Últimas tardes con Teresa

André González_ Perfil Casi literalEl año pasado se cumplieron cincuenta años desde la primera publicación de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Con motivo de esa conmemoración salió al mercado literario una edición especial que contiene los prólogos a la obra —del propio Marsé y de otros autores— y las cartas que recibió el autor por parte de la Sección de Orientación Bibliográfica, o en pocas palabras, de la censura.

La primera vez que leí esta novela me pregunté cómo se las ingenió Marsé para que fuera aceptada y publicada en aquella época, pero solo ahora sé el camino turbulento que debió recorrer para poder llegar a las librerías. La sociedad mojigata de aquellos años era uno de los grandes enemigos para las obras de este calibre. Lo que la censura vio en ella fue escenas escabrosas e inmorales que hacían referencia a las ideas izquierdistas —le pidieron que cambiara «pechos» por «senos», por ejemplo—. Afortunadamente, el desarrollo magistral del escritor no permitió que esto destruyera una de las ya clásicas novelas de la literatura en español.

Fue una obra polémica, pues no solo provocó irritación entre los franquistas sino también en los antifranquistas que la catalogaron de reaccionaria. Esos revolucionarios de salón se ofendieron por un retrato que les obsequió el autor en sus páginas: «con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, alguno como sensato, ninguno como inteligente, todos como lo que eran: señoritos de mierda». Se trata de una crítica constante a la sociedad de aquella época, período difícil y muy represivo en España, cuando la dictadura franquista no había dado aún sus últimos coletazos. Los hechos se desarrollan desde el verano de 1956 al inicio del otoño del año siguiente, y durante un corto episodio dos años después.

Su tema central podría verse como sencillo o cotidiano, pero todos los factores que juegan a su alrededor conforman una trama interesante que se centra en Teresa Serrat —joven universitaria perteneciente a la alta burguesía catalana— y Manolo Reyes —El Pijoaparte, migrante andaluz llegado a Barcelona en busca de una vida mejor—. Él vive la vida marginal del Monte Carmelo, donde radican los andaluces o charnegos que, empujados por la guerra y después por la pobreza, comienzan a poblar esa parte lejana y distante de la Barcelona más aventajada.

El charnego jugará un papel muy importante en la obra de Marsé. Es cualquier persona que no catalana al cien por ciento, por ejemplo, el hijo de un catalán y una francesa, o bien, un migrante de cualquier parte de España —un término despectivo comúnmente usado para referirse a alguien del sur de la península—, o sea, del tipo de personas que, como el Pijoaparte, desvalija vehículos y roba motocicletas, dinero fácil que también se va rápido. La otra parte de su vida se deshace en las fantasías que sueña despierto y en las que se convierte en una especie de héroe de esos que salvan a una dama en peligro. La condición de joven marginal lo tortura y busca escapar de ella de cualquier manera.

La vida del Pijoaparte cambiará al conocer a Teresa. La joven burguesa, cansada de su vida bonita, decide jugar a salir de paseo con la revolución. Ella, tanto como sus amistades acomodadas, leían mucho y soñaban aun más, pero sin llegar a adentrarse en la realidad. En su ignorante idealización llega a creer que el Pijoaparte es un obrero que está unido a la resistencia, y para él no es sencillo entrar de un día para otro en ese mundo de universitarios ricos. En ambos existe la necesidad imperante de un amor diferente que los pueda redimir de los pecados de clase.

El mal destino del Pijoaparte nunca lo dejará y será su perdición. Teresa se muda con sus padres a orillas del Mediterráneo y él la busca por toda la ciudad sin ningún resultado hasta que recibe un mensaje de ella donde le pide que la espere. Él no obedece y, por lo contrario, decide ir en su búsqueda a toda costa. Para lograrlo, roba una motocicleta, motivo por el cual es detenido por la policía. Dos años después, cuando sale de prisión, es consciente de que perdió todo pero desea saber qué fue de la hermosa rubia, sin embargo, Teresa continuó con su camino: terminaron sus sueños de revolucionaria y la absorbió la vida burguesa y acomodada de la que no pudo escapar.

Pareciera muchas veces que la vida solo dura un verano. El calor estival acerca los cuerpos y el frío los deja encerrados dentro de los abrigos y las bufandas.

¿Quién es André González?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¡Gracias! Gran descripción esta que acabo de leer.
    Saludos

  2. André González dice:

    Muchas gracias por tu comentario.

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