La tolerancia no es suficiente

Corina Rueda Borrero_ Perfil Casi literalTan solo por el título de este artículo creo que varias personas me van a caer encima. Y es que mucho se habla hoy en día de ser más tolerantes, pero hablar de tolerancia me parece vacío y hasta poco productivo para lograr cambios en un mundo tan diverso como prejuicioso.

Y es que el mensaje que mandamos al pregonar la tolerancia es que debemos soportar la existencia de otro ser humano y no necesariamente que debemos tener una buena convivencia con él o ella, un convivio que nos permita vivir en un mundo donde quepan muchos mundos, tal como el Subcomandante Marcos pregona en el marco de la Revolución Zapatista.

La tolerancia implica que, para aceptar al otro, ese otro debe integrarse y debe ser a su vez consciente que existe una actitud que está sujeta a ser «tolerable» porque no entra dentro de los parámetros usuales establecidos por el status quo, por lo cual, para superar la tolerancia dentro de esta lógica, debemos integrarnos; e integrarse es otro problema.

La integración es una burla a las minorías y la diversidad. La integración es señalar que hay una mayoría que ha establecido qué es lo normalizado y por lo tanto cualquier diferencia —ya sea en temas culturales, raciales, ideológicos o de disidencias sexuales— debe ser tolerada porque no se integra a lo «normal». A su vez, la creación de estándares de normalidad es violento y coercitivo ante la inminente diversidad con la que estamos hechos los seres humanos, en especial cuando estos estándares son creados desde una visión hegemónica y eurocéntrica que tiene el poder de aplacar y minimizar las diferencias de forma sistemática, con la presión que se ha marcado a través de imágenes y símbolos que se perpetúan en los medios de comunicación y redes sociales.

Otra cosa particular con la tolerancia es que implica el respeto por otras opiniones por muy distintas que sean a las nuestras, y esto es un arma de doble filo. ¿En qué momento una opinión diferente implica una discusión dentro de lo sano y cuándo pasa a ser una ofensa? Y talvez yo puedo tener una discusión acerca de la mejor forma en la que pudiésemos transformar nuestro sistema educativo y contraponer argumentos con un contenido lógico y bajo posturas basadas en estudios, pero que alguien me diga, tan fresco como ligero, que «la gente es pobre porque quiere» o que «los negros son maleantes», de mi parte no merece ningún tipo de respeto. Los comentarios y las simples opiniones dejan de tener su validez cuando vienen cargadas con odio visceral y discriminación.

Entonces, ¿cuál es la clave? ¿Qué sería ir más allá y superar la tolerancia y la integración como la nueva panacea para el cambio social? Y es que, para el convivio y el respeto por la dignidad humana, para mí es clave saber que tenemos el derecho de ser nosotros mismos y ser diferentes, que podemos vivir y ser —simplemente «ser»—, porque cuando hablamos de convivio aceptamos las diversidades y las reconocemos como parte integral del otro, y esto nos permite reconocernos en un mundo donde pueden entrar muchos mundos sin que eso conlleve a la violencia. Porque sí es importante aclarar que, entre todas las diversidades, puede que existan contradicciones y legados culturales que flagelan la dignidad humana. Es ahí donde entra a relucir otro componente fundamental: el respeto, que condena prácticas aceptadas culturalmente y que a su vez son violentas ya que el convivio, para que sea realmente óptimo, requiere de una visión humana y comprensiva donde haya normas básicas para la interacción entre seres y que estas normas tengan como pilares el salvaguardo de cualquier vida y su integridad personal. Si bien debemos fortalecer la diversidad lo más que se pueda, esto no quiere decir que como sociedad debamos, por ejemplo, tolerar la ablación femenina solo porque se trate de una práctica tradicional socio-religiosa.

Concluyo este artículo diciendo que debemos empezar a ser menos tolerantes y más respetuosos, y que sea el convivio el verdadero instrumento para conocernos y reconocernos como gentes.

¿Quién es Corina Rueda Borrero?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. María Alejandra Guzmán dice:

    Mucha tela que cortar al respecto y estoy convencida que la promoción o no promoción de la tolerancia varía según el contexto, aunque por lo que puedo leer en tu columna, te refieres a la diversidad étnica, puedes corregir si malinterpreté tu idea. El punto es que, sí bien es cierto hablar de tolerancia para hacer frente al hecho que miles de etnias pueden cohabitar en un solo territorio es equivalente a pretender aliviar el cáncer con una píldora, creo que sí es necesario promover la tolerancia y la integración, lo cual no necesariamente te lleva a despojar de sus rasgos identitarios a una persona/comunidad/etnia en particular. Creo que todo dependerá de la manera en qué hagas tu propuesta si lo que deseas es fomentar el respeto hacia la diversidad. Saludos y un fuerte abrazo.

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