Cubanos y “cubanos” (entre comillas)

Alfonso Guido_ Perfil Casi literalCuenta la leyenda —y si no es cierta, es muy buena ocurrencia— de que en 1973, durante una conferencia de prensa en La Habana, un periodista australiano le preguntó a Fidel Castro que cuándo creería que se reestablecerían las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, a lo que el dictador, con una inflexión de voz y palabra de profeta, respondió que “Estados Unidos vendrá a hablar con nosotros cuando tenga un presidente negro y haya un Papa latinoamericano”, provocando así una risa generalizada en la sala.

El supuesto episodio fue rememorado esta semana por El Clarín de Buenos Aires, pero verídico o no, estoy seguro que ni el mismo Fidel auguraba tener la vida suficiente como para ver que este acercamiento se convertiría en una realidad.

El recién pasado lunes se reabrió la embajada cubana en Washington, un hecho que apenas hace menos de un año también hubiese parecido una broma descabellada. Tuvo que ser Barack Obama quien se encargara de sacar del congelador un asunto que llevaba más de medio siglo sin resolverse y que debió solucionarse al final de la Guerra Fría, pero con el cual los ocho presidentes estadounidenses que sucedieron a John F. Kennedy se lavaron las manos.

Ahora, mientras que los habitantes de la isla ven este acercamiento como una luz esperanzadora y se mantienen expectantes sobre los beneficios que esto pueda traerles, en Miami, en cambio, una gran parte de la disidencia “cubana” está en desacuerdo rotundo con las últimas decisiones del presidente estadounidense, a tal punto de rechazar la instalación de un consulado en esa ciudad. Lo cierto es que la mayoría de detractores “cubanos” de Obama en Miami son nacidos en Estados Unidos —hijos o nietos de cubanos, pero estadounidenses a fin de cuentas— y no verdaderos cubanos como los nacidos en la isla.

Los orgullosos detractores “cubanos”, entre los que se encuentran, además, desde raperos calvos hasta políticos republicanos con peinado de peluquín (así de variopinta es la disidencia “cubana” en Miami) argumentan que Obama dio muchas concesiones a “los Castro” sin recibir nada a cambio: que la liberación de Alan Gross no fue suficiente porque de igual forma la represión en Cuba seguirá como hasta ahora, y que con el hecho de querer estrechar relaciones, el presidente estadounidense lo único que está demostrando es una aprobación indirecta de la dictadura castrista; y que en resumen, este acercamiento es sólo un pretexto del mandatario para inmortalizarse como el hombre que puso fin al conflicto histórico.

Quizá yo añadiría, además, pretexto que desaprovecharon todos los presidentes anteriores, acaso por soberbia, acaso por falta de suficiente autoridad, acaso simplemente por desidia.

Me pregunto qué más esperan los “cubanos” de Miami que Obama pueda exigirle a los Castro a cambio de poner fin al bloqueo y en general al conflicto. Que en Cuba no hay libertad democrática, que la libertad de expresión es una utopía y que seguirán encarcelando a detractores del régimen, nadie lo duda (hechos de por sí reprobables tanto en Cuba como en cualquier parte del mundo, claro está); sin embargo se olvidan de que Cuba, ante todo, es una nación soberana como cualquier otra, y que eso ni Obama, ni el rapero pelón, ni el político peluquín, ni yo, ni usted ni nadie puede cambiar, y que además suficiente historia tiene ya la intervención estadounidense en Latinoamérica como para querer repetirla. Si para algunos las acciones del presidente estadounidense con respecto a Cuba no son las más inteligentes, ¿qué tan inteligente ha resultado, a fin de cuentas, un bloqueo económico tras 55 años?

La media “cubana” disidente de Miami, con salario de $12.00 la hora, que va de shopping a Lincoln Road, que en Wallmart encuentra de todo para las parrilladas de verano en Hialeah, que los domingos se instala en Miami Beach con una Coors light y que en televisión ve a Don Francisco los sábados en la noche; estaría muy lejos de criticar las concesiones del gobierno estadounidense si, en vez de los cubanos de la isla, fueran los “cubanos” de la Florida quienes dependieran de un sueldo de $20.00 al mes y de una libreta de racionamiento que decidiera por ellos qué, cómo y cuánto alimentarse; o los que tuvieran que tener a una hija, una madre o una hermana trabajado como jinetera, o los que se la tuvieran que ingeniar de mil maneras para poder vender o comprar leche, carne, pescado u otro tipo de alimentos de comercialización “prohibida” sin ser descubiertos y castigados por el régimen.

Encontrar la justificación real que demandan los “cubanos” de Miami, es tan simple como comprender estas diferencias; aunque en realidad es muy probable que este problema de egoísmo no tenga solución alguna si se toma en cuenta que la diferencia más evidente entre los cubanos de la isla y los “cubanos” estadounidenses, es que los primeros —a pesar de todo— siempre han tenido esperanza, mientras que a los otros nunca les ha hecho falta.

¿Quién es Alfonso Guido?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Alfonso, aunque me siento con poco derecho a comentar, lo hago de puro metida… Creo que tenés razón, no hay nadie con más derecho de protestar que el que sufre la opresión en carne propia y esos son los únicos “habilitados” para hacerle frente al opresor. Los que lograron escapar, los que fueron aceptados en una comunidad más tolerante (aunque les haya costado años aprender) sólo tuvieron mejor suerte y sólo deberían (y aquí no quiero predicar, sino abogar por la justicia) ser las voces que representen a sus compatriotas y hagan llegar al mundo el sufrimiento al que están sometidos, para lograr hacer presión “desde afuera” para que las cosas cambien “desde adentro”. Espero que lo mismo pase en mi país, donde parece que las cosas van por caminos inciertos…, pero yo conservo, como los cubanos residentes en Cuba, la esperanza.

    1. Muchas gracias por su comentario, siempre serán bienvenidos. Saludos cordiales.

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