¿El Premio Nobel de la canción?

lissete-e-lanuza-saenz_-perfil-casi-literalCuando la noticia de que Bob Dylan había ganado el Premio Nobel de Literatura llegó a mis oídos, admito que hice una pausa —no metafórica, sino literal— mientras trataba de desenterrar, de entre los muchos escritores que había leído o no en mi vida, a uno con ese nombre. En mi cabeza no existía la posibilidad de que el ganador del premio fuera el Bob Dylan que yo conocía: el músico.

Pero ya no sigo con la historia. Ya saben todos ustedes que efectivamente fue precisamente ese Bob Dylan el que ganó el Premio Nobel de Literatura. De literatura. Y sí, he escuchado todos los argumentos a favor, como por ejemplo la comparación que se hace entre Dylan con los antiguos juglares, el énfasis en autor que añaden a la palabra “cantautor”. Pero aun así, se trata de el Premio Nobel de Literatura: literatura.

Lo más sorprendente quizá sea que todavía logren extrañarme. Que no haya entendido que como la política y los deportes, los concursos literarios también son una cosa que raya en la conveniencia. “Que gane el mejor”, dirían los ingenuos. “Que gane uno bueno que nos convenga”, dirían los realistas. “Que gane el elegido de la oligarquía”, dirían los pesimistas. Yo me inclino más a la versión realista del asunto, pero aun así que tristeza me da la noción de que ganar un premio literario depende de muchas cosas que no tienen nada que ver con quién es el mejor.

Y es así. Los concursos literarios son, más que nada, cuestión de gustos. Y los gustos cambian año tras año, así como cambia el jurado. No hay una verdad absoluta en sus fallos, así como no hay una verdad absoluta en qué libro es mejor que otro o qué escritor es superior. A ti te gusta, a mí no: así de sencillo.

Pero este no es el único factor que influye, claro está. En premios como el Nobel pesa mucho el nombre, los ganadores anteriores, la trayectoria. Hay una idea de diversidad, de no premiar dos años seguidos el mismo “tipo” de escritor y de estar a la vanguardia. De ser diferentes.

Uno pensaría que siendo así hace rato que Haruki Murakami habría dejado de ser el Leonardo DiCaprio del Nobel de Literatura, pero ya estamos en 2016 y todavía nada. Quizá le toque el próximo año. O tal vez no. Todo depende si hay alguien más o no a la vanguardia. O como dirían los cínicos: alguien que venda más periódicos.

A mí en lo personal me gusta mucho la literatura de Murakami, como me gustan muchos otros escritores que, a mi leal saber y entender, son muchísimo más merecedores de un premio Nobel de Literatura que Bob Dylan. Pero yo no estoy en el comité de elección. Estoy en mi casa, criticando, como es mi derecho.

Para gustos, los colores. Y así como el gusto de algunos llevó a la escogencia de este inusual nuevo Nobel de Literatura, el mío me lleva a decir que en mi lista mental de escritores por conocer/disfrutar, hay muchos antes que Bob Dylan.

¿Quién es Lissete E. Lanuza Sáenz?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. mecanógrafa dice:

    ¿Sabes? También yo, después de escuchar todos los argumentos que aplauden y comparan a Bob Dylan incluso con Homero (bueno, con la obra homérica, pues), o los que aseguran que sus letras tienen la misma potencia poética que los versos de Pound o de Eliot (cuestión de gustos, ya lo dijiste), yo también llegué a la conclusión tan simple de que, a pesar de que Dylan sea un monumento, el premio es de literatura. Concuerdo contigo. Un abrazo 🙂

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