un maestro o una maestra que enseña a leer por primera vez. Da a conocer esa luz inefable, el mayor descubrimiento de la infancia. El mayor valor del ser humano está en manos de todas esas personas en las escuelas, en las casas. Imagino ese proceso, ese descubrimiento sucediendo millones de veces, repitiéndose cada vez nuevo y asombroso.

No llevé este proceso fuera de casa. Fue dentro de las cuatro paredes de mi hogar donde conocí ese universo maravilloso. Fue junto a mi madre y no junto a alguien más donde logré poblar mi cerebro con el milagro del lenguaje, y tal vez por eso fue que mantuve con él una relación tan íntima. Desde entonces descubrí esa hermosa voz que me hablaba desde dentro, que me dictaba pensamientos, oraciones, balbuceos, poemas.

¿Quién es Carlos González?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. franliacaro dice:

    Excelente, te invito a leer mi blog de poesía. franliacaro.wordpress.com

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