El Principito, o cómo ver de otra manera

lissete-e-lanuza-saenz_-perfil-casi-literalYa no recuerdo cómo llegaste a mi vida, Principito. ¿Será que alguien te leyó en voz alta la primera vez, como yo haría muchos años después con mi hermana? O acaso te habré tomado yo misma de ese laberinto de libros que era mi casa cuando era niña. ¿Me habrán llamado la atención tus ilustraciones? ¿Habré descubierto el elefante dentro de una boa la primera vez o habré visto un sombrero?

Quién sabe. No lo recuerdo y ya no importa cómo comenzó nuestra historia, sino lo que vino después, lo que aprendí de ti y sigo aprendiendo cada año que me sumerjo en tus páginas. Importa lo que dejaste y no así cómo y en qué orden lograste transmitir tu mensaje.

Importa que a la edad más impresionable de mi infancia alguien me habló de las bondades de la inocencia, de pensar como niño y de seguir haciéndolo aun cuando grande. Importa que gracias a ti entendí que la imaginación debe ser celebrada y que en algunas ocasiones hay que pensar con el corazón, no con el cerebro.

«He aquí mi secreto: solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos», es el secreto del lobo. Y quizás sea el secreto de todos, solo que nosotros, los adultos, no sabemos aceptarlo. Por ti entendí que eso no solo significa que los sentimientos son importantes, sino que a veces también hay que pensar diferente para entender la historia oculta de las cosas.

Importa la vida de Antoine de Saint-Exupéry, historia que solo aprendí de adulta (una adulta que intenta pensar como niña, sí; pero adulta en fin). Importa sus viajes en el mismo avión que su personaje, avión en el que habría de desaparecer. Importa que, antes de morir, Saint-Exupéry contó una historia que aún hoy una parte de mí está segura de que sucedió de verdad.

Los libros son magia pura. Al terminar de leerlos y colocarlos de nuevo en el estante, muchas veces no se quedan allí sino que se vuelven parte de uno, y a pesar de que uno no los tenga tatuados en la piel, los lleva consigo.

Ya no recuerdo cuándo nos conocimos por primera vez, Principito, pero eso no importa. Recuerdo la última vez que salimos de paseo. Recuerdo el mensaje que siempre has querido enseñarme. Entiendo cosas diferentes cada vez porque la vida es larga y las lecciones nunca se acaban.

Gracias por estar siempre allí. Te prometo que nunca seré tan adulta que no pueda pasar un rato contigo.

¿Quién es Lissete E. Lanuza Sáenz?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Leo dice:

    Linda entrada Lissete. Te corrijo un detalle: el secreto se lo da el zorro. Saludos.

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