Migrar

Diana Vásquez Reyna_ Perfil Casi literalEn Eneas saliendo de Troya (1598), el pintor italiano Federico Barocci (1528-1612) retrata la huida de este héroe mítico: Eneas corre mientras lleva en su espalda a su padre, un hombre mayor ciego y lisiado. Su pequeño hijo Ascanio se sujeta con una mano de la pierna de su padre y se cubre con la otra el oído para no escuchar el estruendo de la ciudad en llamas. Creusa, esposa de Eneas, también corre a su lado con temor y estrés visibles en sus manos. Troya acaba de recibir con violencia las entrañas del Caballo griego de la destrucción.

Antes de lograr escapar, Eneas había tratado de salvar a Casandra de las garras de los griegos en vano, siendo testigo de cómo asesinaban a Príamo mientras era saqueado el palacio real. Durante la huida, Creusa desaparece sin dejar rastro. Cuando Eneas ve la sombra de su esposa será el presagio de un futuro mejor para el héroe, su destino será la fundación de Roma. Es este el punto de partida para que Virgilio escriba su famosa Eneida.

Las migraciones de los pueblos se han repetido desde el origen de la humanidad. Los motivos son muchos, los más crueles son las guerras y la violencia. En la acción de migrar se lleva la esperanza de tener mejores condiciones de vida, nuevas oportunidades que quizá el lugar de origen no pudo garantizar. En muchos otros casos, como el de Eneas, la meta es solo huir y sobrevivir.

En su reportaje para El País “No digas que eres sirio”, Aitor Bengoa entrevista a Alaa, un refugiado que espera en la oficina de asilo española a que se tramite su solicitud. “No digas que eres sirio. Si lo haces, la policía marroquí no te deja pasar”, afirma el entrevistado. “(…) el paso marroquí ha sido cerrado temporalmente en, al menos, dos ocasiones durante la última semana para evitar el acceso a España de grupos de personas que decían provenir de Siria”, narra Bengoa.

Algunos países de Europa dicen que están recibiendo a migrantes con las manos abiertas. Otros, en cambio, ya decidieron cerrar sus fronteras como Croacia, Hungría y Eslovenia, que no tienen la capacidad de recibirlos. España, por su parte, se convierte en un puente, pero incluso esos tipos de puentes tienen sus propias barreras.

“Las dificultades que encuentran los refugiados para cruzar por la frontera están sirviendo a las redes de traficantes locales para lucrarse. José Palazón, activista de la ONG melillense Prodein y ganador del Premio Ortega y Gasset por su cobertura gráfica de los saltos de inmigrantes a la valla fronteriza, sostiene que ‘en la frontera de Melilla el derecho a pedir asilo se compra’. Asegura que las familias que tienen dinero pasan sin problemas. Y que los precios que imponen las mafias fluctúan en el ‘mercadeo’ que se ha establecido al otro lado de la valla”, refiere Bengoa.

La migración ha sido un tema constante en América Latina también debido a la violencia y a las guerras desatadas por la desigualdad. Uno de los principales “productos” que exportamos es “la mano de obra barata”. En Guatemala exportamos personas que con su trabajo mantienen uno de los pilares de la economía con sus remesas. Cuando salen de nuestros empobrecidos países para buscar un entorno mejor, se les cierran las puertas y ya no tienen derecho de emitir opinión sobre la tierra que dejaron atrás.

Las divisiones siguen existiendo en la cabeza, la humanidad sigue mezclándose y habitamos un mundo que se devora a sí mismo. Sé de guatemaltecos que migraron y que construyeron un destino mejor, no necesariamente fácil, en Liechtenstein, en Suiza, en España, en Colombia, en Australia, en México, no digamos en Estados Unidos. También sé de gente que migra de muchísimos rincones del mundo y converge en Guatemala, a la que llaman hogar. Las visiones y cosmovisiones distintas deberían ser crecimiento y apertura. Esta misma revista es la confluencia de opiniones que reconocen en sus diferencias el mismo rostro centroamericano y regional.

***

Recuerdo el día que se iban. Mi sobrino mayor, Javier (en ese entonces quizá más pequeño que Ascanio), me abrazó muy fuerte, de una manera aprehensiva que no olvidaré nunca. Su ansiedad me transmitía que había caído en la cuenta de que partían y que pasaría mucho tiempo sin volvernos a ver en persona. Con este artículo saludo a mi hermano Alejandro, quien migró con su familia y encontró en Canadá un nuevo lugar para llamar hogar.

¿Quién es Diana Vásquez Reyna?

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