De muñecas y carritos

Rubí_ Perfil Casi literal

“Las mujercitas juegan con muñecas, trastecitos o maquillaje y los varoncitos juegan con carritos, con robots o con pelotas de fútbol.” Con este paradigma de entretenimiento infantil creció mi generación, al igual que las generaciones anteriores a la mía. El mensaje era claro: patriarcado, machismo y maternidad. Aparentemente hemos “progresado” en cuanto a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Nos gusta creer que vivimos en tiempos modernos en los cuales rompemos cadenas disfuncionales de convivencia. Sin embargo, esto no se cumple del todo si evaluamos conscientemente a qué le estamos apostando esa ruptura.

En referencia al tan discutido balance de derechos entre hombres y mujeres no hemos progresado tanto como creemos. Estamos fallando desde que decidimos que hay juguetes  “para niños” y “para  niñas”. Con tan arraigadas y anacrónicas líneas de pensamiento, en nada sorprende el triunfo del consumismo en sociedades como la nuestra, viciadas de publicidad sin contenido y plagadas de fetichizados estereotipos.

Pero el machismo y el patriarcado proyectado en patrones de crianza superficialmente “asertivos” no son únicamente responsabilidad de la sociedad de hace veinte o treinta años. No. Seguimos alimentando ese quiste que crece a pasos agigantados. Por ejemplo, ¿con qué juega la mayoría de niñas alrededor del mundo? Con muñecas. Todo funciona hasta que nos fijamos detenidamente en estos juguetes y nos damos cuenta de que siguen siendo símbolos de machismo y patriarcado, sin mencionar que deforman la sexualidad y promueven la maternidad como realización total de la mujer.

Estos cuasi-inocentes objetos tienen labios inflados, narices respingadas, ojos absurdamente maquillados, piernas largas y delgadas, cabellos esponjados, cinturas diminutas y bustos irracionalmente desproporcionados. ¿Esto no es esto mucho peor que un balón de fútbol? El escenario es de niñas jugando con falsos prototipos de mujer y la precocidad multipolar gestándose inadvertidamente.

Y cuando no vemos a estas macabras miniaturas, vemos muñecas(os) bebés que representan exactamente el mismo desatinado esquema de belleza ideal impuesto por el consumismo: piel perfecta, ojos claros (aunque el bebé sea de raza negra), nariz pequeña y mejillas sonrosadas. Me pregunto: ¿cumple este esquema el bebé promedio nacido en países como Guatemala, donde la mala alimentación de la madre o las circunstancias de concepción pueden ser un problema, sumado esto al hecho de que nuestra herencia indígena impide toda probabilidad de encajar en tan disparatado molde desde que nacemos?

Estos juguetes de apariencia ingenua son los individuos modelo con los cuales las niñas se están formando.

Afortunadamente siempre existen alternativas a estos males. Por ejemplo, Sonia Singh es una artista de Tasmania quien reconstruye muñecas usadas y les da una apariencia diferente de acuerdo a las características físicas reales de niñas de cualquier raza. Sonia toma a las muñecas desfiguradas por el maquillaje, redibuja sus rostros y les da un nuevo aspecto: labios sin pintar, cejas sin depilar, vestuario sencillo; básicamente Sonia da a estas muñecas una apariencia infantil y natural, logrando así que las niñas que juegan con ellas se sientan cómodas con su edad y su apariencia, sin necesidad de proyectarse en prototipos perjudiciales para la autoestima.

Aparte de que esta es una iniciativa que anula las intenciones del consumismo global aniquilando el maquillaje y la ropa sexualizante de las muñecas, es a su vez una apuesta por el medio ambiente pues las muñecas recicladas son potenciales prospectos para el proyecto de Sonia, así como las muñecas de segunda mano que encuentra en los mercados de pulgas. La historia de esta artista es conmovedora, ejemplar y aplaudible, sobre todo por el impacto positivo a largo plazo de su propuesta.

El resultado del trabajo de esta mujer es inconmensurable pues en un año logró fundar la empresa Tree Change Dolls™ (http://treechangedolls.tumblr.com/) que comercializa las nuevas muñecas.

Lastimosamente Sonia vive y trabaja en Tasmania y sus muñecas no son accesibles a los compradores de cualquier parte del mundo. Sin embargo, vale la pena evaluar su trabajo por diversas razones. Una de ellas es el comprender el error en el que estamos cayendo al consentir que la niñez sea violentada por las dobles intenciones del mundo consumista, y al decir dobles me refiero a que una muñeca popular cuyo cuerpo y facciones estén distorsionadas, no es solamente un juguete para jugar y guardar en un cajón; esta muñeca es un instrumento fabricado para potencializar la industria de la moda, del maquillaje y de las fórmulas mágicas de la eterna juventud. Otra razón es el advertir que estos objetos de juego propulsan, como ya lo había mencionado, una sexualidad retorcida basada en apariencias y no en la consciencia y autoconocimiento del cuerpo y de la naturaleza femenina.

¿Soluciones? Hay muchas. Juegos de inteligencia, libros y sobre todo la libertad de selección sin satanización. No existen juegos para niños y para niñas pues la niñez es una sola y su libertad implica experimentar para aprender y autoformarse. Al jugar carritos o fútbol una niña no pierde su femineidad, así como un niño no abandona su naturaleza masculina al brincar la cuerda. Si apostamos más por la igualdad recreativa entre niños y niñas habrá menos espacio para los juguetes chatarra y por ende los muros divisores comenzarán a caerse.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Oliver dice:

    Excelente tema….es ireal ver como caemos en el mundo del consumismo…..consumismo estupido….en especial los q tienen q forjar una nueva nación….(mundo)…..empecemos en nuestro mundo creando mejores niños……juegos y juguetes constructivos…..q amplíen el criterio del niño….no q lo encierren en un estatus o paradigma…..hay muchas opciones y no sólo el muñeco de batalla o la muñeca perfecta…..

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