Escribir no asusta. Vivir en Guate, sí

María Alejandra Guzmán_ Perfil Casi literalLas letras, de una u otra manera, han sido mis compañeras de vida. No me abandonan pese a que por temporadas las he olvidado. Incluso me atrevería a decir que las traicioné durante todos esos años que hice labores que no me gustaban del todo únicamente por conseguir una determinada remuneración económica. Pese a ello, no me abandonan nunca, están ahí para mí en forma de literatura, de ensayos, de artículos y de vez en cuando se cuelan entre mis dedos y se convierten en columnas de opinión.

Escribir no causa temor alguno, es más: cuando escribo mis miedos se disipan entre cada palabra, acaso causados por mis largas jornadas atravesando pasarelas que, pese a que los funcionarios responsables de su mantenimiento hacen licitaciones por 25 años para que el alumbrado público permanezca en óptimas condiciones, se mantienen más oscuras que el interior de un ropero.

Así también, cuando pienso en esa vejez que un día podría llegar a mi vida, me recuerdo que vivo en un país que jamás ha garantizado una vida digna para los ciudadanos de la tercera edad porque son considerados desechables en cualquier sociedad donde se mide el valor de la persona en función a su capacidad de mantenerse económicamente productivo. Entonces, reflexiono acerca de las cuantiosas sumas de dinero que quizá desde ya debo empezar a ahorrar para «asegurar» ese futuro incierto, ese que nos turba a todos a punta de balazos, barullos de buses y sirenas de ambulancias cuyo ruido nunca cesa.

Quizás esos miedos sean infundados. Dicen por ahí, aquellas personas motivadas a punta de filosofía de redes sociales, que el miedo no existe, que solo es producto de nuestra imaginación turbada por reminiscencias que se transforman en temores. Quizá tengan razón, sin embargo, es un hecho que este país atemoriza a cualquiera.

¿Y a quién no atemoriza un país con cuarenta y tantas niñas muertas a causa de quién sabe qué mente siniestra con intereses políticos y económicos de por medio? ¿A quién no le da miedo vivir en un país donde en colegios privados ha habido víctimas mortales de acoso escolar? ¿A quién no le atemoriza vivir en un país donde la gente utiliza las redes sociales para evidenciar su escasa tolerancia hacia quien tiene una ideología opuesta a la suya? ¿A quién no le asusta vivir en un país con sangrientas batallas entre policías y vendedores, donde nadie tiene garantía alguna de salir con vida?

Quizás a aquellos guatemaltecos que constitucionalmente gozan con el derecho vitalicio de ser custodiados por guardaespaldas, o bien, todo aquel que aquí puede pagar por servicios de seguridad privada para sí mismo y su familia, no les atemoriza vivir en este lugar. Sin embargo, hay ocasiones en que estas personas que derrochan poder sí sienten que su piel se eriza de miedo, por ejemplo cuando sus acciones son cuestionadas a punta de letras que brotan de una pluma valiente y enardecida por todo aquello que ocurre alrededor. Y ahora que he recordado que estas personas también se atemorizan, los miedos poco a poco comienzan a desvanecerse y sigo escribiendo.

¿Quién es María Alejandra Guzmán?

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