Las letras, el mundo y Bob Dylan

Sergio Castañeda_ Perfil Casi literalLas letras y su vocación originaria. La expulsión de ese choque que se manifiesta entre lo que sucede en la materia orgánica que somos y esa realidad externa y convulsa que nos rodea y muchas veces nos trasciende. La literatura irrumpiendo en las plazas, en las calles, en los parques, reconociendo que las bibliotecas y el claustro le han quedado chicas. La poesía partiendo de la premisa de que en un mundo bajo presión constante y desgarradores alaridos inherentes de la condición humana y sobrecargados por un sistema-mundo sombrío, se le necesita en demasía por todos lados y en todas formas.

Obras clásicas esparciéndose por distintas ciudades. El institucionalismo académico hecho a un lado ante la creación plasmada en relatos que tocan las profundas grietas de la existencia. El eurocentrismo superado por el reconocimiento de la diversidad humana. La cultura entendida como un medio de transformación y no como un fin en sí misma. Versos al alcance de todos para que cualquiera que lo desee los incorpore para sentirse a sí mismo desde diferentes enfoques. Las letras, entendidas como una válvula de escape para pensar y sentir fuera del sentido común impuesto. La literatura como esa forma de transformar y trasladar diversas experiencias por medio de la palabra. Nunca reducida a un libro.

Y no trato de hacer acá una apología a la literatura. Es más: yo dudo que la literatura, por sí sola, pueda cambiar al mundo. Si usted es de los que piensa que a los niños hay que decirles la verdad y ve que a alguno de ellos le gustan las letras, pues sería conveniente que le exponga este asunto. Ahora bien, es gracias a la literatura, sin embargo, que se pueden lograr narraciones que nos dan aliento para levantarnos de donde se ha muerto por horas, acaso como ninguna otra actividad humana. Por ello pienso que está bien si se crean versos como estrictamente lo dictan los cánones, pero también es necesario llevarlos a cabo afuera de estos: tocando fibras en cualquier rincón del mundo.

La Academia Sueca ha dado un paso atinado al premiar a alguien alejado tanto del estereotipo dogmático de “escritor” como de los círculos que comulgan con el verticalismo académico y erudito. Robert Zimmerman, el mágico trovador con un estilo literario que muchos de sus detractores quisieran. Dylan, el chico de Minnesota admirado por Ginsberg, que ha huido siempre de su mito e incluso de autodenominarse poeta, ha sido nombrado Premio Nobel de Literatura. Sí, ese trapecista que con unos cuantos versos ha sido capaz de desgarrar la realidad atrapándola con las uñas. Claro, algunos aún se preguntan si un músico popular debe ser galardonado con el premio literario más representativo en el mundo. Yo no sé si Dylan merece el Nobel. Pienso que el tema pasa más por si el Nobel de Literatura, un premio desde muchos ejes devaluado, merece a un artista de esta universalidad. Habrá que brindar, quizá con aguardiente, por esta decisión que realmente no solo premia a Bob sino también a la literatura y que ha confrontado a muchos —desde el mismísimo instante en que se enteraron— que se cuestionan lo que se ha enseñado como ideas fijas e inamovibles.

Ahora sabemos que no solo Borges partió con la injusticia de no haber sido galardonado con este reconocimiento sino también muchos otros. Un Bowie, por ejemplo. Ojalá algún día perezca ese dogmatismo sobre lo que se denomina cultura y erudición, que presupone que estas deben ser uniformes únicamente bajo ciertos cánones y verticalismos.

¿Quién es Sergio Castañeda?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Leo De Soulas dice:

    Un interesante punto de vista contra la rigidez literaria. Independientemente de si merecía o no merecía el Nobel, es importante también ver el contenido de estas expresiones que, tradicionalmente, no han sido consideradas literatura, pero que en el fondo, sí lo son. Otra cosa muy distinta es que Dylan pertenezca también al club del establishment, en este caso, el de la música. Eso, al final de cuentas, es independiente de su calidad.

  2. Quinbus Flestrin dice:

    Gracias, Sergio.

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