La línea de la historia (II)

Juracán_Perfil Casi literalGuatemala es un lugar ahistórico porque las condiciones que vivimos son resultado de un conjunto de vicios que se vienen repitiendo desde tiempos de la Colonia, y en lugar de hacer un esfuerzo colectivo para enseñar algo nuevo a las generaciones siguientes, se glorifica la traición llamándole astucia o viveza; se confunde la lealtad con la complicidad del crimen y se promueve la discriminación llamándole orgullo. Esto es algo que todos somos capaces de reconocer, pero ni siquiera cuestionamos a las instituciones que se encargan de esa repetición.

El 22 de Abril de 2016 llega a la ciudad “La marcha por el agua” patrocinada, en algunos casos, por la Cooperación Noruega, pero en muchos otros por esfuerzo de las comunidades participantes; y aunque hoy no existe una figura clara de caudillo (¿?), algunos dirigentes mentían diciéndole a los campesinos movilizados que la reciente renuncia del presidente y viceprecidenta era obra suya. Curiosamente, muchas de las organizaciones todavía utilizaban frases bíblicas como consigna promovidas por la Acción Católica y diversas iglesias evangélicas. Pero tal como en 1838, la marcha no tuvo ningún significado político para las comunidades perjudicadas, pero sí para las ONG’s implicadas y para la CICIG.

Casi un año antes había vuelto a presentarse como iniciativa de ley en el Congreso la necesidad de dar un curso de estudio bíblico en las escuelas públicas. Pero esto no es nada nuevo. Los conservadores siempre han querido atentar contra la libertad de culto, pues temen que otras iglesias puedan restarle poder al monopolio moral que ejercen sobre la población más pobre. Ya durante la Asambela Nacional Constituyente de 1879 hubo diputados que se opusieron al Estado laico.

Pero ¿qué es lo que atemoriza a nuestras autoridades, a tal grado de pedir la protección de la Iglesia? ¿Acaso es bajo “la ley de Dios” que las autoridades guatemaltecas se mantienen en el poder? Una lectura breve de la historia nos da las pautas para entender que el nepotismo y las plazas fantasmas representan la ampliación y extensión de ese vicio por parasitar de los cargos públicos, entendiéndolos como una fuente de dinero fácil, fuente de poder y nunca como una forma de servicio. Abusando de los indefensos, comprando la voluntad de los mandos medios y otorgando beneficios a quienes considere “superiores” con la ambición de aumentar ganancias personales.

Y claro, la actitud del funcionario público es deplorable, pero también lo es la del empleado que acepta el soborno o amenazas de su jefe, la culpa es también del así llamado “líder comunitario”, que con el ánimo de enriquecerse llega a robar y explotar a su propia gente. El problema es que para el primero hay sanciones penales que fácilmente puede evadir con el dinero así obtenido, pero para el subempleado de la burocracia, solo existe una sanción moral que se disimula bajo el “orgullo” de ser clase aparte. Mientras que en el caso del alcalde municipal y alcaldes auxiliares del interior no hay manera de hacerlo, su actuar está siempre a la vista de los vecinos de su comunidad, y si los abusos sobrepasan cierto límite, ellos mismos pueden llegar a la violencia para tomar venganza. Así el caso suscitado durante octubre de 2015 cuando una turba enardecida linchó al alcalde de Concepción, en Sololá, tras el asesinato de Lorenzo Sequec, activista social que promovía una auditoría social en su contra. Según la investigación ulterior, se encontró un desfalco de Q20 millones. Pero no fue por el robo que la comunidad quemó al alcalde, vehículos y vivienda, sino por el atentado contra el activista social que lo impugnaba.

Si bien es cierto que muchos racistas pretenden ver en este suceso un ejemplo de lo mal que se lleva la democracia en las poblaciones indígenas, lo que se pone en evidencia es la forma en que la corrupción del Estado permea las organizaciones ancestrales en las comunidades del interior, el intento de los líderes locales para plantear una solución legal ante dicho problema y, finalmente, la respuesta violenta ante un sistema electoral que ignora las bases de derecho en que dice sustentarse.

¿Quién es Juracán?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ricardo Contreras dice:

    Decir que Guatemala es un lugar ahistórico debido a la corrupción, el racismo y un largo etcétera, me parece una afirmación incoherente. En todo caso esa es la historia de un lugar llamado Guatemala, la historia de la imposición colonial de un sistema racista y corrupto que aún observamos hoy… no se le puede llamar ahistórico a un lugar que precisamente se explica por la historia.

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