Sobre el ejercicio crítico en las redes sociales

Sergio Castañeda_ Perfil Casi literalHabrá que comprender la importancia del diálogo y el debate en toda plataforma virtual. Comprenderla de verdad, con rigor y seriedad. El fascismo intelectual acecha; en ocasiones actúa como una nueva forma de reaccionarismo, de exclusión y de búsqueda de estatus; y dentro del posmodernismo, gusta y mola. Y es que se le hace el juego a las políticas segregacionistas cuando se emiten comentarios injuriosos y violentos contra quienes permanecen enajenados y despolitizados, pues estos, por inercia, activan sus anticuerpos ante el punto de vista que no los confronta ni cuestiona, sino los vulnera, menosprecia y, en algunos casos, los violenta. Se pierde ahí, pues, una posibilidad de incidencia.

Habría que ser ingenuo en demasía y descontextualizado en tiempo y espacio para ignorar que el uso de internet ha trascendido clases, edades y etnias. Habría que continuar siendo muy ingenuo para no reconocer la relevancia de un espacio personal dentro de las redes sociales, en las cuales existe una amplia libertad de opinión y cierta incidencia de esta. La emisión de comentarios violentos y excluyentes en contra de quien piensa distinto es algo común en una sociedad como esta. Claro, alguien poco perspicaz podría decir que es un problema únicamente educacional, pero seamos honestos, también existen este tipo de acciones por parte de personas con formación académica en el ámbito humanístico y social.

Hay una responsabilidad y valiosa oportunidad cuando, en un país como Guatemala, se cuenta con algún tipo de formación o información dentro del paraguas conceptual de las humanidades y/o las ciencias sociales. Lo lamentable es cuando esto se tergiversa y se contribuye —consciente o inconscientemente— a la polarización y segregación social. Peligroso resulta confundir en las plataformas virtuales (redes sociales, diarios digitales, etcétera) la crítica y la denuncia con una especie de terapia de grupo entre un círculo pequeño y hermético, lo cual es totalmente válido si lo que se busca es mera catarsis y no la construcción de lazos críticos y/o articuladores.

El tema pasa por intentar llegar a sensibilidades y oídos que aún no conocen esos conceptos que ya son parte de la formación adquirida de quienes han tenido la oportunidad de cierta preparación desde diversos espacios y ejercicios. No hablo de una vulgar persuasión ni de ejercer ningún tipo de paternalismo, pues soy un defensor de las relaciones interpersonales basadas en la horizontalidad así como de la crítica contundente, pero claro, fundamentada y con la disposición de abrirse al diálogo, al aprendizaje dialéctico y a compartir conocimiento.

Entiendo que la mediocridad debe ser condenada, así como también pienso y comprendo que el peor ciego es aquel que no quiere ver; pero eso dista en sobremanera de generalizaciones peyorativas y falaces. Invito modestamente a la autocrítica y a darnos la oportunidad de llevar diálogos colectivos en estas plataformas que —aunque sea en pequeña o mediana escala— incidan de alguna forma. No hablo acá de corrección política sino de apostar a la crítica fundamentada y desarrollada, a las narraciones históricas que nos hacen comprender el presente.

Estamos en constante interpretación de un mundo con una gran diversidad cultural y de clases, y en el que resulta imperativo reconocer que es necesario abrirse a las otras personas. La despolitización y segregación de una sociedad como esta no es casual: es sistémica. Por ello recordemos que una mentalidad cerrada —que no es necesariamente conservadora— potencializa su egoísmo convirtiendo a la otra persona, gracias a la incomprensión e intolerancia, en “el otro”. Habrá que botar estas murallas para abrirnos a la multiplicidad y erradicar esa idea-práctica de percibir esta como sinónimo de divisionismo. De poco sirve descolonizarnos de algunos paradigmas para colonizarnos en el otro extremo. ¿Queremos una sociedad abierta y digna para las mayorías o una solo para quienes consideramos semejantes y donde invisibilizaremos “al otro”?

¿Quién es Sergio Castañeda?

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