Feminismo (desde una perspectiva masculina)

Hans Noack_ Perfil Casi literalVoy a ser honesto conmigo mismo y con los lectores aclarando desde ya que, a pesar de que me interesa bastante el lento pero constante progreso hacia la igualdad de género en todas las áreas del ámbito social (laboral, político, religioso, etcétera), no soy partícipe activo de esta lucha ciudadana ni formo parte de organización o movimiento alguno que promueva la concientización de la desigualdad que sufren las mujeres en casi todo aspecto de sus vidas a causa del sistema patriarcal y machista que sigue vigente en países como el nuestro.

Confesaré también que mi rol hasta ahora en problemas como este ha sido de espectador pasivo y comentarista distante. He decidido, no sin cierto remordimiento, que no puedo cambiar el comportamiento masculino, y de hecho he decidido también que no me corresponde hacerlo. La única herramienta de cambio que tengo a mi disposición es mi propia vida, y con esto quiero decir que puedo decidir cambiar para mí y para las personas que me rodean. El resto se lo dejaré al tiempo y la receptividad de los demás, hombres y mujeres por igual.

La primera vez que me vi confrontado con la posibilidad de que mis acciones y actitudes se conformaran con la ideología de superioridad masculina fue en la universidad, durante una conversación que sosteníamos en la cafetería con una amiga. Me preguntó de repente “¿y tú sos machista?”. Creo haber respondido algo como “No lo sé”, y después de pensar por un momento, “no lo creo”. La verdad es que no lo sabía, pero ese cuestionamiento inicial tuvo un efecto enorme en cómo me veía a mí mismo. Descubrí después de un tiempo que el germen machista está enraizado en recovecos muy profundos de la psique. El estar expuesto a años de estas actitudes y prejuicios trae como resultado que crezcamos aclimatados a ellos, desaprendemos a distinguirlos y nos pasan por alto cuando actuamos a causa de su influencia.

No voy a pretender que mi desdén por estas ideas sea del todo altruista. El machismo representó siempre un problema para mí. Desde el momento en que se desarrollaron expectativas sobre mi persona que respondían estrictamente al sexo con que fui aleatoriamente asignado al nacer, mi paso por la vida quedó marcado por la presión de acatar los patrones de comportamiento y pensamiento que vienen por añadidura al género al que pertenezco. Escuché y aprendí un sinfín de reglas y preceptos arbitrarios que demandaban abandonar mis instintos naturales y alinearme con ellos en el interés de satisfacer ideales infantiles de superioridad, el deseo de poder y respeto, y el hambre de sumisión violenta para cualquier ser inferior, “los otros”, los “no elegidos”. Irónicamente, lo que no nos deja crecer son las mismas expectativas de las personas.

Todo esto empieza desde niños. Los hombres aprendemos a ver a las mujeres como inferiores, aprendemos a asimilar cualquier evidencia de esto para reforzar y propagar esta idea, crecemos de la única manera en que nos enseñaron a crecer y, finalmente, como la buena consciencia nos dicta, heredamos las normas de conducta a la generación siguiente. Por si fuera poco, el sistema difunde la misma idea en las mentes de las mujeres, su dependencia y sumisión a sus contrapartes masculinas siendo lo que único que les asegurará una vida completa, sana y libre de infortunios. La desigualdad que vive la mujer en sociedades como la nuestra es producto de simple extrapolación en base a estos patrones de conducta, y nos afecta a todos.

Estoy consciente de que un cambio real y permanente no ocurre sino empezando muy, muy desde abajo, así que me dispongo a empezar por ahí y le pregunto ahora al lector o lectora: ¿Es usted machista?

¿Quién es Hans Noack?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Al igual que el escritor nunca me había hecho esa pregunta. Sin embargo, creo que el hecho de viajar y conocer diferentes culturas me han hecho inmune al machismo. Inclusive he tenido jefas mujeres en Canada y eso no me causó ningún trauma. Creo que han influido mucho también las leyes de países desarrollados, donde el expresar ideas groseras anti-feministas es ilegal. En resúmen puedo decir que valoro a una mujer igual que a un hombre; por su capacidad intelectual, su habilidad para caer bien, su personalidad, etc. Cuando viajo a mi país latino veo la gran diferencia entre mi forma de ser y la de los varones del lugar. Debo admitir que las mujeres en cierta forma dan lugar al machismo, al someterse casi voluntariamente y el no tener la visión de preparase adecuadamente para ganarse la vida por sí mismas, sin necesidad de depender siempre de un hombre.

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