De procesiones, historia y cristianos

Diana Vásquez Reyna_ Perfil Casi literalEn esta época de procesiones, siempre me asaltan las dudas sobre si los cargadores, los hacedores de alfombras o los simples espectadores de pasiones y dolores transforman estos ritos en hechos concretos y coherentes con lo que aparenta la solemnidad durante Cuaresma y hasta el Viernes de Dolores. Al menos en Guatemala, la Pascua, que se supone la fiesta central del cristianismo, solo es playa sin religión.

Mientras escucho los retumbos procesionales en las calles, llega a mis manos un autor y un fragmento de la historia latinoamericana ligada con lo religioso cristiano y que en estos laberintos circulares que vivimos como sociedades conflictivas vale la pena recordar.

Ignacio Ellacuría fue un filósofo, teólogo y escritor español naturalizado salvadoreño que en la década de 1980 planteaba que había que superar el individualismo y el positivismo (que ahora erróneamente o deliberadamente se confunde con tener una actitud positiva) para superar los conflictos.

Entre sus postulados, Ellacuría aseguraba que la filosofía debía tener una función liberadora al acompañar la teoría y la fe con la práctica y acciones concretas y reales. Su propuesta iba de la mano de la teología de la liberación, nacida en Latinoamérica y por la cual muchos jesuitas y cristianos fueron asesinados por gobiernos represivos militares.

La teología de la liberación propone ideas tales como optar preferencialmente por los pobres, que la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica como signos visibles de la dignidad del hombre. Que el acto de liberación toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana y de la necesidad de eliminar la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo. Que la situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y es consecuencia de un pecado social.

Esta teología afirma que no solamente hay pecadores sino que hay víctimas del pecado que necesitan justicia y restauración, y que el método del estudio teológico es la reflexión a partir de la práctica de la fe viva, comunicada, confesada y celebrada dentro de una práctica de liberación.

Ignacio Ellacuría, que había denunciado en España la violencia de Estado que sufría El Salvador, fue asesinado el 16 de noviembre de 1989 en la residencia de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas por un pelotón de la Fuerza Armada salvadoreña bajo las órdenes del coronel René Emilio Ponce. Ellacuría fue masacrado junto con otras siete personas entre las que se encontraban cinco jesuitas además de una mujer al servicio de la residencia y la hija de esta, de 15 años.

Según el religioso Pedro Casaldáliga, la reflexión y la vivencia de la espiritualidad de la liberación tiene como consideración y exigencia básica entender que ser cristiano, en cualquier parte, es ser en Jesucristo «hombre/mujer nuevo/nueva», y que entre sus rasgos principales se encontrarían

«Tener la lucidez crítica frente a los medios de comunicación, estructuras, ideologías y supuestos valores que resulta de la pasión por la verdad. Saber que la gratuidad de la fe y la vivencia de la gracia conllevan la humildad, la ternura, el perdón y la capacidad de descubrir. Vivir la libertad desinteresada que asume la austeridad y la pobreza para ser libres frente a los poderes del mundo. Hacer una denuncia profética como misión y servicio al lado de los más pobres. Ejercer la  fraternidad sin privilegios y tener un testimonio coherente, vivir lo que se proclama (…)».

Voces críticas coinciden en que el cristianismo también fue una herramienta ideológica que justificaba el empobrecimiento de los fieles, que no es lo mismo que el voto de pobreza. La teología de la liberación denuncia esto de alguna manera.

Las tres grandes preocupaciones en la obra de Ignacio Ellacuría eran la defensa de las mayorías populares y los pueblos oprimidos, la Universidad como un instrumento al servicio de las mayorías y la función liberadora de la Filosofía. Habrá que leer más sobre él, sobre todo sus ensayos en Filosofía de la realidad histórica (obra póstuma), donde afirma: «la realidad y la verdad han de hacerse y descubrirse, y que han de hacerse y descubrirse en la complejidad colectiva y sucesiva de la historia, de la humanidad».

A mí me gustaría ver y conocer más cristianos críticos, y no solo conformarme una vez al año con alfombras y andas bonitas y gente trajeada con cara de cristianos políticamente correctos.

¿Quién es Diana Vásquez Reyna?

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