Derecho a ofender

Hans Noack_ Perfil Casi literalLa idea de libre expresión ha perdido casi todo su significado en estos tiempos de sensibilidad social y corrección política. La exposición pública de ideas en cualquier medio se parece cada vez más a un acto de malabarismo extremo en el que se deben maximizar esfuerzos para equilibrar cada vez más presiones sociales en el afán de mantener a flote un clima de (falsa) cortesía, sensibilidad cultural y respeto a ideologías establecidas. Nadie que se haya aventurado en el deber de poner al frente nuevas ideas y pensamientos a los ojos del resto tardará mucho en darse cuenta de que las influencias e intereses de ciertos grupos y personas se vuelven ineludibles. Están irremediablemente presentes incluso antes del momento de empezar a concebir la dialéctica de nuestras reflexiones. Nos ha sido enseñado desde siempre que la consideración y la gentileza al confesar nuestro punto de vista es la base en la que se fundan la comprensión, el mutuo entendimiento y las buenas relaciones entre personas. Consciente o inconscientemente evitamos temas, ideas y palabras que incomodan, limamos asperezas, eufemizamos el discurso, escondemos la verdad. Todo esto a causa del miedo más grande que tenemos en la retórica social: el miedo a ofender.

Afortunadamente en esta era moderna, la amenaza de la censura es prácticamente inexistente. Después de todo, la información se encuentra al alcance de un número cada vez mayor de personas a través de las redes digitales. No obstante, muchos impulsos e iniciativas para erradicar la desinformación y traer a la luz distintos temas de interés social se han visto intolerantemente atacadas bajo el régimen de conservadurismo y tradicionalismo que impera en casi todo aspecto social-político del país. Es tiempo de revertir estos preceptos.

No se trata de cambiar ideas, sino de cambiar criterios. Como sociedad necesitamos cultivar ante todo los principios de autocrítica y análisis, al igual que el escepticismo y razonamiento ante la desinformación que sigue vigente en los temas de mayor importancia para el bienestar común y la salud social. Ofender sensibilidades es, nos guste o no, un derecho. El escrutinio y replanteamiento de viejas ideas en el interés del progreso, una obligación.

¿Quién es Hans Noack?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hans: ¿Planteas que ofender es la única forma de plantear tus puntos de vista? ¿Acaso porque sean diferentes de los de otra persona (aunque sean muy diferentes) el único camino para hacerte escuchar es la ofensa?

    1. Hans Noack dice:

      No y no. Lo que planteo es que debe haber un cambio cultural y social respecto a cómo como sociedad respondemos a nuevas ideas, especialmente en temas “sensibles” como política, religión, sexualidad, etc. Muchas de las cosas que hay que decir sobre estos temas se maquillan y se esconde la cruda realidad de las cosas. El daño ocurre entonces en la forma de desinformación e ideas sesgadas que nos afectan a todos en nuestra integridad colectiva. Tratar de proteger a las personas de una verdad desagradable por medio del discurso “correcto y diplomático” termina ensombreciendo los hechos y es un insulto al juicio crítico de las personas.

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