De la patria del criollo al neoliberalismo de Arzú

Jimena_ Perfil Casi literalGuatemala posee una de las oligarquías más antiguas y menos ilustradas del continente. Se caracteriza, entre otras cosas, por exponer de forma abierta su indiferencia ante la realidad socioeconómica de la población y por un agudo desprecio y racismo sustentado en las ideas coloniales de discriminación, sobrevalorando su origen o supuesto origen europeo, según sea el caso, y manteniendo un sistema económico anacrónico.

Sin embargo, es de reconocerles la capacidad de mutar, de transformar ciertos aspectos, de ajustarse de acuerdo a sus necesidades. Si bien el linaje colonial les es de suma importancia —pues los acerca a quienes consideran superiores racialmente (claro sin importarles cuáles fueron los motivos que trajeron a sus ancestros al nuevo continente)— se reinventan levemente de acuerdo a la situación y a las ambiciones de poder. Sucedió en la reforma liberal y previo a ella, durante la crisis que vivió el istmo centroamericano por muchos años: las batallas materiales entre conservadores y liberales no lo eran de igual dimensión en el plano ideológico porque tanto en las filas de unos como de los otros se encontraban miembros fundamentales de las oligarquías locales que, debido a su codicia, buscaban ocupar el poder sin que les importara mucho la bandera que levantaran.

En la actualidad se han conformado nuevos grupos de élite, pero este grupo selecto representa a la oligarquía más conservadora del país y se ve a sí mismo como heredero de aquellos conquistadores, cronistas y primeros encomenderos a la vez que se cuida de mezclar lo menos posible a sus descendientes con otros que no pertenezcan a su mismo grupo. Es el grupo que se ve —y se sabe— representado en la imagen de Álvaro Arzú Irigoyen, quien no solo ha buscado de forma absurda el reconocimiento social del gobierno español, sino que ha dicho, abiertamente, que se identifica con la figura de Pedro de Alvarado. Arzú, siendo profundamente conservador, logró posicionarse en el imaginario local de las enajenadas capas medias aspiracionales y medias bajas de la urbe como el ideal, el hombre blanco, fuerte de imagen pulcra que el pueblo debe seguir y admirar.

Juan Fermín de Aycinenca e Irigoyen, español originario de una familia pobre de Navarra, obtuvo una educación deficiente pero se le describe como alguien ambicioso y astuto que vino a América con poco dinero en la bolsa. Se dedicó a halar mulas al inicio pero siempre fue buen comerciante, y gracias a los beneficios que se les otorgaba a quienes llegaban del llamado «Viejo continente», por suerte obtuvo haciendas de ganado y logró amasar una fortuna. Tuvo tres matrimonios, compró el título de marqués y, a partir de ese momento, empezó a conformar lo que posteriormente fue denominado como «El clan Aycinena», que se consolidó al final de la época colonial como base fundamental del partido conservador y llegaría a tomar decisiones de alto mando durante el gobierno de Rafael Carrera. El clan Aycinena representó un poder hegemónico construido de forma estratégica durante la Colonia y el período conservador, y hasta hoy, se mantiene como una de las familias económicamente más poderosas del país y acaso de Centroamérica, pero su esplendor dominante lo recobró solo con la llegada de Álvaro Arzú a la alcaldía y a la presidencia.

La oligarquía se siente atacada, las élites económicas están mortificadas y un sector de las capas medias y bajas están confundidas. El recién pasado jueves, en conferencia de prensa, la fiscal general de la nación y el comisionado internacional contra la impunidad expusieron pruebas que señalan de forma directa al señor Arzú Irigoyen de crear plazas fantasma dentro de la Municipalidad de Guatemala, de malversar fondos, de usar fideicomisos de planificación urbana para costear su campaña en 2015 mediante la contratación por servicios a la cooperativa de Byron Lima. Sí, de ese Byron Lima que usted está pensando, el mismo que fue acusado por la muerte de monseñor Juan Gerardi y quien fuera guarura de Álvaro Arzú, en ese entonces presidente de Guatemala.

El actual alcalde ha demostrado su prepotencia al no presentarse ante el juez competente cuando se le ordenó. Se ha escabullido dentro de varios señalamientos y evade su responsabilidad en asuntos graves relacionados a los recolectores de basura, el relleno sanitario o los abusos de la Policía Municipal de Tránsito. A esto se añade su forma prepotente al tratar con los medios de comunicación, su rechazo a la diversidad y esa visión vertical con la que ha visto siempre a la población guatemalteca.

Quizá nos hayamos tardado o talvez haya quienes aún crean en los cuentos de hadas acerca de esta oligarquía que ha construido y sostenido sus fortunas con trabajo; quizá muchos vean en Álvaro Arzú un modelo a seguir, teniéndolo en mente en sus deseos de superación. Talvez no se le culpe por atentar contra la dignidad en su paso por las juventudes liberacionistas, ni por la política neoliberal impulsada por su gobierno, ni por la privatización de varios servicios públicos, pero si este país espera algún día vivir en una verdadera democracia y que todos y todas lleguemos a tener una vida plena, es necesario fortalecer, en todo aspecto, la igualdad ante la ley. Por tanto, el clan Aycinena queda como un elemento histórico a tomar en cuenta, y Álvaro Arzú Irigoyen debe someterse a la justicia.

¿Quién es Jimena Castañeda?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Juan Ramos dice:

    Excelente articulo.

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