Libros de cabecera

Rubí_ Perfil Casi literalLa semana pasada se celebró el Día Internacional del Libro: vimos descuentos tentadores, horarios extendidos en las librerías, el segundo libro a mitad de precio y cualquier clase de oferta que hasta el más austero de los lectores no pudo dejar pasar. Yo no fui la excepción. Crucé la ciudad para llegar a ese territorio paradisíaco de paredes adornadas por el cuadriculado tapiz colorido de cientos de libros. Al entrar me sentí como Alicia; caí por la madriguera y me dejé tragar por el país de las maravillas.

Con cuatro libros en mis manos y el sentimiento agonizante de la indecisión, busqué un rincón para acomodarme y elegir los dos libros que tenía a mi alcance comprar. Desde ese espacio oculto fijé mi vista en una estantería donde vi mujeres de diferentes edades entusiasmadas con lo que allí encontraban. Al ver a algunas con dos o tres libros con destino a la caja, sentí orgullo de mi género. La situación llamó mi atención; quise ser parte de la apoteosis. Me acerqué y vi que la estantería tenía un rótulo interesante: “Libros de cabecera para mujeres”. Y cuál fue mi sorpresa, que la colección “para mujeres” iba desde La perfecta cabrona, Siendo puta me fue mejor, hasta ¿Por qué los hombres se casan con las cabronas?, y demás títulos con esa línea de pensamiento. La decepción me hizo sentir desubicada pues me rehusaba a creer que una librería clasificara para nosotras, libros que echan por la borda la perspectiva histórica del feminismo y la literatura que se ha construido durante años sobre esa base. Personalmente no comparto la visión de la mujer que  se propone en ese tipo de libros y menos aún esa cuestión de “la cabrona” que nubla tanto la capacidad racional de la mujer, convirtiéndola en corazón y tripas.

Salí de aquel lugar con las manos vacías y con las ideas desordenadas. Al regreso me detuve a pensar en una solución viable, una propuesta de mí para aquellas mujeres que revoloteaban sobre los libros que no hacen más que dar soluciones obvias, subestimándolas intelectualmente. Así surgió una lista interminable de títulos, a mi entender necesarios para emprender la batalla ideológica en contra del machismo y demás problemas.

Comienzo mi propuesta de libros de cabecera para mujeres con Persuasión, de Jane Austen, que es una novela que evalúa a la mujer desde su rol como hija mayor (suplente de su madre), como hermana, como amiga y como elemento de una sociedad que la destierra tras la pérdida de la fortuna familiar, condiciones que son superadas por la protagonista. Sigo con Anna Karenina, de León Tolstoi; en la novela, Anna reclama justicia de género desde un matrimonio desafortunado,  gris y pedestre; tiene una aventura y su final no es el mejor, al igual que el de Emma Bovary, pero ambas mujeres son instintivas, apasionadas y se rebelan. Al estilo de Flaubert y Tolstoi, Edith Wharton nos dejó La renuncia, novela que trata del destierro que en una mujer deja la viudez y la edad. La invitada es una novela de Simone de Beaovoir en la que su protagonista desafía las etiquetas con las que el machismo ha coronado las sienes de la mujer: celos, debilidad, pobreza intelectual, codependencia emocional y económica, etcétera.

¿Quién dijo que la sexualidad era asunto de hombres? Para demostrar el error, Anaïs Nin dejó para nosotras Henry and June, de cariz biográfico sobre su amorío con Henry Miller. De hecho, pasados los años, Anaïs Nin pasó a formar parte del “Feminismo de la diferencia”, movimiento en el que las escritoras se proponían resaltar las ventajas del cuerpo femenino en contraste con el masculino. Por otro lado, Una habitación propia de Virginia Woolf, le da un lugar a las artistas, así como lo hizo Rosa Montero con La loca de la casa. Latinoamérica no se queda atrás en cuanto a producción literaria que no vendría mal tener al frente; desde los poemas de Josefa García Granados, Alfonsina Storni, Gioconda Belli, Magdalena Spinola o Isabel de los Ángeles Ruano, hasta novelas como La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska o ensayos como La llama doble de Octavio Paz.

Tenemos opciones, solo debemos buscarlas. Debemos darle batalla a las etiquetas que nos proponen como seres inferiores, ambivalentes y de raciocinio desequilibrado, para así pasar de largo ante ciegas multitudes consumistas hambrientas del placebo de la autoayuda. No nos conformemos con poco, vayamos por todo porque no somos cabronas, somos mujeres.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. María Alejandra Guzmán dice:

    Cien por ciento de acuerdo contigo, Rubí. Es increíble como nuestro entorno social subestima nuestro intelecto, es decir, el hecho que obras como “Siendo puta me fue mejor” sean calificados como libros de cabecera para mujeres me da la pauta para pensar que vivo en una sociedad que me tilda de estúpida de forma casi explícita. Por fortuna, tu artículo es una propuesta maravillosa para que todas las mujeres abramos nuestra mente y nuestro corazón a nuevos mundos literarios que nos permitan ver la vida desde otro ángulo.

    1. Rubí Véliz Catalán dice:

      Gracias, María Alejandra. En efecto, nos dicen tontas y nos obligan a pagar para reforzar la idea y convencernos de que lo somos; es lamentable, y lo más lamentable aún es que las mismas librerías caigan en el juego con tal de liderar la competencia y elevar las ventas. En vista de este panorama tan desolador, no queda más que continuar en la lucha. Un abrazo.

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