Esto no es una ficción

Mario Ramos_ Perfil Casi literalPor MARIO RAMOS |

Hace un par de madrugadas desperté de golpe con una fuerte presión en el pecho. Tomé mi teléfono celular y vi que eran las 3:23 A. M. Volteé a mi costado y vi a mi esposa durmiendo profundamente, después caminé hacia la cuna de mi hijo y luego de observarlo por un instante me pareció que no respiraba y me asusté. Rápidamente posé mi mano sobre su pecho para sentir su respiración y al tocarlo él se volteó, como si lo hubiese incomodado, y eso me tranquilizo un poco. Todo era muy extraño, había un silencio inusual y por alguna razón me sentía diferente. Estaba angustiado, pensé que algo raro estaba sucediendo pero no sabía lo que era.

Pensé que todo esto quizá era un ataque de estrés por las presiones laborales y trabajos pendientes —incluido este artículo, cuyo tema, a fin de cuentas, decidí cambiar. Me dirigí a la cocina, abrí el refrigerador, tomé un envase de jugo, lo abrí y di un sorbo directamente del envase, cosa que siempre pone furiosa a mi esposa, pero como ella no estaba presente me sentí libre de hacerlo. Dado que el sueño se había disipado, me di cuenta de que era buen momento para escribir, trabajar en el artículo que había comenzado para esta quincena y que nunca terminé. Cuando fui a la computadora y coloqué mis manos sobre el teclado, sin embargo, una vez más el silencio que habitaba la casa y la ansiedad que seguía conmigo me aterró. Cerré la computadora portátil y subí rápidamente al cuarto.

Una vez más me acerque a la cuna para ver a mi hijo y vi que él estaba en la misma posición en que lo encontré antes de tocar su pecho. De nuevo parecía no respirar pero no quise despertarlo y esta vez no lo toqué. Allí, al lado de la cuna, quise ver la hora y vi que el teléfono marcaba las 3:20 A. M.: tres minutos más temprano que cuando desperté. Esto no tenía ningún sentido, por supuesto. Volteé rápidamente hacia la cama y la imagen me aterró: yo estaba allí junto a mi esposa —ella dormía en la misma posición—, acostado boca arriba, inerte como un muerto; y mi hijo, sentado en la cama, estaba observándonos. De nuevo desperté con el corazón a mil pulsaciones por segundo y con una fuerte presión en el pecho, justo cuando el sol ya estaba saliendo. Ahora sí, finalmente, había despertado de verdad.

Me quede inmóvil en la cama por un rato con los ojos abiertos, viendo el techo y pensando en muchas cosas. Justo entonces recordé la entrevista de 1977 en la que Joaquín Soler Serrano le pregunta a Julio Cortázar, en el programa A fondo de Radiotelevisión Española, si era cierto que el cuento «Casa tomada» era una «alegoría del peronismo y de la situación argentina», a lo que Cortázar responde lo siguiente: «Fue para mí una sorpresa enterarme de que existía esa versión. Fue quizá la primera vez que yo descubrí una cosa que es muy bella en el fondo, y es la posibilidad de la múltiple lectura de un texto».

«Casa tomada» fue una pesadilla que Cortázar, al nomás despertar, no dudó en escribir de una sola sentada. A mí me hubiese gustado hacer lo mismo con este texto, aun con la advertencia del editor de no utilizar esta columna para escribir ficciones y sabiendo que él siempre ve ficciones ahí donde no las hay; pero no: esto no es una ficción.

¿Quién es Mario Ramos?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Vionnette Velez dice:

    Me atrapó por un momento y entré a tu pesadilla. Consideró este escrito como un claro ejemplo del anterior. Muy bueno!

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