Un país de lectores: ¿sueño imposible? (I)

María Alejandra Guzmán_ Perfil Casi literalAntes de empezar, me gustaría que cierren sus ojos e imaginen que van en un bus urbano o que se encuentran en algún lugar público, no importa cual. Observen detenidamente a la gente que imaginan: ¿hacia dónde se dirige la mirada de esas personas? ¿Qué llevan en sus manos? ¿Qué emoción invade las facciones de esos rostros?

No sé qué imágenes hayan pasado por su cabeza, pero si me lo preguntan, me hubiese gustado que visualizaran manos palpando libros y miradas fijas en lo más profundo del fondo y la forma de sus libros favoritos. En otras palabras, que en su imaginación pudieran observar ávidos lectores sumergidos entre un océano de letras que párrafo a párrafo develan sus misterios.

Por desgracia, a la mayoría de gente puede parecerle una visión imposible de materializar, y en este punto varios factores entran en juego: educación formal deficiente, pocas (o nulas) políticas públicas que fomenten la lectura, un índice de analfabetismo que hasta hace cuatro años era del 31 por ciento en Guatemala, pobreza, crisis a nivel político y desigualdad social, entre tantos otros.

Pero vamos por partes. En primer lugar, al hablar de educación formal me refiero específicamente al nivel preescolar, primario y primeros años del nivel medio, esto debido a que el estudiante de estos niveles se encuentra en un punto clave de su desarrollo cognoscitivo, por lo tanto, de sus padres y maestros depende en gran medida el gusto o apatía que el niño o la niña desarrolle hacia la lectura.

No obstante, en lugar de realizar actividades lúdicas adecuadas, en vez de llevar a los niños y adolescentes a las bibliotecas a que tengan contacto directo con los libros y elijan la novela, el libro de poesía o cualquier texto que gusten, los maestros suelen obligar a los estudiantes a leer obras literarias que no son aptas para su edad debido a su estructura o al contexto en el cual se desarrolla.

Esto sucede por diversas razones. Primero, el Currículum Nacional Base (CNB) de nuestro país está estructurado de tal manera que el estudiante de primer año de secundaria es forzado a leer obras guatemaltecas para cumplir lo establecido en el pensum de Comunicación y Lenguaje, por lo cual, fomentar el gusto por los libros casi siempre se vuelve un rotundo fracaso.
Si bien no tengo nada en contra de la producción literaria hecha por autores nacionales, varias de estas obras son demasiado complejas para un adolescente de trece años. Por ejemplo, leer a esa edad El mundo del misterio verde de Virgilio Rodríguez Macal podría resultar abrumadoramente tedioso. Empero, sería mejor que leyeran obras con temáticas universales mucho más digeribles para el alumno que cursa ese grado, como las que se abordan en algunas obras clásicas, como las de Charles Dickens, Julio Verne, Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe o incluso algunas de Oscar Wilde que podrían resultar una mejor opción antes que obligarlos a leer a Miguel Ángel Asturias, Enrique Gómez Carrillo o al mismo Rodríguez Macal.

Sin embargo, habrá que esperar un milagroso gesto de voluntad política para que se hagan reformas de fondo y forma al CNB de todas las materias. O algo menos ambicioso: que nosotros los adultos fomentemos la lectura predicando con el ejemplo (es decir, leyendo) y que los docentes desafíen todo lo establecido en esa malla curricular elaborada por gente que tal vez padece disonancia cognitiva. Por medio de esa ruta, el sueño de un país de lectores empieza a parecerme posible.

¿Quién es María Alejandra Guzmán?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lybny dice:

    Excelente artículo…Ma. Alejandra.
    Dejar ser a los niños y a los jóvenes con la lectura es un buen principio. Se puede como adulto o como docente, salirse de los esquemas tradicionales de la obligatoriedad y dejar que los iniciados en la lectura descubran por sí mismos otros mundos. Las bibliotecas o librerías abiertas, ofrecen infinidad de oportunidades de elección para prestar o comprar. La lectura no tiene por que ser un castigo, debe ser siempre un placer!!!

    1. María Alejandra Guzmán dice:

      Totalmente de acuerdo con su punto de vista. Obligar a leer un determinado texto a un estudiante de primaria y/o secundaria no es el camino a tomar si queremos motivar a los niños a leer. El camino más efectivo y hermoso es permitir que el alumno lea lo que guste, poco a poco irá conociendo la literatura a profundidad, pero todo es cuestión de tiempo. Saludos.

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