La poesía no es solo para los dioses

Corina Rueda Borrero_ Perfil Casi literalHace poco más de una década, cuando empecé a escribir poesía en las últimas páginas de mis cuadernos escolares con letra temblorosa y muchos lugares comunes, jamás hubiese pensado en entenderla como lo hago ahora: un vehículo para hablar desde el alma, sin escalas, sin remordimiento y con la vida al desnudo, porque lo que sí es inmensamente hermoso y valioso de la poesía es que se construye a partir de los pedazos de uno que no se saben enmendar en una frase simple.

Entonces ¿qué tanto les puedo venir a hablar yo de poesía? Y es que algo ha ido evolucionando con ella. En mi caso particular me han criticado por utilizar palabras «no poéticas» como perra, puta, fucking, emputado, etcétera; como si la poesía fuese solo para dioses y no para humanos, como si el poeta estuviese desde lo alto jactándose indefinidamente acerca de lo grandes que son las gloriosas palabras que utiliza para interpretar su mundo sin darse cuenta de que la poesía también implica la explicación de lo cotidiano desde —valga la redundancia— lo cotidiano. Y que se hable desde lo cotidiano no implica caer en simplismos.

Cuando hablo de esto siempre traigo a colación la obra de Nicolás Guillén, que en su momento tuvo cierto revuelo en Cuba porque hablaba acerca de la negritud. Guillén en sus versos explota y le da un sentido a la afro-descendencia, dibujándola en palabras con aroma a coco y sabor a arrabal y agua salada. Es parecido el caso de las mujeres pertenecientes a la Generación Beat (Elise Cowen, Diane Di Prima y Ruth Weiss), que sin tapujos hablaron acerca de la cotidianidad femenina y la menstruación y sobre el rompimiento de la heterosexualidad, criticando así los roles preexistentes; todo esto hizo que durante muchos años sus versos quedaran eclipsados por los de sus coetáneos masculinos y solo hasta ahora, parcialmente, la historia les da el lugar que deben merecer.

Ahora yo lo traspaso a nuestra realidad: ¿acaso la poesía deja de ser tal cuando se habla desde lo que duele y lo que no es agradable a simple vista? Hay poetas que yo denomino «poetas de barrio» y muchos de ellos desconocen que su arte también es poesía aunque hablen desde la cotidianidad y lo expresen en reggae o rap. En el caso particular de Panamá, uno de los más famosos es Zico Garibaldi Roberts, mejor conocidos como Kafu Banton, que en una de sus letras más icónicas nos canta: ¿cómo vas a hablar de pobre / si nunca te vi en la fila / donde cambian latas y cobre? / ¿cómo hablas de hambre / si a lo mejor en tu barriga / nunca has sentido un calambre?

Entre la marginalización de la pobreza y de la negritud que existe en Panamá, surgen estas letras que son el sentido de indignación desde el barrio y que desde donde mi punto de vista también es poesía. Talvez no la que usa palabras rimbombantes y tiene expresiones en latín, pero es poesía a fin de cuentas, una poesía comprensible y que cala, porque lo importante de la poesía es que llegue al alma y nos traspase.

Entonces ahora pregunto ¿quiénes somos para catalogar que una palabra o frase no pueda pertenecer a un poema? ¿Quiénes somos para juzgar la poesía cuando su único fin es hacernos sentir y comunicar? ¿Es menos poesía aquella que habla de cólicos menstruales frente a la que describe cómo las aves trinan en el borde aislado del amanecer? ¿Es menos poesía la que habla de la crudeza de la vida del gueto frente a la que habla de la Galatea y el cisne? Después de todo, ¿qué es poesía, a fin de cuentas?

¿Quién es Corina Rueda Borrero?

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