Después del 8 de marzo

María Alejandra Guzmán_ Perfil Casi literalLa conmemoración del Día Internacional de la Mujer me invitaba a mantener la esperanza. Pude observar que muchas voces femeninas se hacían escuchar por medio de mensajes muy acertados que motivaban a la reflexión respecto a la equidad de género y la erradicación del machismo en nuestra sociedad. Sin embargo, también me encontré con la desagradable sorpresa que aún hay mujeres que piensan que esta fecha debe reducirse a una banal tertulia, y la señora Hilda Marroquín, esposa del presidente de Guatemala, Jimmy Morales, es una de esas personas.

Al ser cuestionada por los periodistas acerca de  las reformas a la ley que buscan promover la paridad en el Congreso, en el marco de las actividades alusivas al 8 de marzo, Marroquín afirmó: “Disculpe, pero hoy estamos con la actividad del Día de la Mujer; yo creo que este es un día en el que tenemos que enfocarnos en nosotras las mujeres”. Al escuchar semejante declaración me quedé atónita.

Por supuesto, en Guatemala no es nada nuevo que la esposa del presidente en función (o el presidente mismo) o incluso, cualquier funcionario del Estado, brinden declaraciones burdas a la prensa. Sin embargo, lo que más me asusta es el hecho que muchas mujeres en nuestro país piensan como Marroquín. Sí, leyeron bien: muchas mujeres aún piensan de esa manera. Todavía hay quienes ven con ligereza la lucha por la equidad y esa indiferencia en lugar de beneficiarnos a nivel de país, a nivel de sociedad, está acabando con nosotros lentamente.

Porque no solamente muere una mujer al ser asesinada y ultrajada. Muere quien se rehúsa a luchar por su autonomía y por la equidad. Muere quien no lucha en contra de su sumisión ante el machismo. Y no solamente muere, sino que tamnbién mata a otros, quizá a sus propios hijos e hijas o inclusive a una sociedad entera.

Es hermoso recibir rosas, llamadas telefónicas de felicitación, mensajes y tarjetas, pero no por ello debemos olvidar cuál es la razón por la cual se conmemora esa fecha; lamentablemente muchas mujeres ignoran o desconocen esa razón, o simplemente la ven con desdén e indiferencia, limitándose a “celebrarla” en sus lugares de trabajo o en casa.

Pongamos un alto a la indiferencia. Sé que luchar puede ser agotador y a veces nos desalienta el no poder lograr cuánto quisiéramos de forma inmediata, pero esa lucha interior donde se derriban esquemas mentales erróneos respecto al rol de nosotras las mujeres, e incluso respecto al rol masculino, es sumamente necesaria, así como también navegar contra corriente y rechazar cualquier manifestación de machismo, e incluso, de violencia de cualquier índole de la cual seamos víctimas o testigos.

Para luchar no es necesario pelear, pero sí precisamos armarnos de firmeza y valentía para acabar de una vez por todas con nuestra indiferencia antes de que ella siga acabando con nuestra sociedad.

¿Quién es María Alejandra Guzmán?

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