Carta abierta a la Asamblea Nacional (y demás políticos panameños)

Corina Rueda Borrero_ Perfil Casi literalEn Panamá, pareciera que solo el «clamor popular» es útil para los diputados de la República cuando va de acuerdo con sus intereses. Por ejemplo, se apegaron a eso para echar atrás el proyecto de ley sobre la educación en sexualidad y para seguir una agenda anti-derechos contra poblaciones vulnerables, sin considerar que desde la Asamblea se debe legislar para todos y para todas, en la amplia gama de diversidad que hay en el país, y sin interferencias de sus creencias religiosas. Han legislado contra nuestra salud y medio ambiente, han legislado contra la educación de este país con la complicidad del Organismo Ejecutivo. Cada día que pasa las tarifas de agua y luz son más altas, las personas jóvenes se alejan cada vez más de obtener una jubilación digna, las escuelas y hospitales no cuentan con insumos y se caen a pedazos, el concepto de vivienda digna es un sueño en opio y la calidad de vida disminuye entre el aumento de la canasta básica y la tragedia del tráfico. Señores diputados, ¿cómo es posible que ustedes, que se hacen llamar la clase política del país, los padres de la patria, nuestros representantes, hayan estado vendiéndonos por tanto tiempo y creer que no nos iba a seguir importando?

Ahora el «clamor popular» habla fuerte y claro sobre no querer seguir manteniéndolos en sus puestos con los que, por cierto, cobran 7 mil dólares; y luego salen con comentarios de lo «difícil» que es vivir siendo diputado con ese salario (no quiero imaginarlos con el salario mínimo con el que la mayoría de los panameños tienen que vivir). La ciudadanía ha dicho que no los quiere, que los quiere afuera y no quiere seguir manteniendo en puestos de poder a quienes, por generaciones, han tratado a Panamá como su finca privada; pero también ante esta oleada de «altruismo ciudadano» cabe comentar que en estos tiempos próximos a elecciones, con tanta efervescencia y oportunismo, es importante tener algunas consideraciones en mente.

Primero, que toda protesta debe tener una propuesta. De nada sirve pedir #NoALaReelección si la gama de candidatos que se proponen no promueven un cambio de raíz del sistema corrupto y antidemocrático que tenemos como país. ¿De qué me sirve sacar a Chello, a Patacón o a Afú si el que se propone ―con sonrisa reluciente, blanquito afeitado en saco― tiene la misma mentalidad política? Es inútil una cara nueva si esa persona va a estar protegiendo los mismos intereses económicos que tienen al país hundido, en beneficio de unos pocos y con la directriz de seguir despojando de sus recursos a los sectores más desfavorecidos.

Segundo, en estos tiempos es fácil disfrazarse de independiente y la razón de esto es sencilla: los partidos políticos se han ganado a pulso el desprestigio y desdén de la población. Sin embargo, el que me ponga la etiqueta de independiente no me hace serlo, ¿qué es ser independiente, después de todo? ¿El no pertenecer a un partido político nos hace más puros? No, para nada. Es más: si me lo preguntan, las organizaciones y estructuras de partidos políticos son necesarias porque al final se necesita de estructura y de acompañamiento para dirigir un país. Esto no es juego de Monopolio, sino la vida real, y las decisiones que se tomen afectan vidas. A mi consideración, lo que te hace realmente independiente es estar al servicio del pueblo y sus necesidades, sin olvidar que todos y todas somos sujetos a derechos, por lo tanto, una gran mayoría nunca debería aplastar los derechos de las minorías.

Tercero, nada nos dice que quienes sean electos puedan ceder al sistema. Y esto va relacionado a los purismos con los que investimos a ciertas personas como salvadores o mesías, cuando tales cosas quedaron en pasajes bíblicos. Muchos dan cara de ser diferentes con tal de mantener sus curules o aspirar a puestos políticos, pero siguen el juego del status quo con el discurso religioso y anti-derechos humanos. Al final están jugando con las mismas normas y no existen propuestas democráticas, porque para estos personajes lo importante no es velar por el bienestar de todos y todas, sino ganar y ser «políticamente correctos», y lastimosamente, en tiempos como estos, no se puede jugar a ser reina de Carnaval y tirar besito; hay que decir las cosas a raja tabla y poner el pecho, el alma y el corazón donde se necesita: con quienes han sido despojados de voz por tanto tiempo.

Cuarto, es importante tener memoria, y no solo para sacar numerito de cuántas veces faltaron al pleno de la Asamblea Nacional los que estuvieron de diputados en los últimos cinco años. Recordemos gobiernos nefastos como los del «Toro», donde gracias a sus políticas de privatización ahora estamos viviendo esta doble crisis institucional donde los más afectados son los panameños de a pie; o de Rómulo Roux, quien dice ser el «nuevo cambio» pero no hemos escuchado declaraciones de él contra Martinelli. Es más: si hablamos de memoria, esta debe trascender de forma generacional. Yo pregunto: ¿Ustedes creen que los hijos, nietos, sobrinos y compadres que desfalcaron al país y que ordenaron asesinatos, invasiones y represiones van a olvidar a sus familiares y dejar de protegerlos? Ya sé qué dirán ahora: que no se puede juzgar a una persona por los pecados de otros, pero yo me quedo con un sinsabor en la boca al pensar que ellos se olvidarán tan fácil de las noches de Club y aroma a dinero que los educó y regocijó por tanto tiempo.

Por último, la organización es necesaria. Sé que sueno a disco rayado con esto, no es la primera vez que lo digo en esta columna, pero mi insistencia tiene un motivo porque reconocerse como resultado de procesos históricos, políticos y culturales también forma parte de la creación colectiva del futuro. Por eso es necesario que se tomen consideraciones de las nuevas formas de hacer política más allá de los partidos políticos y que se le de valor a las organizaciones de base comunitaria. Las grandes democracias no ven como enemigos a la sociedad civil organizada y participativa ni buscan formas de limitar su participación, sino que se fortalecen de ella, la cual supera la organización desde los partidos, porque seamos honestos: no a todos les gusta estar en los mismos tipos de organizaciones ni tienen los mismos intereses, pero lo que es cierto es que algo nos llama a vivir en comunidad y esos son los núcleos sociales que se deben fortalecer.

¿Quién es Corina Rueda Borrero?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Mark dice:

    1. Si hay candidatos independientes de verdad. Es cuestión de conocer, investigar y sumar.
    2. Si hay opción que sustituya para proponer en lugar de no reelección.
    3. Prefiero uno nuevo y joven que el mismo corrupto de 35 años.
    4. En la política nunca hay garantía que nadie cumpla nada. Por eso la credibilidad es el mayor valor, no se compra, no se gana, solo se pierde.
    5. Ningún político le va a dar valor a la sociedad civil, sin que se luche. Cualquier victoria social viene de abajo hacia arriba, casi nunca al revés.

    ¡Saludos Cori!

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