Días de contrastes

Carlos_ Perfil Casi literalLa miseria cada vez es más tangible. En los últimos días, en Guatemala hemos sido testigos de hechos realmente lamentables que potencian la sensación del absurdo de la propaganda gubernativa. El mismo día que supimos de un bebé muerto en brazos de su madre ante un centro de salud sin la posibilidad de trasladarse a un hospital, murió otro recién nacido cuya madre había dado a luz en la calle. Ese día, un jugador de futbol que tenía un arraigo que le impedía abandonar el país voló en un jet privado junto al hermano del presidente para incrementar la lista de fracasos de la penosa Selección Nacional. Ese día, a diferencia de otros en los que hay partido de la Selección, no vi en las redes sociales las muestras de nacionalismo que la apoyan generalmente. Pensé si eso significaba algo: ¿el estupor del duelo?, ¿una conciencia colectiva incipiente? No. La comprensión del mundo a través de las redes es una ingenuidad que nos aísla en una burbuja de opiniones afines que en nada representan la realidad. Son una caricatura hecha a nuestro gusto y voluntad, y la verdadera realidad está ahí, asomándose cada día con sus tragedias, sus fracasos y sus contrastes.

Unos días antes, el presidente James había solicitado públicamente una disculpa de parte de un periodista por haber hablado mal de la selección de fútbol. Y bueno, sí, tal vez la única razón por la que no me guste sea porque… simplemente no me gusta. Hubo un tiempo en mi adolescencia en el que traté, hice lo posible porque me gustara pero no lo logré. Y es a raíz de esa falta de simpatía sobre la que construyo todas sus críticas (cuestionables, entiendo) y hoy las comparto. Me había censurado muchas veces de hacerlo porque así como hay gente a la que no le gusta el futbol, hay gente a la que no le gusta la literatura, las novelas, el cine, que vienen a ser, en cierta forma, un medio de entretenimiento y —digamos— de consumo. Pero salvando esta barrera de autocensura, expondré a continuación algunos puntos que había pensado.

En primer lugar, me parece absurda y realmente obscena la cantidad de dinero que se invierte en este deporte. El “rey de los deportes”, dicen por ahí, pero es posible que el fútbol se posicione categóricamente en un rango de poder similar al de la Iglesia en el siglo XIV. Y bueno, tal vez este imperio nada tenga que ver con la práctica honesta del deporte que sucede en los barrios, en los pueblos y en los institutos. De alguna forma, la idea de un fútbol puro está exenta de esta crítica.

En países como este, con una falta tan grande de conciencia histórica, el futbol representa una falsa idea de nacionalismo. Ese que el presidente ostenta con tanto fervor y que al parecer ocupa la primera línea de su agenda. En toda Centroamérica, creo yo, deberíamos desconfiar de estas falsas acepciones identitarias y de las ficciones nacionalistas que lo único que parecieran hacer es fomentar la desunión de un pueblo que está ciego ante sus inmensos vínculos culturales, ante sus arraigadas deudas históricas, ante las mismas heridas coloniales y ante los mismos problemas políticos y económicos estructurales.

Esas ficciones mucho saben de propaganda y entretenimiento, pero mucho ignoran de historia. Ese fervor patrio es el que llena sus carencias de seguridad exigiendo a gritos la pena de muerte. Porque el sentimiento nacionalista, por desgracia, se finca en dos pilares: una ficción de nación blanca, construida como negación tolerante de lo indígena a través de una larga lista de políticas de memoria negacionistas y excluyentes; y en los medios masivos de hedonismo y consumo, de los cuales, la Selección de futbol es el ejemplo más corrupto, lamentable y degenerado.

Hay mucha gente muriendo literalmente de hambre frente a nuestras narices. Porque el niño de quien comenzamos hablando no murió ese día, sino que venía muriendo hacía diez meses. En estas circunstancias, fomentar el consumo internacional de entretenimiento basado en el futbol me parece no sólo un poco ilógico, sino también inhumano. Una verdadera obscenidad cínica de nuestro concepto de bienestar, del bienestar que el sistema nos vende.

El mundo cada vez está más enfermo. Pronto sólo faltará la imposición de una barrera física, además de la bandera cultural que imponen Europa y Estados Unidos a las colonias y fincas que destruyeron. Pero aun con la barrera, pareciera que no podemos dejar de enriquecerlos. ¿De qué forma? Consumiendo sus bienes de entretenimiento. El niño no murió ese día. Comenzó a morir meses antes y no fue el sistema de salud el responsable de su muerte. El responsable fue también, aunque nos cueste admitirlo, nuestra indiferencia.

¿Quién es Carlos González?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Rubí Véliz Catalán dice:

    Esos contrastes duelen, Carlos. Comparto tu opinión al respecto del fútbol; es aberrante que se desperdicien de esa manera los fondos del Estado, habiendo prioridades. Excelente artículo. Un abrazo.

    1. Carlos dice:

      Gracais Rubí, un abrazo y gracias por tu lectura.

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