Teatro en casa

Rubí_ Perfil Casi literalEl acercamiento a una obra de teatro es posible por dos vías: una es la obra literaria y la otra es asistir a la representación teatral. Pero no todo es tan fácil como parece. Por ejemplo, si deseamos la obra impresa se corre el riesgo de pagar un precio hiperbólico por ella (dado que solo en Chile y en Guatemala el precio de un libro no está exento de IVA) o también de conformarnos con una versión abaratada de la obra en cuestión, cuyo contenido varía de acuerdo con la calidad de la traducción, o bien, a causa de otra condicionante. En este caso no hay dos glorias juntas y el precio hace la diferencia.

De igual manera, presenciar una representación teatral tiene sus bemoles: el precio de las entradas, dirán algunos; no hay variedad, dirán otros; es aburrido, dice la mayoría. Y es que en Guatemala como en el resto de Centroamérica abunda la nota roja a causa de la criminalidad. Por tal motivo las personas persiguen el solaz ligero, algo que los haga reír y los distraiga: un placebo de entretención. Lo expuesto anteriormente no es una crítica, sino más bien una observación sobre la base de la experiencia citadina.

Pero así como gozar del teatro no es tan fácil como parece, tampoco es imposible. Los portales virtuales de descarga libre cuentan con infinidad de obras de teatro libres de las restricciones de los derechos de autor que son posibles de leer en cualquier dispositivo portátil. Desde este punto de vista la lectura es legítima y legal; una pieza teatral puede acompañarnos en nuestro teléfono celular o podemos llevarla a casa y compartir. Asimismo, en el portal de YouTube es posible encontrar obras teatrales completas, desde Shakespeare, Federico García Lorca, Eugene Ionesco y Buero Vallejo hasta el teatro Noh o el Grand Guignol.

Con el riesgo de pasarme por alto lo reprobable de la descarga ilegal de recursos virtuales y atentar en contra de la valoración del artista de teatro, aclaro que mi intención no es macabra. Quiero decir con esto que mi interés consiste en apoyar la democratización del arte y en aprovechar la vastedad de recursos a favor del enriquecimiento artístico, ya sea de música, literatura, cine o teatro. Es cierto que la experiencia de asistir a una sala teatral es diametralmente opuesta a la de sentarse frente al computador, pero no debe descartarse que el acceso virtual funciona de la misma manera para el espectador en el sentido de la aproximación a lo que no conoce. No debe olvidarse que el arte es una garantía de nuestra humanidad y de nuestra capacidad de abstracción. El arte nos libera porque, como dijo Ionesco, “si es absolutamente necesario que el arte o el teatro sirvan para algo, será para enseñar a la gente que hay actividades que no sirven para nada y que es indispensable que las haya”.

No hay excusas. Hay teatro para todos.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

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