El éxito para principiantes

Carlos_ Perfil Casi literalHoy por hoy, parece que hay un montón de gente interesada en que yo, Carlos Gerardo, sea un hombre exitoso. Me lo dicen siempre los anuncios de algunos cursos de liderazgo, algunas universidades que toman al éxito como principal incentivo y lo escucho por la radio cuando exponen testimonios de gente muy, muy exitosa.

Pues bien, el éxito es un concepto más o menos dudoso basado en la comparación con los demás y entendido principalmente con el lenguaje universal del dinero. Se ha convertido en el motor de nuestros sistemas económicos. Es su caballo de batalla más fiel, el pequeño idolillo de su religión fraudulenta. En nombre suyo se erigen monumentos, se construyen templos, se escriben libros y surgen profetas infames que te quieren ayudar. Profetas cuyo vaticinio es el éxito futuro de quienes los consultan, de quiénes llegan a implorarles su sabiduría sin darse cuenta realmente de que son ellos quienes mantienen sus estados de cuenta bancarios y los hacen exitosos.

En nombre del éxito hemos pasado también sobre nosotros mismos. Ese “afán de superación” que tantos puntos vale en las entrevistas de trabajo está siempre en función de otra persona. Ese es uno de sus problemas centrales: el éxito siempre se mide en función de los demás. Para ser “exitosos” implicamos la existencia de personas que no lo son. La doctrina para hacerlo es tener el carro que no tienen los otros. Vivir en una casa que nadie, nadie salvo algunas otras personas –exitosas también- puedan pagar y hasta tener un chucho que nadie más pueda tener, sin percatarnos de que la diferencia entre el chucho que duerme en la calle y el que duerme en la cama para chuchos de nuestra casa es el precio por el que nos es permitido acceder a él.

No hay éxito, lo que hay es un constante afán de compararnos, de sentirnos superiores a nuestros amigos. El éxito es una gran mentira creada para mantener el sistema de consumo y bienestar en el que hoy vivimos. Es una garrapata enquistada en nuestra lógica de bienestar desde el mismo sistema educativo: en el salón de clase hay estudiantes exitosos y hay estudiantes que no lo son. También hay colegios que garantizan el éxito sin precedentes y colegios y escuelas que no lo hacen. Incluso, hay modelos de familia exitosos, legitimados por las instituciones sociales que los protegen y los guardan… y otros modelos de familia sin garantías institucionales.

De alguna forma, necesitamos un incentivo para mantenernos activos, para hacer que las máquinas sigan produciendo y que la tierra siga fértil dando sus frutos. Estaría bien, si el sistema del éxito no hubiera creado una realidad global triste y desigual. Una desigualdad más tangible aquí, en estos países tropicales, en esta Guatemala que hoy es la capital iberoamericana de la desigualdad cínica. Estaría bien que el éxito fuera este incentivo si apelara más a la felicidad, a la solidaridad auténtica, al bienestar común y la conservación de nuestro planeta dada día más marchito; aunque obviamente hablar en esos términos es hablar de abstracciones e idealismos sin decir nada. O más bien, hablar tratando de decir todas las soluciones con un discurso poco probable. Pero solo de esta forma radical de pensar, solo desde el plano ideológico se hace posible la crítica de raíz de los vicios de nuestro sistema práctico y con una ideología basada en el dinero y en su acumulación más que en la conservación de la especie.

¿Quién es Carlos González?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. María Alejandra Guzmán dice:

    Totalmente de acuerdo. De hecho, la semana pasada estaba reflexionando respecto a ello y llegué a la conclusión que los libros, talleres, seminarios y conferencias de motivación, superación personal y liderazgo se han convertido en una industria pujante que busca crear necesidades irreales a las personas con el fin de convencer a la gente que “deben ser exitosas para sentirse bien consigo mismas”, cuando en realidad, lo que pretenden es vender una falsa imagen de éxito, sujeta a todas aquellas cualidades que una persona “feliz” debe poseer conforme a lo establecido por los cánones capitalistas. De este tema, siempre habrá mucha tela que cortar.

    1. Carlos dice:

      Gracias María Alejandra, por la lectura. Saludos.

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