Nosotras dentro del gran mercado de la insatisfacción

Jimena_ Perfil Casi literal“El poder de cuestionar es la base de todo progreso humano”.

Indira Gandhi

Es posible que la principal afrenta al sistema patriarcal, al machismo y al mismo sistema neoliberal capitalista sea el amarme a mí misma y el generar lazos de unión, empatía, cariño y apoyo entre mujeres.

Se ha construido un mundo lleno de insatisfacción. Se ha desarrollado una forma de vivir en la que debemos llenarnos, cual envases vacíos, de todos esos objetos y accesorios que deben atestar nuestras casas, dormitorios e inclusive nuestros cuerpos. La insatisfacción con relación al derroche es parte esencial del sistema económico en el cual vivimos.

Se han desarrollado estudios y carreras a nivel universitario dedicadas a producirnos esa sensación constante: la falta de satisfacción. Pareciera que nos volvimos como zombis en permanente estado catatónico, listos para reaccionar únicamente ante la posibilidad de aumentar nuestro consumo.

Publicidad que busca la venta y compra de mercancías, diseños exclusivos dentro del mundillo de la moda… Se utiliza la psicología para llegar a nuestra intimidad y generar necesidades creadas con la finalidad de hacernos —queramos o no— entrar en el mercado como consumistas empedernidos y generar una cultura de lo desechable.

Dentro de todo este sistema productor de ganancias millonarias y de anorexia espiritual, amante de lo superficial y enemigo de la solidaridad y el amor, las mujeres jugamos un papel preponderante porque al mismo tiempo somos un objeto de uso y de consumo. Somos clientes y mercancía.

La imagen o apariencia de la mujer históricamente ha sido estigmatizada y juzgada. La dominación ejercida sobre nosotras ha tomado cuestionables y nefastos aspectos, pues ahora su imagen no solo es razón de culpas o críticas de parte de sectores determinados, sino que además se ha convertido en todo: la mujer ícono de belleza, la antigua musa de poetas y pintores, ahora es también la conejita de Playboy, la chica traviesa, la vendedora sexy de cientos de productos, la imagen con la que buscan erotizarlo todo con la finalidad de hacer del cuerpo sexuado femenino el motivante que lleve al éxito a cualquier negocio. La imagen del cuerpo y rostro de mujer son actualmente el mecanismo eficaz para las empresas que desean colocar sus productos dentro del mercado.

Esta imagen en su calidad de uso nos convierte, a su vez, en consumidoras, en cómplices del juego psicológico que somete a niñas y adolescentes, quienes para obtener la supuesta deseable atención del sexo opuesto se van convirtiendo en ese frasco vacío que se llenará de todas esas cremas antienvejecimiento, desodorantes íntimos, maquillaje, ropa, accesorios y casi cualquier producto que ofrezca evitar arrugas y hacernos bellas según el ideal occidental de belleza. Se nos ha convertido en seres insatisfechos. Tal es la situación que en la última década hubo un gran aumento en las cirugías plásticas por razones cosméticas.

Considero pertinente que dentro de este proceso, que suele ser difícil y hasta doloroso, nos cuestionemos nuestros propios hábitos. No me refiero al hecho de usar productos que nos hagan vernos de mejor manera, sino a cuestionarnos las razones de fondo que tenemos para hacer cambios en nuestra imagen. Conociendo nuestros porqués y comprendiendo nuestras motivaciones podremos tomar mejores decisiones sobre nosotras, nuestros cuerpos y nuestras formas de relacionarnos, así como exigir que la imagen de lo considerado femenino deje de ser un objeto de consumo.

Nos ha costado muchos años llegar a obtener todos los logros y la igualdad en temas de legalidad y derechos. En el pasado cientos de mujeres han tenido que luchar para que nosotras hoy los tengamos como beneficios adquiridos. La lucha sigue. Ahora nos presentan nuevas formas de control, nos generan inseguridad e insatisfacción, se nos coloca en muchos escenarios que se contradicen entre sí y esto nos lleva a nunca cumplir con nuestras propias expectativas.

Considero que cada mujer sabe y conoce sus batallas personales, pero solo sugiero un ejercicio de introspección que nos lleve a no aceptar sin cuestionar y tal vez a resistir a lo impuesto o aceptarlo por decisión personal, convirtiendo nuestra vida en un elocuente acto político capaz de ir transformando a la sociedad.

¿Quién es Jimena Minaya?

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