El día que murió Úrsula Iguarán

Alfonso Guido_ Perfil Casi literalFue en 2008 cuando, sentado en un sillón de la sala de mi apartamento por aquél entonces y en completa soledad, ocupé cinco o seis tardes seguidas de un septiembre estrepitosamente lluvioso para cometer el romántico, insensato y feliz acto de postergar para siempre la elaboración de un juego de planos que debía presentar la semana siguiente por dedicarme a leer las casi 500 páginas de Cien años de soledad. Y hasta hoy, ese sigue siendo el recuerdo más hermoso y sublime que tengo de la soledad (me disculpo por la repetición de la palabra soledad: tres veces en un mismo párrafo y cuatro con esta última).

Lunes, martes, miércoles… Una a una se iban muriendo todas las tardes en que yo procrastinaba por estar leyendo. Recuerdo que me vivía engañando al decirme que «cuando se muera Úrsula Iguarán dejo de leer y voy a la mesa a dibujar la planta acotada», pero resulta que las páginas y las tardes seguían pasando y la mujer de José Arcadio Buendía, cada vez más vieja, renca y ciega, nunca se moría. Yo no lamentaba su presencia en la casa de los Buendía sino hasta la mañana siguiente, cuando alguien me preguntaba que «¿Cómo van los planos, Guido?» y yo respondía que «Van deacachimba, Ingeniero». Entonces volvía a pensar: «Ojalá hoy sí se muera Úrsula Iguarán».

Lo peor de todo era que mientras más tiempo permanecía viva, más me intrigaba su sola existencia, aún más ansiaba saber cuál era su propósito dentro de aquella casa. Hasta que una tarde dije que no, que a la mierda el libro: «Hoy solo leo tres páginas y después empiezo a dibujar los planos aunque Úrsula siga viva». Pero esa misma tarde resultó que al maldito de García Márquez se le ocurrió que Remedios La Bella ascendiera al cielo mientras colgaba ropa en el patio, así sin más, como si nada. Ese día los planos volvieron a valer turca.

Empecé a leer la novela un domingo y creo que Úrsula no se murió sino hasta el siguiente jueves como a las cinco de la tarde. Entonces ya era muy tarde para empezar a dibujar el juego de planos que supuestamente tendría que entregar el lunes. Cuando pensé en esto, al leer la muerte de Úrsula Iguarán, y aún con más o menos cien páginas por leer del libro, me di cuenta de que el día de su muerte también había muerto el arquitecto Alfonso Guido.

¿Quién es Alfonso Guido?

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