La gran Godot

Rubí_ Perfil Casi literalMe gusta pensar que cuando Samuel Beckett escribió a finales de la década de 1940 Esperando a Godot, lo hizo para nosotros, los esperanzados incurables. Nada como el teatro del absurdo como antídoto contra la dulzura y positivismo prefabricados de los programas de radio y televisión matutinos que intentan vender la idea de que pensar positivo es la forma correcta de darle la cara a la vida. Desde mi rutina —que incluye sobrepagados ataúdes desvencijados de cuatro ruedas y niños que me ofrecen su hambre a cambio de monedas—, pensar positivo me parece un insulto. Por supuesto, hay rutinas de rutinas, cada una con piedras más pesadas que empujar hacia arriba. Comparada con otras, la mía es apenas una piedra ornamental de río.

A lo mejor por desayunar a diario más de una frase-placebo es que, sin darnos cuenta, nos enfilamos en el juego macabro de esperar a nuestro(a) Godot. Está claro que no hablo del mismo Godot que esperaban Vladimiro y Estragón, los personajes de Beckett. Sin embargo, ser ciudadano(a) guatemalteco(a) es tener la materia prima a la mano para construirse un(a) colosal Godot. Las instituciones bancarias, la telefonía o los cosméticos (por mencionar a los más insidiosos) son corporaciones que nos motivan a esperar, por ejemplo, a que un extra financiamiento resuelva nuestra estrechez económica, o bien, que permanezcamos conectados 24/7 y no perdamos una nota roja —Dios guarde—, o que la crema mágica deshaga la celulitis de nuestras nalgas. Se trata de esperar que un objeto resuelva lo interno desde lo externo.

Ni hablar de la burocracia estatal, donde también hay Godots que nunca llegan y resultaría fatigoso tratar de buscar un punto de partida que explique por qué hay que trasnochar o madrugar para lograr un número que garantice la atención en un hospital público financiado por nuestra tributación; o por qué, después de ocho meses, muchos ciudadanos siguen sin concluir el trámite del Documento Único de Identificación (DPI) porque en algunas dependencias del Registro Nacional de las Personas (RENAP) no hay plástico para imprimirlos.

Todos esperamos a Godot, ya sea en forma de dinero, belleza, titulación universitaria, amor, eterna juventud, salud o empleo. Estamos programados para disfrutar nuestra espera y pagar por ella. Qué conveniente para la carnicería empresarial que, pese a los salarios de hambre de gremios como el de los panaderos —que ganan 55 quetzales por 16 horas laborales diarias— o el de las costureras —que desplazadas por las pacas deben regalar su trabajo—, ofrecen soluciones que, si no se sobrepagan con dinero o salud, se pagan con tiempo de espera.

Quienes esperamos somos enfermos sin diagnóstico; ciudadanos guatemaltecos para quienes Guatemala es la gran Godot.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

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