Miguel Ángel Asturias en las tablas

Rubí_ Perfil Casi literal[…] la obra ha logrado captar la ironía, el desborde ritual, la piedad para con los personajes, la certera chabacanada que la novela tiene…

Manuel José Arce a Hugo Carrillo

Diario de un escribiente, 15 de noviembre de 1974

Cuando cerró la primera temporada de la representación de El Señor Presidente en el Teatro de la Universidad Popular, me quedé afuera. Llegué y la sala estaba repleta; ya no había boletos. Y ahí estaba yo la noche del 31 de marzo afuera de la sala Manuel Galich haciendo pucheros y tragando mi culpa por no haber asistido antes. «Ni modo, eso me pasa por atenida», me dije para consolarme y por salir de allí derrotada. Mientras caminaba de regreso hacia mi casa recordaba las palabras de quienes me recomendaban efusivamente la función, pero yo siempre tuve un pretexto para no asistir. Cuestión de prejuicios literarios, cuestión del clima, del descanso de la Semana Santa… Vaya Dios a saber. Lo cierto es que no logré ver la obra aquella noche. Para mi sorpresa extendieron la temporada y por fin pude verla el sábado 22 de abril y todo lo que vino después fue ganancia.

Desde la simplicidad escénica y la economía de utilería, el elenco cumplió con las exigencias de la versión del dramaturgo Hugo Carrillo de la novela homónima de Miguel Ángel Asturias, dirigida en esta oportunidad por René Estuardo Galdámez. La lumbre bajo la podredumbre nunca antes me supo tan bien. Esta vez di mi brazo a torcer con Asturias y me ganó por completo.

Ahora bien, de mis observaciones comparto lo positivo, por ejemplo, la solvencia histriónica de cada uno de los actores. Me refiero a las interpretaciones rotativas que potencializan la versatilidad del actor, mayormente con el recurso de la máscara animalesca tomado del teatro de lo grotesco. Un elenco de diez actores cumplió a cabalidad con una representación teatral estructurada para 40 personas. ¡Impresionante!

Este año se celebran 50 años desde que Miguel Ángel Asturias ganó el Premio Nobel de Literatura y la puesta en escena de su obra cumbre fue una decisión acertada. Por supuesto, quisiera extenderme más en mis apreciaciones tanto desde el lado del público como desde el estudio estético de las letras y del teatro. Sin embargo, decido no hacerlo para no anticiparme a lo que puede ser para el asistente una experiencia reveladora que estoy segura que golpeará su sensibilidad como ciudadano alerta a los cambios políticos del país; cambios que sobre las tablas no parecieran tales sino espirales descendentes donde poco o nada se mueve. Así lo hizo notar el actor guatemalteco José Raymundo Coy, que formaba parte del público asistente. Coy compartió su experiencia de cuando trabajó como parte del elenco en el estreno de la obra el 14 de noviembre de 1974. En aquella oportunidad, dijo el actor, el Señor Presidente era representado por un títere tamaño natural adornado con una bandera de Guatemala cruzada sobre el pecho y un sombrero tejano simbolizando la hegemonía de Estados Unidos. En esta ocasión el Señor Presidente es una máscara gigante que al cierre de la obra utiliza una nariz roja como la que utilizan los payasos. ¿Le es familiar? Quédese usted con la última palabra y déjese sorprender.

La obra se seguirá presentándose hoy viernes 28 de abril y mañana sábado en la sala Manuel Galich del teatro de la Universidad Popular. Hago el llamado a asistir a la función para que no terminen como yo y se queden en las afueras del teatro vestidos, alborotados y con el brazo sin torcer.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

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