Así fue… (para nosotr@s)

Jimena_ Perfil Casi literal“Somos la generación
de pósters en las recámaras
y tapes rebobinados con un lápiz.

Los que miran el arte de un CD por hora y media
y esperan 6 minutos de silencio
por el track oculto”.

(Los KFGC)

Fue recorrer las calles del hoy llamado Centro Histórico capitalino, caminar todo el tiempo para llegar al encuentro del café a media tarde, del bar que nos acogía por las noches, de la plaza llena de niños persiguiendo palomas y de una sexta avenida atascada de ventas sobre la banqueta generando el paso convulso entre bolsas colgantes, ropa en venta, anuncios, gente apresurada y carros en histeria bocinando en la esquina al no lograr pasar el semáforo en amarillo.

Fue encontrarnos entre  locos, poetas, músicos, artesanos, aprendices de escritores y demás “mara”, “banda”, “aves raras”, jóvenes y no tan jóvenes que coincidíamos en el Centro. Encontrarnos sintiéndonos a veces de hierro, y otras, tremendamente frágiles ante las grandes expectativas que otorgaba la familia a nuestras vidas.

Fue generar amistades nuevas en el concierto de alguna banda del movimiento de rock nacional. Ponernos las camisas a cuadros y usar el pelo largo, los cigarros a primera orden, la cerveza fría y las drogas tocando nuestras puertas colmadas de dudas e inquietudes de adolescencia. Fue vernos de negro en la fila de un toque, conocernos sin saber nuestros nombres pero si reconociendo la presencia, compartiendo los mismos espacios.

Las calles del Centro de la ciudad de Guatemala fueron un espacio de encuentro en donde algunas veces nos sentíamos acompañados. Los rincones, avenidas y callejones del centro de la urbe, de la Zona 1 capitalina, oscuras y sucias fueron buenos testigos y cómplices. La novena calle entre sexta y séptima avenida fue un caminar para saludar y abrazar amigos, la esquina del conservatorio utilizada como punto de encuentro y coincidiendo con la salida de la Escuela Nacional de Danza. Los cafés vespertinos de la octava avenida acompañaban el regreso en los primeros años de universidad cuando el bus urbano me dejaba en la esquina del edificio El Centro.

También fueron largas charlas llenas de sueños, no sabíamos mucho sobre el cómo pero sí entendíamos que las cosas no estaban bien, que habían cambios profundos necesarios por hacer, que éramos jóvenes y en el caso de mis amigas y amigos puedo decir con certeza que teníamos grandes deseos de transformar la realidad, cargados con la esperanza de tener la oportunidad para lograrlo desde diferentes trincheras y así dejar de ser la generación indiferente y anestesiada a la que al parecer nos habían condenado.

Fue disfrutar la época escolar y las inquietudes del inicio universitario, usar el casete para regrabar una y otra vez en la radio alguna canción, pero también fue escudriñar en la historia y reconocer cómo en este país durante décadas se le había cortado la vida a otros patojos como nosotros. Fue ir observando cómo las cosas no habían cambiado y no lo iban a hacer si manteníamos la bandera del final de la guerra izada como si fuera sinónimo de haber logrado la paz y la armonía. Fue permitirnos las contradicciones y mantener una astilla que incomodaba, que molestaba y gracias a la cual hemos crecido sin habernos quedado en el confort emocional de la clase media capitalina.

Fue deambular por el Centro, entonces, toda una experiencia de vida.

¿Quién es Jimena Minaya?

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