Cambios

Carlos_ Perfil Casi literalTodo cambio es para bien, dicen por ahí. Aunque más bien, todo cambio es un cambio y el cambio es inevitable. La condición de estar bien o estar mal no sólo es ambigua y casi indefinible, sino que además al cambio le viene sobrando. Él es esa constante abismal, ese vórtice implacable en torno al cual giramos y del cual no podremos escapar como intuyó Heráclito. Ningún instante es igual al anterior; muchas veces, ni siquiera se diferencia dentro de los límites de la lógica. Y de un momento a otro pasan cosas que jamás hubiéramos esperado. Que ni siquiera sospechábamos: en un momento estamos vivos, en el momento siguiente dejamos de estarlo.

Pues bien, hablando de cambios entiendo la importancia de los cambios radicales. Esos cambios voluntarios que nos dirigen hacia otro lugar, que nos mueven a contextos que no imaginábamos y a conocer gente que no conocíamos y que se queda con nosotros muy presentes, o se van, como difuminadas por la distancia. Pero de todos los cambios, tal vez algunos de los más contundentes sean los cambios en los que decidimos dejar de creer en algunas cosas y comenzamos a creer en otras. Cuando decidimos que preferimos dar más importancia a asuntos que teníamos olvidados por alguna razón o por otra.

Y de repente uno se pregunta qué queda además de esas nueve o diez horas diarias de trabajo y de un salario para pagar deudas… ¿qué nos queda, por ejemplo, si quitamos nuestra cuenta bancaria o nuestro carro? De alguna forma estamos enfermos del sistema del dinero, no sólo nosotros: el mundo entero está agonizando porque no logramos saciarnos, siempre vamos a querer más, avanzar un poco más allá. Por eso es que vale la pena un segundo de rebeldía, un minuto de libertad. Es en torno a esos instantes de valentía, por demás escasos, donde deberíamos construir nuestra casa, nuestra memoria, nuestra identidad. Alrededor de esa pequeña resistencia deberíamos de erigir una religión. Es una lucha que vale la pena perder. Lo importante es saber de qué lado, a favor de qué, a favor de quién luchamos.

Gané mucho en mi antiguo trabajo, mucho. Sobre todo gané muchos amigos y amigas. Pero también, por inmiscuirme tanto dentro de ese sistema, esa escalera de la competitividad y el éxito profesional, perdí muchas cosas. Sobre todo cosas que antes conocía muy bien de mí. Poco a poco comenzó a escasear el tiempo para encontrarlas, para encontrarme detrás de mis horarios. Poco a poco fui convirtiéndome en otra persona, porque el cambio tampoco nos olvida a nosotros. Aunque en el fondo, muy en el fondo, yo tenía claro quién era, quién soy y por qué era por lo que yo tenía que luchar aunque perdiera. Aunque perdiéramos. Es momento de retomar el camino y aquí estoy de nuevo para retomarlo.

¿Quién es Carlos González?

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