Un relato de aquí y de allá

André González_ Perfil Casi literalLa familia Salinas puede ser de todos lados y al mismo tiempo de ninguno. Nacen de la necesidad de un autor por tratar ciertos temas y que la censura no lo reprima. Un relato policíaco, de Imre Kértesz, es completamente diferente a lo demás de su obra. La ficción que goza este cuento o novela corta presenta una faceta distinta del autor. La condición de judío o de exprisionero de un campo de concentración son constantes, Imre escribe de esa forma para desligarse de Auschwitz. La palabra anterior para él engloba todo lo referente al holocausto judío, el pasado y el presente hasta el último de sus días. La palabra Auschwitz aparece una vez en el texto y lo hace de forma sutil para hacer mención de un método de tortura: «Columpio Boger», utilizado por uno de los miembros de la Policía Secreta de la nación ficticia en la cual se desarrolla la trama.

El giro que sufre la historia —de una nación del Este europeo en plena Guerra Fría al trópico americano— demuestra mucho ingenio por parte del autor al lograr cambiar las condiciones de su sociedad y trasplantarlas a un país latinoamericano. Durante el transcurso de la obra pensé en un país de Centroamérica. Los nombres de los personajes, los movimientos subversivos, la ignorancia de muchos para formar parte de ellos.

Quizás lo trascendental es la visión de las cosas desde la óptica del verdugo. La asfixia existencial de un joven, su vida normal y sin trascendencia; el diario escrito por él es un personaje más. Estas dos posiciones se mezclan, se siguen los pasos, se arman y desarman una a la otra.

El trasfondo político de la obra pareciera que siempre está relegado al segundo plano, lo cual es natural debido a la transformación que vivió la misma para poder ver la luz. El atentado que se gesta entre la subversión finalmente tiene éxito y el régimen cambia. No existen más alusiones a ello, solamente que estos serán los que juzguen a los del anterior régimen.

Es evidente la crítica a los cuerpos represores del Estado, las luchas constantes por el poder, situaciones recurrentes en Latinoamérica en la década de 1970 (la obra vio la luz en 1977). Imre Kertész vivía en Hungría bajo un régimen comunista y cuestiona en Un relato policíaco los cimientos de un sistema militar de derecha, y en ello se basa para pasar la censura. En aquél entonces tampoco estaba de acuerdo con el comunismo.

La historia es narrada desde la cárcel por Antonio Rojas Martens, miembro de la Policía Secreta. De cierta manera es presentado como una especie de policía con valores y algunos ideales, pero él mismo se muestra como lo que es: un policía de la Secreta y lo que hace es, simplemente, su trabajo. Los personajes, al final de cuentas, son pequeños seres imaginarios que no tienen ojos. La mayoría de veces nunca verán el mundo por sí mismos pero de vez en cuando usan los del autor para aportarle ideas y así finalizar o completar ciertas obras.

Enrique Salinas es un joven de clase alta que constantemente busca un sentido a su vida. Cree que estará en la lucha social pero tiene todo en contra para que sea una realidad. Sus posibles compañeros de lucha no le aceptarán por ser un joven adinerado. Su padre tratará de intervenir por medio del diálogo persuasivo, y al ver que no es posible utilizará métodos muy infantiles que les llevarán a la muerte. Los ricos buscan el poder; en cierta manera lo poseen y desean más. Federico Salinas trama una especie de subversión para involucrar a su hijo en ella, así Enrique se volcará con toda la inocencia y ganas que posee. Sentirá que es útil, llenará los vacíos que abundan en su vida. Es quizás en donde resalta esa lucha de poder que se percibe en toda la historia: el padre ve al hijo como un negocio más por dominar y poseer. Un par de llamadas para arreglarlo todo, dar dinero por aquí y también allá por si hace falta. La felicidad edulcorada, todo mundo contento y nadie hace preguntas.

Todo se voltea. Enrique es encarcelado gracias a las personas que frecuenta y los juegos de su padre empresario. Su progenitor todo poderoso va en su rescate y terminan los dos tras las rejas debido a su juego subversivo. Las amistades influyentes no logran hacer nada frente a la necedad de los agentes de la secreta. Díaz, Rodríguez y Rojas Martens mantienen una postura, el último se devanea entre el deber, lo cercano que ha sido de los Salinas y su condición de policía.

El juego Salinas no es como los grandes almacenes de los cuales son propietarios. Su caso se estanca, está en punto muerto, existen otros acontecimientos más apremiantes. Al final son simple y sencillamente fusilados. Final cargado de ironía que se esconde tras el policía que nos cuenta la historia, también insignificante como los Salinas que pareciese que juegan a las escondidas con la vida.

¿Quién es André González?

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