Williams Carlos Williams y Paterson

Lucía Aguilar_ Perfil Casi literalNunca había escuchado el término «poesía simple» hasta que vi la película Paterson, de Jim Jarmusch —que está ambientada en la ciudad de Paterson, Nueva Jersey, y está basada en la obra homónima del poeta estadounidense William Carlos Williams— y me condujo al mundo de lo común, cotidiano, simple y profundo. No me dedicaré a contar sobre qué va el filme ni a realizar una crítica extensa sobre el contenido o las técnicas cinematográficas de Jarmusch. Simplemente compartiré lo que Paterson me dejó y el mundo que me permitió conocer.

Esta película llegó a mí por una recomendación y por una crítica del New York Times. Cuando terminé de verla, inmediatamente tuve que verla de nuevo. Casi nunca hago eso, pero pensé que Paterson lo ameritaba al no tratarse de una película como las demás. No tiene una trama que lance un golpe final —un knock out— o un protagonista que se enfrente a un antagonista y juntos exploten algún edificio importante para la cultura gringa, sino que va más allá de las historias de Hollywood: habla sobre el arte, la creación, la cotidianidad, la vida, la escritura, la simpleza; cómo todas estas conjuntas se convierten en palabras, en poesía.

Existe un tipo de poesía llamada «simple» o «cotidiana», que está claramente representada en los versos de Williams Carlos Williams. Este autor nació en 1883 y fue médico de profesión. Diagnosticaba de día y escribía de noche (al igual que Paterson, el personaje de la película, quien conduce un bus de día y escribe de noche). Williams influenció a grandes movimientos de escritores, como la generación Beat representada por Allen Ginsberg y Jack Kerouac.

Aunque incursionó en todos los géneros literarios, lo que más se conoce de su obra es su poesía. Paterson también es el título de uno de sus poemarios. Se trata de un libro gordo, extenso y ambicioso, dividido en cinco volúmenes. A pesar de ello no es un libro complicado, con un lenguaje rebuscado o una estructura compleja, sino más bien un libro simple que centra sus imágenes en lo que vemos todos los días.

Williams, en comparación con otros grandes poetas de su época, basa su método de escritura en una máxima, una frase que bien podría representar toda su obra y que también incluye en el poema que da el título a la película: no ideas but in things.

¿Qué implica afirmar que la verdadera poesía no es decir ideas sino cosas? Williams afirma, en su autobiografía, que cuando alguien escribe un poema, en realidad lo hace; quiero decir, que torna las palabras como las encuentra, interrelacionadas a su alrededor, y hace de ellas una composición para que constituyan una revelación en el uso de su lengua. Esto me hace pensar que la poesía, para ser verdadera poesía, no necesariamente tiene que hablar de sexo, sangre, drogas y muerte. Tampoco tiene que representarse con un lenguaje accesible para pocos, citando autores que nadie conoce y utilizando palabras de un idioma antiguo.

Williams, en este sentido, reinventa la poesía. La hace fresca y simple, con un lenguaje accesible a todos. Se podría decir que su poesía es física más que literaria, y esto me recuerda un fragmento de María Zambrano en su libro Filosofía y poesía: «En la poesía encontramos al hombre concreto, individual. […] El poeta, enamorado de las cosas, se apega a ellas, a cada una de ellas y las sigue a través del laberinto del tiempo, del cambio, sin poder renunciar a nada».

El poeta no se aísla del mundo, sino que lo observa. No escribe desde fuera de sí sino que toma los versos de sus entrañas, desde aquello que lo desgarra por dentro. El arte de su técnica consiste en representar todo aquello que ve y siente de una manera simple y accesible a cualquiera.

Yo no conocía la obra de William Carlos Williams antes de Paterson, o por lo menos, no se trataba de un autor del que hubiese escuchado y seguramente a muchos les pasará lo mismo. El valor secreto de esta película no consiste en presentar una buena historia —aunque sí lo cumple—, sino en hacer un homenaje al autor, descubrir junto con el espectador la lentitud de la existencia, la simpleza de la cotidianidad y de los fragmentos que componen la vida misma.

Williams no escribe ambicionando nada. No escribe intentando alcanzar un vocabulario alto ni plasmar imágenes grotescas, rudas y sin censura. Tampoco escribe queriendo lanzar mensajes entramados o complicados, y aun así con todo esto, logra hacer poesía —y muy buena poesía—. Entonces ¿de qué depende la poesía? Quizá muchos no lo sepamos, pero con Williams Carlos Williams y Paterson podríamos encontrar una respuesta.

¿Quién es Lucía Aguilar?

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