¿Cultura o negocios?

lissete-e-lanuza-saenz_-perfil-casi-literalLa semana pasada cerró en Panamá la librería Exedra Books, una de las más queridas en nuestro país, la primera que nos trajo obras clásicas y populares sin distinción, la que me abrió las puertas a medianoche mientras esperaba a Harry Potter, la que me recibió con los brazos abiertos para talleres, conversatorios, presentaciones de libros y la que me presentó a Bolaños.

Cuando se escucha una noticia como esta, la primera reacción es tristeza. Cada día hay más casinos y menos librerías. Más restaurantes y menos teatros. Pero los números no mienten. El negocio estaba en rojo y era hora de rematar y tratar de salvar lo que se pudiera. Adiós libros. Adiós punto de encuentro. Adiós.

Pocos días antes del cierre, un periódico local publicó una entrevista con el dueño y en la que este increpaba al panameño por no leer o solo leer “basura”, y en la que además se quejaba de la falta de apoyo gubernamental y reafirmaba la idea de que en nuestra Centroamérica la cultura es un tema secundario.

Y puede ser que tenga razón. Ningún gobierno de la región le ha dado a la cultura la prioridad que se merece y todo parece indicar que la situación no cambiará mucho en el futuro cercano. Comúnmente la gente suele leer más libros de misterio o de fantasía que clásicos y pareciera que en el hecho de no saber detectar eso, las escuelas han fallado en su papel de introducir niños a la lectura.

Sin embargo, ¿podemos culpar a todas estas situaciones por el cierre de un negocio que subsistió por más de quince años? Los números fueron buenos alguna vez, de lo contrario la librería no hubiera permanecido abierta por tanto tiempo. ¿Tiene el gobierno y/o los lectores la culpa, o más bien hay que hablar de malas estrategias de venta, poca atención a las redes sociales y una bibliografía a veces limitada?

No quiero decir que es solo una u otra cosa. Quizás al final la culpa es compartida. Cuando ya el camino que se está transitando es cuesta arriba, es difícil hacerlo con una piedra en los hombros; pero sí sé que no se le puede achacar todo a la cultura. Es muy fácil criticar, cerrar los ojos y decir que “la gente en Panamá no lee. Nadie apoya la cultura”. Y como dije antes, aunque pueda haber algo de razón en este argumento, tampoco nos engañemos: cuando un negocio funcionaba antes y ya no lo hace, la culpa no viene de afuera, sino de adentro. Y el precio, esta vez, lo pagamos todos.

¿Quién es Lissete E. Lanuza Sáenz?

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