Ana Frank

André González_ Perfil Casi literalEn una ocasión, caminando por Ámsterdam, pasé frente a “La casa de atrás”. Las colas eran interminables, escuché muchos idiomas, varios de ellos reconocibles, otros de los cuales no tengo idea. La mayoría eran jóvenes de entre 14 y 20 años a lo sumo. Pensé muchas cosas, me hice muchas preguntas: ¿todas esas personas han leído el libro? ¿Cuánto de morbo tiene la visita? ¿Será que lograrán apreciar el lugar al que pretenden ingresar?

El horror también puede ser un lugar para visitar: algo así sucede con los campos de concentración. Me parece lamentable que muchas de las visitas a esos lugares lo sean simplemente por obligación, un compromiso que no se puede eludir, un simple viaje de estudiantes. Algo que se hace para tomarse las fotografías de rigor y presumir haber estado allí. Claro que no es tan negativo. Muchas personas llegan a esos sitios con bastantes conocimientos al respecto, mientras que otros, quizás la mayoría, por simple moda.

El diario de Ana Frank es de esos libros que se leen en la adolescencia. Recuerdo que a los quince años algunas de mis amistades de esa época ya lo habían hecho, otras lo tenían en sala de espera. De cierta manera no me interesaba leerlo. Es de esas historias conocidas que se desconocen. Pasaron los años, me fui interesando cada vez más por la Segunda Guerra Mundial, más que literatura tenía al alcance filmes no del todo buenos o con el tratamiento del tema un tanto trivializado. Siempre me dije que debía haber algo más.

Lo he leído hace poco tiempo. Al inicio me pareció la historia de una joven chismosa, me reí desde ese momento de la estúpida idea que surgió luego de una decena de páginas. Con el pasar de las páginas fui entrando cada vez más en esa “casa”. Mi idea inicial me poco después me pareció de las cosas más desatinadas que ha formulado mi mente. Tan fácil que olvidamos cuando tuvimos la misma edad.

Mi percepción pasó al punto de tener en las manos un libro lleno de miedo, angustia, desesperación, mucho llanto, inseguridad; todo eso, unido a la edad de la autora, no podía ser muy alentador. La adolescencia, ese período caótico donde cambiamos tanto y nos sentimos incomprendidos, en muchas ocasiones solos contra el mundo y este contra nosotros. Ella, sin embargo, logró mantener ideas claras. Deseaba ser escritora cuando fuera adulta, aunque en verdad lo fue sin haber llegado a esa etapa de su vida. Existen también sus cuentos, y ella no tiene el mérito que merece. Para los pocos años que vivió, tiene una gran producción narrativa.

Imagino a Ana llena de sueños, queriendo salir volando por la ventana, respirar el mundo, comerlo a grandes mordiscos como cualquier chica de su edad. No fue solo ella la víctima, sino todos los que vivieron ese encierro que los llevaría al final que tanto deseaban evitar y por el cual sufrieron todas esas penalidades. ¿Cuántos podríamos soportar un encierro de esas magnitudes sin enloquecer? No sé si seríamos peores que esas ocho personas, pero dudo que lograríamos ser menos mezquinos. Vivian juntos pero cada quien buscaba sobrevivir solo. El diario de Ana Frank es un buen libro para reflexionar y leerlo con seriedad y no solo para llenar una biblioteca.

¿Quién es André González?

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Violeta de Moreno dice:

    Interesante, André. Muchos le dirían que es más que un buen libro. Lo leí tan tempranamente, Que no me pareció más Que una historia como otras. Felicitaciones.

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