Cientistas sociales y humanistas que apuestan por herramientas didácticas

Sergio Castañeda_ Perfil Casi literalSalirse del yo, como se logra en los bacanales dionisíacos. Extranjerizarse en los círculos que se frecuentan para ver más allá. Intentar comprender al otro aunque la imposibilidad de entender por completo su otredad se nos evidencie porque siempre lo veremos desde nuestros códigos, desde nuestra subjetividad, desde nuestro yo… Pero es una lucha loable y necesaria. ¿No suele decirse en ciertos círculos —cuando se hace referencia a la conciencia de clase— que no veamos todo desde nuestros privilegios? Que intentemos ver el contexto, las circunstancias, las experiencias de los demás.

Las ciencias sociales y las humanidades han permanecido mucho tiempo herméticas. Sus códigos y sus normas parecen conformar su exclusividad aún en países de la periferia. ¿Serán ciencias sociales a la altura de sociedades periféricas? Porque cada ejercicio del pensamiento es un ejercicio situado, entonces habría que preguntarse si éstas están a la altura de una sociedad como la nuestra, en la que nos encontramos inmersos y donde las herramientas deben ser bastas y diversas. Y es que más allá de los trabajos (bien elaborados muchos, por fortuna y enhorabuena) de consumo académico sobre diversas problemáticas, ya va siendo hora de que muchos proyectos que buscan enfoques críticos sobre temáticas sociales e históricas tengan, además de rigor, documentación y un profundo carácter didáctico que no se reduzca estrictamente a las lógicas occidentales. Quizás va siendo hora de pensar en alcanzar más y nuevos públicos, y dejar de hablar únicamente con los mismos de algo que nos afecta a la mayoría.

De lo contrario, siempre será cómodo señalar a los filisteos que deambulan por urbes como estas, sintiendo placer de ello mientras se transita entre el paternalismo y la descalificación a las masas que habrán de votar nuevamente por los candidatos que la oligarquía y el Norte impondrán para su agenda. Y entretanto que los cambios profundos no lleguen, «enhorabuena», dirán calladitos muchos, asemejándose a aquellos cristianos a los que no les conviene la venida del mesías porque la espera da confort, pone las cosas en su lugar, nos sitúa; mientras que para lo otro se necesita acción y voluntad, sin mencionar que ya no se cuenta con justificación alguna.

Por fortuna aparecen espacios que se prestan a realizar proyectos de pensamiento crítico, de formación y de acción de manera amplia. Por fortuna cada vez más esa idea de erudición, como quien ha encontrado la luz de la verdad absoluta, parece ya no ser tan manipulada y se comprende que el aprendizaje es diverso y demasiado amplio para ser reducido, y que además se encuentra a cualquier hora del día. Por fortuna se va comprendiendo que la lucha por ciertos cambios es basta y debe darse en distintos terrenos, y por ello toca repensar las ciencias sociales y las humanidades, pues considero, viendo las condiciones de un país como Guatemala, que su campo debe ser mucho más amplio que el claustro. Entonces la difusión de las investigaciones, la docencia llevada a otros ámbitos, la articulación entre cientistas y el uso de las tecnologías digitales a nuestro favor pueden ser herramientas, quizá simples, pero que deben abordarse con profundidad y seriedad.

Estos tiempos convulsos necesitan preparación y convicción por parte de quienes le apostamos al campo social y humanista, por lo que creo necesario quitarnos las caretas y hablar sin miedo desde la propia postura. Esto resulta fundamental más aún cuando dos años después de las manifestaciones del año 2015 (que no lograron articular un verdadero movimiento social) muchos grupos surgidos tras las movilizaciones han quedado en adulaciones a sí mismos, divorciados de la radicalidad y aliados, en algunos casos, a la politiquería de siempre bajo la bandera de la «nueva política», como si se tratara de una novedad o una moda.

Entonces no podemos olvidar que resulta un privilegio la educación y la formación en un país como Guatemala, privilegio que a la mayoría nos lo brinda el pueblo. Los diversos grupos catalizadores que con rigor y oficio estudian y trabajan por alternativas que contribuyen a realizar cambios radicales nunca podrían considerarse a sí mismos quienes reemplazarán a las masas que son realmente el germen del sujeto político plural que se necesita articular.

A pesar de tener históricamente un sistema prácticamente en contra, hoy por hoy existen acciones dentro de las ciencias sociales y las humanidades que buscan darle vuelta a esto apostando desde la práctica por nuevas formas, algo que da aliento y que debe alentarse. El compromiso social y político a lo largo del siglo XX que tuvieron muchos humanistas y cientistas sociales es incuestionable, digno y loable. No nos limitemos ahora. Es momento de reivindicarnos.

¿Quién es Sergio Castañeda?

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