Lo.Li.Ta

Rubí_ Perfil Casi literal“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-lita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta […]”

Lolita, Vladimir Navokov.

Para entrar en el universo de Lolita hay que leer y releer, dado que en la primera lectura de la novela se corre el riesgo de quedar con un mal sabor de boca debido al exceso de vericuetos lingüísticos, además de proponer en su argumento una relación aparentemente pedófila entre una niña de doce años y un hombre de cuarenta y tantos.

Pero Lolita es una novela que plantea mucho más que una relación desequilibrada entre dos personajes que poco o nada tienen que ver el uno con el otro. Personalmente me interesa escarbar en la psicología de Dolores, dado que he leído hasta la saciedad —y hasta el aburrimiento— acerca de las posturas críticas que reducen la totalidad de la novela a un exponente perjudicial desde el imaginario occidental, enfocándose únicamente en el comportamiento patológico de Humbert; pero esto es solo una de las caras de la moneda. El personaje de Dolores es cualquier cosa menos inocente, como la que se nos ha hecho creer. De hecho, el personaje de Dolores Haze es, en el fondo, un personaje maléfico y el mismo Navokov lo propone de tal forma, aunque el lector no logre capturar esta imagen del personaje en la primera lectura.

Algunas mitologías presentan personajes duales (mujeres ángel/demonio) y en el caso de Lolita, esta es una característica que no puede obviarse. Recordemos a Medea, Cirse, Hécate o Carmen; mujeres que desencadenan un destino fatal para quienes se rinden a sus encantos: le femme fatale, como se conocen en la tradición literaria. En relación con el nombre de la protagonista adolescente, viene al caso mencionar también que, según la mitología semita, el nombre “Lilith” deriva de un grupo de tres demonios: Lilu, Lilita y Lili; de hecho existe, incluso, un parentesco lingüístico entre las palabras anteriores y las palabras sumerias lusti (lascivia) y lulu (libertinaje). Todo eso da como resultado la conjugación del nombre, y puede llegar a suponerse el porqué de la selección de ese nombre para la novela maestra del escritor ruso. Partiendo de este punto, y de que la novela centralice su nombre en del personaje principal, el lector comprende en cuál de los personajes de la novela debe fijar su atención y sus conclusiones al terminar la lectura. Esto es por el lado de la literatura.

Por otro lado, desde la perspectiva psicológica de los personajes, Dolores Haze presenta un desorden patológico reconocido por la psicología como “Gerontofilia”; desorden psicosexual padecido por adolescentes mujeres y que consiste en el despertar del deseo sexual a partir del acercamiento con hombres mayores de 40 años; este desorden es una variante de otros desordenes del comportamiento sexual, tales como el complejo de Edipo o la Alfamegamia. Dado esto, la misma pedofilia de Humbert se suma a la multiplicidad de condiciones humanas que propone Lolita.

El punto al que quiero llegar no consiste en validar la pedofilia o apoyarla, ni mucho menos. Con esta reflexión busco confirmar que Lolita es una novela que ha sufrido incomprensión, proscripción, prejuicios y reduccionismo, pues no se ha logrado que Lolita se entienda como un potencial exponente de los desequilibrios psicológicos que puede sufrir cualquier persona en cualquier época, no únicamente una niña en manos de un hombre mayor. El personaje de Dolores no es un personaje que sufra abusos con los cuales no esté de acuerdo, y eso lo soporta el antecedente mitológico al que me refería anteriormente, del cual se ha nutrido tradicionalmente la literatura. Los desequilibrios psicosexuales existen tanto en adultos como en niños, dentro y fuera de la narrativa,  y esto no es una verdad del reciente siglo XXI.

Nunca estuve de acuerdo con que Lolita fuera una novela proscrita por su temática y con que fuera considerada una novela “erótica”; tampoco con esa etiqueta estoy de acuerdo, pues en toda la narración no existe ni una sola escena de sexo explícito. Sin embargo, estoy de acuerdo en que Lolita sea proscrita para quienes sufran de paternalismo occidental, prejuicios o falsa moral.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. ¡Bravo, Rubí! Al fin un análisis inteligente. La lectura es para todos, la comprensión… esa es para pocos. No sé cuáles fueron las intenciones de Navokov (creo que nadie puede acceder a la intención de ningún autor, porque a veces ni el escritor mismo la conoce), pero es cierto que la intención del lector es lo que construye el sentido que le encuentra a la obra.

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