Pro-nacimientos versus pro-derechos

Noe Vásquez Reyna_ Perfil Casi literal.jpgEl 15 de junio, la Cámara de Diputados de Argentina aprobó el proyecto de ley para la interrupción voluntaria del embarazo, con 129 votos a favor y 125 en contra. La diferencia fue poca, pero de eso se trata la era democrática, de legislar en favor del bien común a pesar de tener opiniones en contra.

Gracias a Argentina ―y no por su futbol― se pone en América Latina y el Caribe uno de los temas que remueven avispas, escorpiones y serpientes proféticas porque también hay que decirlo abiertamente: el aborto es uno de esos temas atravesados por la religión cristiana (en este lado del hemisferio) fanática, dogmática o simplemente practicada con ir a misa o al servicio los domingos, días del señor.

La gente se pone intensa. A lo peor se han de imaginar escenas brutales de horror tipo Saw o Hannibal, tan acostumbrados estamos al cine gore*. Lo que la mayor parte de la gente pro-nacimientos ―que no «pro-vida», como dicen llamarse― imagina cuando se habla de aborto es el destace completo de un bebé, como cuando se destaza una vaca, un ternero, un conejo, una gallina o cualquier animal que se deje comer. Gracias a las diosas decidí ser vegetariana hace algún tiempo.

Estas personas pro-nacimientos defienden la vida del feto (sic) porque es un ser (sic) que no tiene «derecho de defenderse» (sic), como dijo alguien en alguna de las tantas conversaciones acaloradas de estas semanas en redes sociales. En otro comentario hablaban de la «donación de órganos del feto», dios nos guarde de esa perversión.

En las condiciones en las que se encuentra Centroamérica entera, política, económica y socialmente (que incumbe la cultura, la educación y los tan afamados valores y principios perdidos), hablar de aborto da pena. La gente no quiere debatir, ni argumentar, ni informarse. La gente quiere pelearse y bloquear, ahora que se puede, a quien no piense como ellos porque somos incapaces de hacer crítica y de simplemente escuchar (haga el ejercicio de no adelantarse a formular su respuesta antes de que su interlocutor termine de hablar, verá que le cuesta).

Seguramente las definiciones de debatir y discutir han sido satanizadas, siguiendo la línea cristiana que marca nuestra forma de hablar ―aunque no lo crea, el estar en contra no es bien visto, esa idea la heredamos del conflicto armado interno. Si usted pensaba lo contrario, lo desaparecían―. Innegablemente se cae en irresponsabilidad al hablar con tanto desparpajo e ignorancia sobre algo que tiene tantas aristas como personas somos en el mundo. Es irresponsable decir que el aborto es la salida fácil, así como decir que a una mujer embarazada se le debe obligar a dar a luz aunque sea el resultado de una violación, «porque el feto no tiene la culpa». No solo es irresponsable, sino cruel. ¿Será alienación con la violencia y lo gore?

Ya cuando el tema se pasa a lo del «aborto masculino», la paternidad y el abandono, pienso que perdemos el tiempo. Porque no es necesario llegar hasta ahí para saber que estamos obviando lo más elemental: hablar de sexo, claro y con toda la información posible. El placer y la violencia habitan los lugares comunes y también se ejercen en la cama.

Entre todos los comentarios respecto del tema, una médica dio estos datos: «En Guatemala la diferencia entre número de vasectomías y número de ligaduras de trompas suele ser de 1 vasectomía por cada 1,000 ligaduras. Las usuarias de pastillas, dispositivos intrauterinos (DIU), implantes, parches, inyecciones, etcétera, suman casi un tercio de la población femenina; en contraste, los usuarios más frecuentes de condones (usarlos siempre y en todas las veces que tienen relaciones sexuales) son los hombres que tienen sexo con otros hombres. Son menos del 1% del total de usuarios, aquellos que eligen condones como método anticonceptivo. Entonces: no son ellas las que “no se están cuidando”, son ellos».

Sin temor a equivocarme, los pro-derechos repetimos este mantra: «educación sexual para decidir, anticoncepción para no abortar, aborto seguro para no morir», porque sabemos que esto no se trata de «libertinaje», sino de una realidad que ya está ocurriendo. Dejemos por un momento el sitio de confort de nuestra ignorancia: la práctica de abortos «es tan vieja como la humanidad».

Y ya que hablamos de lo gore, les recomiendo la primera temporada de American Horror Story: Murder House. No quiero ser spolier, pero les digo que trata el aborto, los tabúes, los traumas, las exigencias de tener una familia y todo el horror humano que gira alrededor de eso.

*

*El cine splatter o gore es un tipo de película de terror/horror que se centra en lo visceral y la violencia gráfica. Estas películas, mediante el uso de efectos especiales y exceso de sangre artificial, intentan demostrar la vulnerabilidad del cuerpo humano y teatralizar su mutilación.

¿Quién es Noe Vásquez Reyna?

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